Análisis económico en la gestión de salud de los peces

Valdés-Donoso P. 1,2* y L. S. Jarvis1
1Departamento de Agricultura y Recursos Económicos. Universidad de California Davis. Davis, CA USA.
2Escuela de Medicina Veterinaria. Universidad de California Davis. Davis, CA USA.
*e-mail de autor correspondiente: pvaldesdonoso@ucdavis.edu

 

Introducción

La economía y epidemiología pueden ser utilizadas de manera complementaria para mejorar el manejo de la salud animal (Rich y col., 2005a; Rich y col., 2005b; Jarvis y Valdes-Donoso, 2015), incluyendo ambientes acuáticos. La acuicultura ha provisto de medios de subsistencia e ingresos directos e indirectos, contribuyendo al desarrollo económico y bienestar de comunidades (FAO, 2012). Para el año 2050, se espera un incremento de la población humana en un 30% aproximadamente, implicando un incremento en la demanda de alimentos, en particular proteína animal (Tilman
y col., 2002). En específico, la carne de pescado es considerada como una fuente de proteína saludable e importante, por lo que se espera un aumento en su demanda, promoviendo la expansión del sector de acuicultura en el mundo (FAO, 2013). Es así como desde 1950 la producción de acuicultura ha crecido a una tasa anual de al menos 7% (Bondad- Reantaso y col., 2005), estimulado por el límite máximo que ha alcanzado la producción de pesca a partir de la década del noventa (Figura 1) (Bostock y col., 2010; Perlman y Juárez-Rubio, 2010).

Figura 1. Cantidad producida (ton x 1.000) por capturas de pesca y acuicultura (1950-2013).

Figura 1. Cantidad producida (ton x 1.000) por capturas de pesca y acuicultura (1950-2013).

fig 2-01

Los principales actores en producción de acuicultura se encuentran en Asia, contando con el 89% y 71% de la producción y valor en productos generados, respectivamente, del total mundial. Empero, la producción de salmón –un commodity con alto valor- ha sido dominada por Noruega (~33%) y Chile (~31%) (Bjørndal, 2002; Bondad-Reantaso y col., 2005; FAO, 2012, 2013, 2015a). A pesar que la producción de salmón se ha transformado en la principal actividad acuícola en Chile (Figura 2), numerosos problemas pueden limitar su desarrollo a largo plazo. Por ejemplo, el costo de mano de obra, capacidades de transferencia tecnológica, sobreuso de recursos naturales e importantes problemas sanitarios, además de pobres regulaciones gubernamentales y gestión deficiente por parte de la industria.

Situación sanitaria de la industria chilena del salmón

Las enfermedades constituyen una limitante importante en sistemas de producción animal. De acuerdo con la Organización Mundial de Salud Animal (OIE), las enfermedades animales podrían reducir el potencial productivo mundial en un 20%, a la vez que muchas podrían constituir una amenaza a la salud humana y bienestar animal (OIE, 2014). En este artículo, nosotros nos enfocamos en enfermedades que han afectado a la industria del salmón en Chile. Un clásico ejemplo es la epidemia generada por el virus de la Anemia de Infecciosa del Salmón (ISAv) en 2007 (Mardones y col., 2009; Mardones y col., 2013; Mardones y col., 2014). Entre 2009 y 2011, se estimó una disminución de la producción de salmón en 700.000 ton, o aproximadamente sobre US$ 2.000 millones del valor producido (Asche y col., 2009). Sin embargo, las pérdidas relacionadas con la enfermedad podrían seguir creciendo posterior a 2011. A pesar que entregar una precisa estimación de la pérdida acumulada debido a ISAv está fuera del objetivo de este trabajo, es sencillo demostrar que dichas pérdidas probablemente han aumentando. La Figura 3 ilustra el crecimiento del valor producido dada la producción de salmón chileno con el tiempo.

fig 3-01

El crecimiento se acelera hasta el 2006, se desacelera en 2007 – el primer año de la epidemia, y luego declina absolutamente durante tres años antes de recuperarse el 2011. Sin embargo, el valor generado se sumergió nuevamente el 2012, antes de restablecerse el 2013. Se podría estimar el valor de la producción que se habría producido en ausencia de enfermedades, donde este sector no es afectado, mediante la extrapolación de la tasa de crecimiento promedio para el período 2002 a 2006, o 2002-2007.

