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Las vacunas similares a las que conocemos ahora, fueron introducidas en la década de 1880 por Luis Pasteur, quien desarrolló vacunas contra la cólera aviar y el ántrax. Estas vacunas se basaban en la inoculación de una especie susceptible con una cepa atenuada del patógeno contra el que se quiere inmunizar. Actualmente existen también otras estrategias para la producción de antígenos que generen inmunidad contra algún patógeno de interés, como pueden ser bacterinas, virinas, proteínas recombinantes, ADN o ARN, con el fin de generar anticuerpos que puedan atenuar o incluso evitar completamente la enfermedad objetivo.  

Dependiendo de la enfermedad, la especie de destino y en ocasiones del tipo de vacuna, el período que dura la inmunidad activa contra el patógeno de interés es limitado, o bien el nivel de protección no es suficiente para evitar la enfermedad y los contagios. Por esta razón, en muchos casos es necesario aplicar uno o más booster, es decir, una o más inmunizaciones posteriores a la vacunación, con el objetivo de mantener los niveles de protección adecuados por un tiempo prolongado.

Los salmónidos son un caso particular, a diferencia de los mamíferos su sistema inmune es mucho más primitivo, por lo que la respuesta protectora de las vacunas que presentan es de menor magnitud en todos los casos, lo que significa que los niveles de anticuerpos luego de una inmunización son bajos en comparación y, por lo tanto, de corta duración. Dado esto, en la mayoría de los casos, de manera de lograr mantener una protección efectiva contra enfermedades en salmones en todo el proceso productivo, es necesario mantener un régimen de vacunación que considere revacunaciones o booster para la prevención de las diferentes enfermedades que pueden afectar a los salmónidos, y así disminuir las pérdidas económicas derivadas de la mortalidad, pérdida de peso o el uso de antibióticos en las pisciculturas.

Un ejemplo de esto se observa en un trabajo de Midtlyng, et. al. (1996), en donde se prueban diversas estrategias de vacunación en salmón del Atlántico (Salmo salar), para determinar cuáles de estas conferían una mayor protección contra la furunculosis, enfermedad causada por la bacteria Aeromona salmonicida salmonicida. En este trabajo se prueban 11 regímenes de vacunación distintos, en donde se utilizan 4 vacunas distintas, en diferentes combinaciones de una o dos inmunizaciones, con 8 semanas de diferencia entre la primera y la segunda en las estrategias que consideraron un booster. Las vacunas utilizadas fueron una oral, una de inmersión, una monovalente inyectable, una trivalente inyectable, aunque para esta última no se considera la respuesta a los otros dos antígenos.

De todas las estrategias de vacunación evaluadas en este trabajo contra dicho patógeno, se observa que las que mejor funcionan luego de 20 semanas de la primera inmunización son dos inmunizaciones intraperitoneales con vacuna monovalente, una dosis de inmersión y luego una intraperitoneal monovalente, una  dosis inyectable monovalente y luego un régimen de vacuna oral y finalmente una única dosis de la vacuna trivalente utilizada en el momento de la segunda inmunización considerado en el estudio. (V3, V6, V10 y V11 respectivamente en la Figura 1). Dado esto es claro ver que, en la mayoría de los casos, es beneficioso e incluso necesario, administrar más de una dosis de vacuna a los salmones de manera de conferirles una protección adecuada contra las enfermedades que puedan contraer en su ciclo productivo.

En Veterquimica se tienen también ejemplos de este efecto beneficioso en la protección contra enfermedades en los salmones. Está el caso de FLAVOMUNE®, vacuna de inmersión contra la flavobacteriosis, donde se observa que al inmunizar dos o tres veces a peces de 2 gramos hay un aumento significativo en el título serológico obtenido, siendo este hasta 10 veces más alto en el caso de 3 aplicaciones de la vacuna cuando se compara con sólo una inmunización. (Figura 2).

Se tiene también el caso de Piscirickettsia salmonis, bacteria causante del síndrome rickettsial del salmón (SRS), uno de los agentes patógenos más problemáticos en el cultivo de salmones en el país. En Veterquimica se demostró que un régimen de tres aplicaciones de RICKEMUNE-VAX® Inmersión en etapas tempranas del crecimiento de los alevines, seguido de la vacunación generalmente programada alrededor de un mes previo al traslado a mar, confiere una mejor protección contra la enfermedad en esta fase, y así el sistema inmune de los peces se encuentra mucho mejor preparado para hacer frente a los típicos brotes de P. salmonis  que se presentan poco tiempo después de que los peces dejan la fase de agua dulce. (Figura 3)

Con estos antecedentes es claro ver que el realizar más de una inmunización trae importantes beneficios a mediano y largo plazo, sobre todo en el caso de los salmones, en donde la naturaleza de su sistema inmune dificulta una protección eficaz contra las enfermedades. Pero con un esquema de vacunación adecuado para cada una de las enfermedades, considerando la aplicación de boosters para los diferentes patógenos, sin que necesariamente sean la misma vía de aplicación, permiten prevenir de mejor manera los perjuicios económicos derivados de enfermedades en la producción de salmónidos.

Figura 1 Título relativo de anticuerpos contra Aeromona salmonicida salmonicida en salmón del Atlántico para diferentes esquemas de vacunación.
Figura 1 Título relativo de anticuerpos contra Aeromona salmonicida salmonicida en salmón del Atlántico para diferentes esquemas de vacunación.
Figura 2 Título de anticuerpos contra Flavobacterium psichrophilum en peces de 2 gramos inmunizados con FLAVOMUNE® 0, 1, 2 y 3 veces.
Figura 2 Título de anticuerpos contra Flavobacterium psichrophilum en peces de 2 gramos inmunizados con FLAVOMUNE® 0, 1, 2 y 3 veces.

Para mayor información contactar a Luis Montoya lmontoya@veterquimica.cl