Aprendizajes del virus ISA
Por Christian Pérez Mallea
El primer brote del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISA, por sus siglas en inglés) en salmón Atlántico, se produjo en nuestro país en julio del 2007, en un centro de cultivo ubicado en la isla Lemuy, en Chiloé central, y perteneciente a Marine Harvest Chile. El médico veterinario Andrés Johnson, antes, y el biólogo marino Adolfo Alvial, durante y después del primer brote, estuvieron muy fuertemente relacionados con dicha compañía y fueron testigos privilegiados de las acciones y prácticas que pudieron haber dado cabida a la aparición de esta enfermedad, así como de su control.
Ambos ejecutivos coinciden en aspectos clave del fenómeno, que suelen ser resumidos dentro del concepto “modelo productivo 1.0”, fiel reflejo de la forma de operar de la industria chilena previo a la epidemia. Además, aportan con opiniones acerca de las buenas y malas decisiones que se han tomado tras la explosión del ISA en nuestro territorio. Hay quienes consideran que la importación indiscriminada de ovas es un riesgo inminente de ingreso de patógenos. De hecho, tal motivo estuvo probablemente detrás de la reducción en el material que ingresó al país tras la crisis del virus ISA. Mientras se importaban casi 300 millones de ovas el 2008, el año pasado dicha cifra apenas superó los 40 millones. ¿Considera que impedir la introducción de estos gametos podría limitar o frenar el ingreso de nuevas enfermedades? Adolfo Alvial: Nunca creí, y sigo sosteniendo lo mismo, que una ova contaminada haya causado la crisis del ISA. Fue la conjunción de una serie de factores que se pueden resumir en un mal manejo de la industria en términos agregados e integrados. Por lo tanto, si bien el control de las ovas es importante e imprescindible, el que ingrese una, diez o mil ovas contaminadas a un país determinado no significa que ese patógeno se va a expresar como enfermedad y dispersarse si las condiciones de manejo fueran las adecuadas. La situación anterior a julio del 2007, previo a la detección del primer caso de ISA, tenía un escaso control sobre las ovas de importación. Por ejemplo, en general no había un chequeo en origen respecto de las prácticas y la calidad de las ovas que se despachaban a Chile y, una vez ingresadas en el país, los procedimientos de desinfección y cuarentena tampoco se aplicaban siempre con rigurosidad. Como consecuencia del ISA, se establecieron una serie de medidas que considero satisfactorias, que tienen que ir acompañadas de un incremento en la capacidad de producción nacional. No soy partidario de los cierres, pues nos pueden jugar en contra en diversos aspectos. Por lo tanto, sí soy partidario de que con inteligencia y conocimiento se impongan y se cumplan los requerimientos que minimicen los riesgos. Andrés Johnson: Siempre que hay importación va a haber riesgo de que ingrese alguna enfermedad, porque aun cuando se haga un esfuerzo importante en los controles, chequeos y screenings, para que sean lo más estrictos posible, por ejemplo, siempre existirá la posibilidad de que ocurran falsos positivos y falsos negativos. Siempre podrá ingresar algún virus, por lo tanto, la mejor forma de evitarlo en un 100% es que no hubiera importación de ovas, pero creo que esa no es la solución, pues no hay que olvidar que una de las ventajas importantes para nuestra producción, y para la competitividad con los otros países, es justamente que podemos disponer de ovas en dos periodos del año: nuestro desove en invierno, más el desove europeo en nuestro verano, lo que nos da una ventaja muy importante, sobre todo al hacer la planificación de la producción. Estoy de acuerdo con las restricciones que hay, como por ejemplo, que no se permita el ingreso de material proveniente de países que son positivos a una determinada enfermedad, aun cuando hagan screenings. Asimismo, suele afirmarse que las carencias en logística y zonificación fueron terreno fértil para la propagación del virus ISA entre los años 2008 y 2009. ¿Cree que tiene justificación la compartimentación en barrios y/o macrozonas? Adolfo Alvial: La compartimentación tiene sentido en una macrozona general de cultivo de salmón que no es homogénea en el mar y, por lo tanto, donde uno puede identificar cuerpos de agua relativamente separables entre sí. Nada en el mar es totalmente separable, pero de acuerdo con la expresión de las corrientes, los desplazamientos de masas de agua, las características locales de un cuerpo de agua, la influencia de los vientos, las mareas, etc., se pueden identificar cuerpos de agua que tienen niveles de intercambio improbables o menores con otro cuerpo de agua. Si se hace descansar la zonificación bajo esta identificación de corrientes de