Cada una proporcionaría una línea ascendente muy por encima del valor actual observado. De hecho, incluso una proyección lineal del incremento en la generación de valor en 2007, estaría notablemente por encima del valor real (figura 3). La pérdida implícita de valor es entonces la diferencia entre la generación de valor proyectada y el real observado. Un simple cálculo mostraría que la pérdida (el área entre línea negra y azul en figura 3) excedería los US$ 3000 millones al 2013. Por otra parte, la figura 3 sugiere que la pérdida es, probablemente, creciente, debido a que la enfermedad impacta la calidad de los recursos naturales dentro de los cuales el salmón es producido, o quizás debido a que ISA redujo la calidad de producto generado, modificó la estructura de la industria chilena o, simplemente, la imagen del producto en los consumidores se vio dañada, haciendo que Chile sufra precios más bajos o pierda cuotas de mercado, al menos temporalmente.

También se debe considerar que, debido a nuevos requerimientos, hubo un incremento en los costos de producción, fluctuaciones en la oferta y una consecuente distorsión en los precios del producto (Asche y Bjorndal, 2011; MH, 2015). Por lo tanto, el impacto económico podría ir mas allá de la sola disminución de producción observada. El objetivo de este escueto ejercicio es, simplemente, ilustrar de forma muy sencilla que los impactos de una enfermedad trascienden al corto plazo, además de enfatizar que cuando los brotes de enfermedades no son oportunamente controlados, pueden conducir a grandes pérdidas económicas para el sector implicado y la economía nacional.

A pesar que los brotes de ISA han disminuido, la industria del salmón en Chile todavía sufre de importantes problemas sanitarios. Por ejemplo, Sernapesca informó que la mortalidad promedio mensual de granjas marinas fluctuó entre 0,88 y 1,4% (Sernapesca, 2015). En tanto, más del 70% de la mortalidad reportada en las granjas de salmón Atlántico y trucha arcoíris es provocada por la Septicemia Rickettsial del Salmón o SRS (Sernapesca, 2015). Esta enfermedad, causada por la bacteria Piscirickettsia salmonis, también es la principal responsable del gran uso de antibióticos en la industria salmonicultora chilena (Niklitschek y col., 2013), lo cual ha causado que cadenas internacionales reduzcan la cantidad de salmón importada desde Chile (ej. Costco USA ).

La prevalencia o cargas de piojos de mar (o Caligidosis), una enfermedad causada por un parásito copépodo (Caligus rogercresseyi), se ha mantenido en el tiempo, aunque con una fuerte fluctuación estacional. Esta enfermedad, como otras, reduce las tasas de crecimiento de los peces, extendiendo el ciclo de producción, con un consecuente aumento de los costos de producción. A su vez, esta enfermedad reduce la calidad del producto final (dañando la piel y el músculo), y también facilita la aparición de otras enfermedades, generando impactos directos e indirectos (Abolofia, 2014).

Economía y manejo sanitario en la producción de salmón

Tal como economistas, asumimos que las empresas pretenden maximizar sus ganancias (?), sujetas a una restricción presupuestaria (B), por medio de la selección optima de una estrategia productiva. De forma sucinta, la maximización del beneficio está dada por:

max? = py – cy s.t. B (1)

Donde p es el precio del producto generado, y es la cantidad total de producto generado dada la estrategia de producción seleccionada (y=f(X)), y c es el costo de la producción dada la selección de y. A su vez los precios de mercado, los costos de producción y la productividad pueden variar ya sea de manera esperada e inesperada.

