Salmones eligen “ejercitarse” y muestran señales asociadas a menor estrés
Un estudio demostró que los salmones tienen la capacidad de elegir ejercitarse bajo ciertas condiciones de corriente del agua. Esta conducta también se relacionó con menores niveles de cortisol plasmático.
¿El ejercicio es algo que los salmones simplemente toleran o también pueden buscarlo activamente?
Una reciente investigación aporta una respuesta interesante: cuando juveniles de salmón del Atlántico tuvieron la posibilidad de elegir, una parte importante de su tiempo la destinaron a nadar contra la corriente.
El estudio, desarrollado por científicos de Noruega y Suecia, buscó abordar una pregunta poco explorada en peces, y que tiene relación con si el “ejercicio voluntario” puede generar respuestas asociadas con motivación y bienestar, tal como ocurre en mamíferos.
La diferencia de este trabajo con otros, según los autores, es que los peces no fueron forzados a nadar en corrientes para simular ejercicio, sino que tuvieron la posibilidad de elegir.
Para ello, los expertos utilizaron un sistema experimental donde grupos de cinco peces podían desplazarse libremente entre una zona con corriente y otra de agua calma. En un grupo control, en cambio, toda el área permaneció sin corrientes.
El poder de decisión
Los peces con acceso a corrientes de agua utilizaron progresivamente más la zona de flujo durante el ensayo, especialmente cuando alcanzaban las velocidades más elevadas, entre 1,5 y 1,8 longitudes corporales por segundo.
Curiosamente, los salmones no ingresaban constantemente a la corriente. Lo hacían con menor frecuencia que los peces del grupo control, pero permanecían durante períodos mucho más prolongados.
“Los cardúmenes que eligieron ejercitarse entraron en la zona de corriente con menos frecuencia que los controles, pero en el último intervalo de 20 minutos su episodio más largo en la corriente ocupó un promedio del 96% del intervalo. No obstante, los peces que eligieron ejercitarse continuaron utilizando la zona tranquila en todo momento, pasando allí el 8,8% del tiempo registrado, frente al 27,6% en los controles”, explicaron los científicos.
Lo anterior sugiere que la conducta no correspondía simplemente a una preferencia absoluta por el flujo, sino a una utilización flexible de ambas condiciones.
Adicionalmente, la elección de nadar en corrientes estuvo acompañada por diferencias fisiológicas. Los grupos que tuvieron acceso a la corriente presentaron, en promedio, 28% menos cortisol plasmático, hormona ampliamente utilizada como indicador de respuesta al estrés en peces. Además, mostraron una mayor señalización dopaminérgica y serotoninérgica en el palio dorsomedial, una región cerebral vinculada al procesamiento afectivo.
Para la acuicultura, el hallazgo plantea una pregunta concreta: ¿podría el diseño del ambiente de cultivo ofrecer a los peces oportunidades de ejercicio que ellos mismos regulen?
Los investigadores proponen precisamente estudiar con mayor profundidad la combinación de zonas con flujo y áreas tranquilas como una posible herramienta de enriquecimiento ambiental y bienestar en salmones de cultivo.
“Nuestros resultados sugieren que la implicación no es que se deba imponer el flujo, sino que se debe proporcionar heterogeneidad en el mismo. Lo ideal parece ser áreas de mayor velocidad adyacentes a áreas tranquilas que permitan el descanso, de modo que lo que se ofrece es capacidad de decisión sobre la natación en lugar de solo esfuerzo de natación. Este experimento demuestra el ejercicio autoseleccionado en una especie no mamífera”, concluyeron los autores.
Lea el estudio completo titulado "Behavioural and neuroendocrine correlates of swimming exercise choice in juvenile Atlantic salmon", aquí.