Generaciones de veterinarios que han forjado y siguen transformando la salmonicultura
Profesionales de distintas generaciones repasan la evolución de la medicina veterinaria en la industria, desde la construcción de sus primeras capacidades sanitarias, hasta los desafíos actuales.
En el marco del Día del Médico Veterinario en Chile, conmemorado el 7 de octubre, Salmonexpert conversó con profesionales de distintas generaciones vinculados a la salmonicultura para conocer cómo ha evolucionado la profesión y sus desafíos.
Cuando los veterinarios comenzaron a incorporarse a una industria que todavía construía sus capacidades sanitarias, el escenario era muy distinto al actual. Joel Quidel, consultor veterinario especialista en salud de peces, recuerda que “cuando empezaron a incorporarse los veterinarios en el área, comenzó como una forma diferente de enfrentar el tema de la salud en los salmones”.
Entonces, incluso debían instalar laboratorios dentro de las empresas, hacer análisis y salir a terreno, hasta que comenzaron a desarrollarse servicios diagnósticos especializados.
“En realidad todo se tuvo que crear”, resume Quidel sobre una etapa en que tratamientos, métodos de diagnóstico y herramientas sanitarias debieron desarrollarse localmente. Hoy, observa una profesión mucho más especializada, aunque advierte que todavía existe una tarea pendiente: “falta un acompañamiento más de la gente nueva”, para que la experiencia acumulada permita evitar errores ya conocidos.
Esa historia también la vivió Jorge Mancilla, Fish Health & Nutrition Manager de Mowi Chile, quien lleva más de 30 años ligado a la industria.
Cuando comenzó su trayectoria, tuvo la oportunidad de conocer a profesionales que hoy ya dejaron la actividad y que, recuerda, “fueron también parte de los pioneros que forjaron esta industria”. Para Mancilla, esa experiencia abrió camino a las generaciones que vinieron después y sigue teniendo valor en una actividad que enfrenta nuevos desafíos.
“Mientras más formación científica tengamos, más conocimiento vamos a tener y menos errores vamos a cometer”, plantea, apuntando a una profesión que deberá seguir incorporando ciencia y nuevas tecnologías, especialmente en materias como bienestar animal, alimentación y predicción de enfermedades.
Con el paso de los años, esa evolución también se ha traducido en una mayor capacidad para anticiparse a los problemas. Francisco Vallejos, gerente de Salud de Salmones Camanchaca, considera que los médicos veterinarios han contribuido a construir “una industria con mayor conocimiento sanitario, capacidad de prevención y responsabilidad en el cuidado de los peces”. Hacia adelante, plantea que el rol debe seguir creciendo en investigación, uso responsable de medicamentos y anticipación de riesgos sanitarios y ambientales.
En esa misma mirada sobre la amplitud del rol profesional, Alin Casado, BioFarm Health Manager de BioMar Chile y presidenta de MEVEA, destaca que la contribución del médico veterinario “es amplia y por ello ha sido históricamente de gran relevancia para nuestra industria”.
A su juicio, estos profesionales han sido gestores de la preservación y recuperación de la salud y bienestar de los peces, contribuyendo con ello a la sostenibilidad de los sistemas productivos y a la producción de un alimento altamente nutritivo y con beneficios significativos para la población humana.
Para Javiera Cornejo Kelly, directora ejecutiva del centro CASA, precisamente en lo anterior está uno de los principales cambios que enfrenta la profesión: “hoy el principal desafío es evolucionar desde una medicina principalmente reactiva hacia una medicina cada vez más preventiva, predictiva y basada en evidencia”.
Una transformación que, a su juicio, requiere integrar información sanitaria, genética, ambiental, nutricional y productiva, para que el veterinario participe de manera más amplia en las decisiones de la producción.
Ese escenario es el que comienza a enfrentar Agustín Piña, Country Lead de Manolin para Chile, desde una generación que cuenta con herramientas que antes no existían. “Hoy contamos con datos y herramientas”, señala, capaces de transformar parte del “instinto veterinario” construido con los años en conocimiento que puede compartirse, analizarse y utilizarse para anticipar riesgos.
Pero el acceso a más información no reemplaza la experiencia. Para Piña, el desafío estará en “distinguir qué problema vale la pena resolver, qué datos importan y cómo llevar todo eso a soluciones que funcionen en terreno”.
Y recalcó que, en ese proceso, “la experiencia de quienes nos precedieron seguirá siendo fundamental”, mientras las nuevas generaciones tienen la oportunidad de tomar ese conocimiento, estructurarlo y hacerlo crecer.