Por ejemplo, las empresas que producen salmón enfrentan desafíos constantes debido a la compleja situación sanitaria, la cual es un resultado inherente de la estructura de la industria, y las características ambientales dentro de los cuales esta industria se ha desarrollado. Una o varias acciones para prevenir, controlar o erradicar una enfermedad se traducirán en un aumento de los costos de producción (c) para la empresa. Sin embargo, falta de control de una enfermedad finalmente reducirá la cantidad de productos generados (y) y/o afectará la calidad de dichos productos, reduciendo así su precio de mercado (p). Una solución racional a este problema es la selección de una estrategia sanitario-productiva que maximice los beneficios netos, como la incorporación de vacunas o aplicación de antibióticos o antiparasitarios para prevenir, controlar o erradicar una enfermedad. No obstante, puede ocurrir que la empresa no seleccione la mejor estrategia para el largo plazo para sí misma o, especialmente, para la industria en su conjunto.

Por ejemplo, una empresa puede decidir que la mejor estrategia para controlar el piojo de mar es utilizar tratamientos antiparasitarios. Sin embargo, como estos tratamientos son costosos, puede ser que la empresa probablemente decida aplicar sólo un número determinado (n_T^*) de tratamientos en cada ciclo productivo, para maximizar las ganancias a corto plazo, de modo de reducir el daño que el piojo de mar genera. Sin embargo, puede ser que esta decisión (aplicar n_T^* tratamientos) no contribuya a reducir considerablemente las cargas parasitarias en el área, de modo que sea beneficioso desde una perspectiva de industria.

El hecho de no reducir aún más las cargas de Caligus tiene dos posibles efectos: en primer lugar, la prevalencia de Caligus aumentará probablemente en vez de disminuir, por lo que se requerirá un mayor número de tratamientos por ciclo de cultivo durante los próximos años, esto sin considerar posibles efectos en la eficiencia de repetidos tratamientos en el tiempo.

Consecuentemente, podría haber sido más rentable para la empresa tomar una visión a largo plazo y gastar más en el corto plazo para reducir aún más las cargas. No obstante, la empresa podría no contar con suficientes recursos financieros para incrementar sus tratamientos o, simplemente, podría imaginar que es probable que sus centros sean re infestados debido a la carga parasitaria presente en otras empresas. En segundo lugar, si la empresa no reduce aún más sus cargas de Caligus, éstas podría aumentar significativamente el riesgo de infestación a otras empresas. Entonces, en teoría, a empresas con bajos niveles de Caligus les gustaría presionar a una determinada empresa cuyos niveles son superiores a reducir aún más sus cargas, pero puede ser el caso que no tengan un instrumento para hacerlo.

Se puede demostrar sencillamente que a menudo puede ser más rentable para una empresa aplicar un menor número de tratamientos para controlar la enfermedad (n_(T*) en figura 4), que el número deseable desde un punto de vista de industria (n_T1 en figura 4). Si el costo del tratamiento es significativo, la empresa puede decidir que sólo la aplicación de unos pocos tratamientos se justifican económicamente, dado el costo marginal respecto de los beneficios marginales originados por cada tratamiento. No obstante, dado n_(T*) la presencia de los parásitos podría permanecer suficientemente alta como para facilitar su propagación a otras empresas en el área.

fig 4-01

Éste es un problema particularmente importante cuando una enfermedad puede propagarse fácilmente a través del medio ambiente (ej. a través del agua) y las empresas se agrupan espacialmente, facilitando su diseminación. Consiguientemente, si las empresas persiguen maximizar su rentabilidad a corto plazo de forma individual a través de una selección aislada en el número de tratamientos (n_(T*)), fallaría en controlar realmente la enfermedad, causando pérdidas cada vez mayores a través de la degradación del medio ambiente y, en efecto, los costos de producción (C) aumentarían en el largo plazo.

Este ejercicio teórico ilustra que decisiones tendientes a maximizar la rentabilidad individual de empresas pueden no maximizar el bienestar de la industria (o bienestar social). Además, se debe considerar que las decisiones sanitario-productivas tomadas por las empresas pueden afectar su rentabilidad tanto en corto como largo plazo. Más todavía en industrias en que acciones ejecutadas por una empresa influyen sobre otras empresas (externalidades ) y a largo plazo, eventualmente, sobre ellas mismas.