agua, entonces tiene sentido, porque los riesgos realmente se acotan. No obstante, cuando hay una zonificación con más de 60 barrios, se puede reconocer que no responde a una realidad oceanográfica sino a situaciones mezcladas, entre oceanográficas, logísticas y estratégicas de las propias empresas, que no permiten asegurar una zonificación que descanse en áreas ambientalmente identificables y separables las unas de las otras. Espero que una de las cosas que se revise en el futuro, es cuáles son realmente los cuerpos de agua identificables que constituyen las zonas ambientales, las que son finalmente las que determinan todo lo demás. La probabilidad de dispersión de un patógeno es menor si una zona ambiental es realmente sólo una, con su propia dinámica y relativamente separable y no interconectada con otra. ¿Y cuáles son a su parecer las mayores debilidades que presenta este sistema? Andrés Johnson: El concepto de zonificación por barrios es muy bueno, pero creo que aquí está bastante mal implementado, porque no es posible que tengamos tantos barrios. Además, acá se produce una contradicción, pues cuando empezó la crisis del ISA, una de las cosas que hicieron las autoridades fue investigar qué se había hecho en otros países para tratar de adoptar e implementar algunas de esas medidas. El modelo que más se tomó en cuenta fue el canadiense, pero resulta que Canadá ya tenía la experiencia, pues cuando partieron, lo hicieron con 22 barrios y hoy en día son sólo cinco o seis. Cuando nosotros vivimos nuestra crisis, ellos ya habían vivido su propio aprendizaje y se dieron cuenta que tantos barrios era un problema. De hecho, en algún momento pensé que iba a ocurrir esto en Chile, pero no sucedió. Adolfo Alvial: Yo era director del Intesal cuando se realizó la primera zonificación de la macrozona del salmón, estudio que se hizo con la mejor información disponible en términos oceanográficos, geológicos, logísticos de vientos y accidentes geográficos que podían influir también en este tema. Con esta información, le encargamos a un consultor oceanógrafo que integrara esos datos y nos propusiera una zonificación, antes de la aparición del virus ISA. Dicho trabajo estableció 12 zonas. Por lo tanto, no sé cómo se llegó a más de 60 zonas. Existía la información básica para emplearla en la zonificación. El concepto de macrozonas de Sernapesca tiene implícito un reconocimiento de que las zonas o barrios no representan realmente condiciones ambientales homogéneas, mientras las macrozonas si tienden a representarlas.
Al hacer descansar algunos barrios y mantener operando otros, se da por hecho que todo ese gran cuerpo de agua que los alberga es homogéneo, pues lo que se trata de hacer es bajar la carga total “encendiendo” unas zonas y “apagando” otras. Sin embargo, si se tuvieran cuerpos de agua identificables unos de otros y que se cargaran en su mérito, no se necesitaría estar “encendiendo” unos y “apagando” otros, porque se reconocería que sus capacidades de carga son distintas. El problema está en que cuando “enciendes” alguno sin conocer su capacidad de carga, lo puedes estar sobrecargando, lo que implica un riesgo de brote de enfermedades. Si se producen brotes y no hay zonas claramente identificables como cuerpos de agua entre sí, las posibilidades de dispersión son altas. Entonces, ¿qué cambios se deberían implementar para que se consiga un funcionamiento más eficiente de la zonificación o hacia dónde debería orientarse el trabajo para mejorar el desempeño de los barrios? Adolfo Alvial: Espero que avancemos un paso más allá, para que cuando tengamos esos cuerpos de agua relativamente identificados, los manejemos en su mérito, en términos de su capacidad de carga, para no colocar más peces en los cuerpos de agua ambientalmente frágiles y pongamos más peces en aquellos que resistan una carga mayor. No podemos seguir manejando una industria con los ojos vendados, respecto de cuántos peces podemos poner en un área determinada, porque esa es la madre de todos los males. No se puede combatir la cola del problema, que son las enfermedades y no atacar su base, que es el manejo ambiental. Estos son estudios que debieran ser cofinanciados por el Estado y la propia industria. Andrés Johnson: Lo otro malo es que hacer un buen sistema de barrios implica necesariamente modificar las áreas aptas para la acuicultura, para que puedas ampliarte en la superficie disponible y así no se produzcan situaciones de alta concentración. Y, a su vez, que a las empresas medianas y chicas, que tienen menos concesiones, les den la posibilidad de disponer de concesiones en diferentes barrios, para poder rotar y no quedar sin producción durante los descansos. El concepto de macrozona, por decirlo de alguna forma, fue “lo menos malo” que se podía hacer dada la configuración de barrios que ya existía. Se debió haber partido por la modificación de las áreas aptas, de tal modo de que los barrios idealmente quedaran un poco más distanciados y hubiese mayor número de centros en toda la superficie desde la Región de Los Lagos hasta Magallanes. Hoy se producen más de 800 mil toneladas en las misma concesiones, si se llega al millón de toneladas en ese espacio, algo que se postuló hace varios años, lo más probable es que al sembrar los smolts necesarios, y antes de llegar a cosechar el millón de toneladas, se podría llegar a generar una crisis sanitaria. En el actual escenario, ni siquiera diría que podemos llegar a las 800 mil toneladas, 700 mil debería ser el nivel máximo. Recurrentemente, a la logística de aquel entonces se le atribuye responsabilidad en la crisis del virus ISA. ¿Cree que la logística, asociada principalmente con el transporte, tuvo un rol en la crisis y qué avances ha observado en esta materia? Andrés Johnson: Sí, sin duda, obviamente que la infraestructura portuaria es y ha sido bastante pobre. En la Región de Aysén ni hablar. Porque tenemos un puerto, y otros, llamémosle, muellecitos, como los que hay en Puerto Cisnes y Puerto Aguirre. Obviamente, esto era muy desordenado, en el sentido de poder manejar áreas sucias, áreas limpias, ingresos y egresos en distintos horarios y cuestiones de ese tipo. Por lo tanto, creo que eso influyó. Sin embargo, creo que siempre va a ser más importante el factor humano. Es decir, con o sin tener esos refuerzos, como podría ser en otros países como Noruega, yo lo asocio más a errores humanos. Por un lado, operaciones mal hechas, pero al mismo tiempo acompañado de regulaciones que no existían, como por ejemplo el manejo de redes, de mortalidad y varios otros temas que hoy se llevan a cabo con mayor bioseguridad. Adolfo Alvial: Esto está acompañado de las capacidades de la propia industria y sus prestadores de servicio, de tener las embarcaciones adecuadas para poder hacer y manejar las cosechas de manera tal que esos puertos tengan sentido, y que exista la infraestructura vial para poder llevar esos productos hasta los puntos de acopio, procesamiento, pre-procesamiento, etc., que sean necesarios. En ese sentido, considero que los avances en esta materia deben responder a un financiamiento compartido. La bioseguridad pareciera comenzar por los operarios, si bien se han implementado buenas medidas de bioseguridad, tal vez no se ha inducido criterios en el trabajador. ¿Cree que los operarios tienen un claro concepto de bioseguridad frente a una contingencia? Andrés Johnson: Ahora lo tienen un poco más, pero en ese momento no lo tenían. Ahora, discrepo un poco, pues considero que eso es menos relevante. Si bien es muy importante, en términos del control de la infección intra-centro, debido a que por ejemplo se mezclaron las quechas y el operario sin darse cuenta infectó las jaulas de al lado, creo que eso es menos importante que la cuestión más macro, que tiene más que ver con el operario de servicio, el buzo, el manejo de redes, marinos que se desplazan en barco, que a lo mejor tenían poca idea de esto. Recientemente, se pudo apreciar una nueva arista tras un brote de virus ISA, la judicialización de un caso tras la aparición del virus en el centro Traiguén de Invermar. ¿Qué le parece el actuar de la empresa en dicha oportunidad? Adolfo Alvial: No conozco bien esa situación en particular, pero cuando una empresa pone en riesgo a uno o varios de los centros de otro productor, la Autoridad debe aplicar toda la fuerza de sus instrumentos de fiscalización y de sanción y, de acuerdo con la normativa, llegar también a tribunales si fuera el caso. Andrés Johnson: Judicializar el caso en temas tan importantes como factores epidemiológicos y medidas drásticas no fue una buena estrategia. El riesgo que existió en ese periodo de tiempo fue demasiado alto. A mi parecer, no correspondió porque se trata de algo transversal que puede afectar a otros. Frente a las enfermedades que aún quedan en el Programa de Vigilancia Activa (PVA) de Sernapesca, básicamente se realiza seguimiento a través de cultivos celulares, siendo que existen un sinnúmero de técnicas más rápidas y precisas ¿se deberían aplicar técnicas más actualizadas? ¿Qué falta para adoptarlas? Adolfo Alvial: Hay que adecuar las tecnologías para tener certeza de que estamos empleando la herramienta adecuada para poder generar detección efectiva de esos patógenos que queremos controlar en su riesgo de ingreso o, si están presentes, tomar las medidas oportunamente. Si no, parece una norma que es inefectiva y la idea es tener normas que en la práctica conduzcan a minimizar los riesgos de enfermedades.