Siguiendo el ejemplo del control del Caligus, el óptimo económico a corto plazo (n_(T*)) puede ser insuficiente para evitar la diseminación de Caligus a otros centros de cultivo (externalidad negativa), perpetuando la enfermedad en la región a largo plazo. Puede ser que un pequeño aumento en el número de tratamientos a n_T1 (ej. de modo a que se ajuste al esquema de tratamientos coordinados dictados por Sernapesca) no maximice la rentabilidad de las empresas a corto plazo, sin embargo, sea una estrategia eficiente a largo plazo, precisamente porque se lograría un control regional de la enfermedad. De hecho, se ha demostrado que estrategias coordinadas pueden reducir la prevalencia de enfermedades, particularmente ISA y Caligus (Valdes-Donoso y col., 2013).

Siguiendo la lógica discutida anteriormente, durante la epidemia de ISA en Chile, Sernapesca implementó una serie de regulaciones tendientes a controlar la enfermedad. Algunas de estas regulaciones persiguieron remover los stocks positivos a través del sacrificio o cosecha temprana, incrementar las medidas de bioseguridad, controlar movimientos y manejar mortalidades. Aunque varios de los reglamentos fueron teóricamente bien diseñados, pareciera ser que varios factores contribuyeran al fracaso del control oportuno de ISA, permitiendo su diseminación a través de todas las regiones donde existen centros de mar en Chile. Por ejemplo, el bajo conocimiento en implementación de medidas de bioseguridad por parte de la industria, pobres regulaciones previo al brote, complejos escenarios sanitaros dados principalmente por SRS y Caligus, e insuficiente rapidez en remover stocks positivos, ayudó a la dispersión de ISAv en Chile (Alvial y col., 2012). Las regulaciones implementadas por Sernapesca supondrían que las empresas adoptarían oportunamente estas nuevas acciones, a pesar de que ello significaría un aumento inmediato en sus costos de producción (ej. incremento en muestreos, logística en cosechas in situ, etc.) y que las pérdidas directas e indirectas provocadas por el sacrificio o la cosecha temprana serían absorbidas exclusivamente por dichas empresas afectadas. En cambio, las empresas trataron de limitar sus pérdidas a corto plazo, mediante el retraso de la presentación de reportes de laboratorio (muestras positivas) a Sernapesca y así conservar sus stocks en el agua el mayor tiempo posible con la expectativa de cosechar y no eliminar. De hecho, decisiones que se ajustan a una lógica productiva, como manejo y disposición de grandes volúmenes de peces muertos, traslado de peces infectados de un sitio a otro, uso de mismos medios de transporte y maquinaria entre centros positivos y negativos, etc., probablemente contribuyeron al fracaso de la contención de ISA en Chile durante 2007 y 2011. Acá, las acciones impulsadas por una lógica económica a corto plazo resultaron en daños a largo plazo para las empresas y para toda la industria (Figura 3).

Tal vez un conocimiento epidemiológico oportuno de factores de riesgo y el pronóstico adecuado de progresión de la enfermedad (Mardones y col., 2013; Mardones y col., 2014), además de eventuales subsidios privados o públicos para incentivar un comportamiento efectivo y oportuno por parte de las primeras empresas afectadas habría resultado en un beneficio social significativo en el largo plazo.

Estos dos sencillos ejemplos son representativos de muchos otros que podrían citarse en las industrias de alimentos de origen animal en todo el mundo, donde se observa que incentivos individuales de las empresas podrán diferir del bien social o común y, por lo tanto, afectar negativamente a la sustentabilidad de dichas industrias. Este concepto, conocido como la “tragedia de los comunes” ha sido ampliamente estudiado en la economía, sobre todo en la forma en como la rentabilidad de los actores individuales podría mejorar si se comportasen menos individualistas, es decir, trabajaran de una forma más colectiva (Schelling, 1929; Keohane y Olmstead, 2007).

Discusión

La gestión sanitario-productiva se ha convertido en un factor determinante en la rentabilidad y la sustentabilidad de grandes industrias de producción en el mundo, como es el caso de la industria del salmón en Chile. El uso de la economía y la epidemiología veterinaria como ciencias integradas que provean herramientas para establecer estrategias sanitario-productivas es esencial. Los beneficios y costos generados por acciones conducentes a prevenir, controlar y erradicar enfermedades animales; deben ser ponderados en un horizonte de corto y largo plazo, además deben ser abordados desde una perspectiva de empresa, industria y sociedad en su conjunto. Economistas, epidemiólogos veterinarios, profesionales de la producción de salmón y funcionarios de organismos oficiales deben trabajar estrechamente, pues cada uno posee perspectivas diferentes, fortalezas en diferentes ámbitos, etc., todas ellas necesarias para lograr un diseño de manejo sanitario eficaz y factible.

En ausencia de incentivos inmediatos para ejecutar acciones que tienen como objetivo reducir el riesgo de enfermedades, la regulación es importante. Por ejemplo, las empresas suelen mejorar la bioseguridad para proteger a sus stocks de animales de amenazas externas. La mejora de la bioseguridad puede implicar cambios en la gestión de producción, inversión en infraestructura, adopción de tecnologías, etc., además de una mayor atención a la interacción con otros actores del sistema productivo.

Curiosamente, mientras que empresas tienen incentivos para protegerse de amenazas externas, éstos son mucho menores en cuanto a proteger a otros de las amenazas que ellas mismas pueden generan después que se infectan o infestan. Éste ha sido un tema importante y redundante en la industria del salmón, ya que las empresas afectadas por agentes patógenos tienen un fuerte incentivo en maximizar sus propios beneficios, sin necesariamente preocuparse por los demás componentes del sistema. Aún cuando puede ser preferible, desde un punto de vista social o colectivo, que empresas afectadas alteren de forma sustancial, o incluso cesen, sus operaciones.

De los ejemplos propuestos en este artículo, dejamos claro que dada la probabilidad de propagación de enfermedades, las empresas productoras de salmón pueden generar importantes externalidades negativas sobre otras empresas y/o otras especies acuáticas, y finalmente afectar el bienestar de comunidades. Debido a que los mecanismos de mercado no reflejan el efecto de dichas externalidades sobre los precios de mercado, las empresas no tienen ningún incentivo monetario para prestar atención a ellas.

Nuevamente, esa situación sólo cambia si existen regulaciones que permitan el desarrollo de incentivos que animen a las empresas a tener en cuenta que sus acciones potencialmente pueden afectar a los demás. No obstante, queremos enfatizar también que se requiere de la acción del gobierno en cooperación estrecha con la industria y otros elementos de la sociedad para lograr el diseño de regulaciones armónicas al ambiente productivo.

Por último, en el artículo “A Selective Review of the Economic Analysis of Animal Health Management” (Jarvis y Valdes-Donoso, 2015), ofrecemos más detalles de algunos conceptos discutidos brevemente acá. En dicho artículo hemos seleccionado algunas investigaciones con el objetivo de incentivar el debate sobre el papel de la economía en la gestión de la sanidad animal, y cómo el análisis integrado de ambos campos, la economía y la epidemiología veterinaria, podría proveer una mejor comprensión de la dinámica sanitario-productiva.

Agradecimientos

Pablo Valdés-Donoso ha sido becado por el Estado de Chile para desarrollar sus estudios de maestrías y doctorado en la Universidad de California en Davis, en los EE.UU., en donde investiga la economía de salud de animales en sistemas productivos. Los autores de este artículo reconocen y agradecen el intercambio intelectual con profesionales chilenos de la academia, el gobierno y la industria del salmón, todos motivados en mejorar la sustentabilidad del sector en pos de contribuir al crecimiento y desarrollo de Chile.

Referencias

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Publicado el 25/11/2015 a las 4:57 pm