Para ello, falta que se apliquen las metodologías que realmente obedecen al propósito de la norma. Andrés Johnson: Coincido y sobre todo pensando en la rapidez, porque un cultivo celular puede demorar hasta 15 días. Imagínate lo que puede pasar en esos 15 días, entonces, creo que los PVA considerando la tecnología con la que se dispone, deberían adecuarse a tratar de buscar alternativas, sobretodo, más rápidas. El financiamiento juega un rol importantísimo en los laboratorios de referencia, otra herramienta elemental en la detección de enfermedades, que no cuenta con fondos estables y permanentes en el tiempo. ¿De qué manera podría solventarse su trabajo? Adolfo Alvial: En general, los laboratorios de referencia se establecen por el mérito de su capacidad humana, de equipos, metodológica, y constituyen un ente imprescindible para zanjar la existencia o no de un patógeno, por ejemplo. Cuando esa capacidad no existe, el Estado puede y debe instalarla, porque es de interés común poder disponer de ella. Una vez que instala esas capacidades tecnológicas, la idea es que el Estado, a través de sus propios instrumentos -por ejemplo Sernapesca, que es el demandante de esa información- vayan costeando el uso de esas capacidades a través de la demanda que generan, junto con la propia industria. ¿Cuáles fueron los mayores aciertos y los mayores errores en esos años al enfrentar el problema de ISA? Andrés Johnson: El manejo de información fue pésimo, porque mientras existía un brote con un diagnóstico que demoraba, la información no necesariamente fluía a la velocidad que debía hacia Sernapesca, por lo tanto, la diseminación del virus en ese momento fue altísima, principalmente por desconocimiento de cuántos centros estaban positivos, cuántos estaban en brote, etc. La autoridad actuó demasiado lento, y creo que ese fue uno de los principales errores. Otro error, que es propio de nuestra actividad, es nuestra falta de conocimiento o ignorancia frente a situaciones nuevas como el caso del ISA, donde no teníamos absolutamente ninguna idea respecto de cómo manejarlo. Otro error que se cometió es que, en el momento en que se comenzó a ordenar un poco el tema, en cuanto al manejo de información, la discusión fue muy poco científica. En algunas instancias, había incluso abogados e ingenieros discutiendo acerca del HPR0, por ejemplo. Obviamente que ellos pueden ser muy buenos profesionales pero de biología saben muy poco. Entonces, creo que faltó involucrar a los científicos o profesionales de formación biológica en la discusión. Creo que casi no hubo aciertos, piensa que la producción de salmón Atlántico casi desapareció. No sé cómo podríamos hablar de aciertos si hubo que matar 500-600 mil toneladas. Creo que grandes aciertos no hubieron. Adolfo Alvial: En lo esencial, no hubo un claro compromiso de la industria ni del Estado, con la generación de conocimientos y prácticas imprescindibles para asegurar buenos resultados en el largo plazo. El desarrollo de los conocimientos científicos; biológicos, oceanográficos, ambientales, no eran prioridad y se generaron normas en un marco de escasa información pertinente, empleando datos y experiencias foráneas que reflejaban otra realidad. Por otro lado, las prácticas y regulaciones descansaban sobre la misma y débil base de información. El exitismo y algún grado de arrogancia, hizo que se ignorara el valor y la importancia del conocimiento local y el compromiso con buenas prácticas, especialmente en materia ambiental y social. Por esto, la crisis no debió ser una sorpresa, ni tampoco el escaso o nulo respaldo y comprensión de la comunidad y sus representantes. Esto no debe volver a ocurrir, es muy alta la potencialidad e impacto de esta industria, que se apoya en bienes públicos, como para que volvamos a incurrir en errores de esa magnitud. Estoy esperanzado en que nuevos enfoques y actores del sector público y privado serán capaces de lograrlo, dando forma a una nueva industria, con mayor compromiso en la generación de conocimientos propios, el medio ambiente y las comunidades.