El Niño y Modo Anular del Sur: la dupla que preocupa a la salmonicultura chilena
La combinación Niño con SAM positivo es la peor que podemos tener, alertaron los expertos: hay que estar muy alerta porque potencia los impactos climáticos en las zonas donde opera la salmonicultura.
Este jueves 2 de julio, la empresa tecnológica especializada en la automatización y monitoreo remoto, Innovex, llevó a cabo su seminario “¿Estamos preparados para El Niño?”, el que reunió a expertos de la industria, academia y sector público para conversar sobre la historia, ciencia, desafíos y proyecciones en torno a las consecuencias del eventual desarrollo de un fenómeno El Niño “Godzilla”, como se le ha llamado debido a las predicciones sobre su posible gran intensidad.
Actualmente, la industria dispone de mucho más conocimiento y capacidad de monitoreo que durante los eventos climáticos de 2015-2016, e incluso anteriores, pero enfrenta un escenario ambiental más complejo, donde El Niño interactuará con otros procesos climáticos y con una tendencia de largo plazo hacia la desoxigenación de los fiordos.
Los fenómenos climáticos
El Niño se define como un fenómeno climático caracterizado por el aumento invernal de la temperatura del Pacífico Centro Oriental y corresponde a una fase del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), que presenta tres fases: Niño (cuando el agua se calienta sobre lo normal), Niña (cuando se enfría bajo lo normal) y la fase Neutral (transición entre ambas). El Niño tiene tanto una respuesta oceánica como atmosférica y ocurre con una periodicidad de 2 a 7 años, cuyos efectos alcanzan el sur de Chile mediante conexiones atmosféricas que modifican la circulación del Pacífico Sur.
Por otro lado, el SAM (Modo Anular del Sur) es un modo climático que afecta el sistema planetario en gran escala y tiene una respuesta mucho más dinámica que el fenómeno dEl Niño, con proyecciones a corto plazo de aproximadamente 15 días, y que corresponde a un “cinturón” de fuertes vientos que rodean la Antártida y regula la presión atmosférica, definiendo el clima y las precipitaciones, especialmente la Región de Los Lagos y la Patagonia chilena.
En fase positiva, SAM se desplaza hacia el polo, lo que suele generar condiciones más cálidas y secas en las latitudes medias y un aumento de las precipitaciones en el extremo sur. Por el contrario, en su fase negativa, los vientos se debilitan y se desplazan hacia el norte, permitiendo que los sistemas frontales y las tormentas penetren más fácilmente, resultando en inviernos y primaveras más lluviosos en el sur de Chile y Patagonia
Dupla peligrosa
Carolina Medel, coordinadora científica de Innovex, enfatizó la necesidad de considerar siempre ambos fenómenos para la planificación y toma de decisiones. “Monitorear tanto el ENSO como el SAM es esencial para anticipar los efectos combinados que afectan los patrones climáticos y acuáticos del sur de Chile”.
La relación entre ENSO y SAM radica en que ambos modulan conjuntamente el sistema climático regional y oceánico. Por ejemplo, eventos Niño intensos (ENSO positivo) combinados con una fase positiva de SAM pueden exacerbar condiciones de alta temperatura superficial del mar y baja precipitación, creando un escenario favorable para eventos extremos como floraciones algales nocivas, olas de calor marinas y episodios de estrés ecológico en los ecosistemas acuáticos.
Por su lado, el Dr. Iván Pérez Santos, investigador del Centro i~mar y especialista en oceanografía física, explicó la existencia de zonas con mínimos de oxígeno (ZMO) disuelto atribuibles a la lenta circulación oceánica y alta producción biológica, ubicadas en el Ecuador, Atlántico Este y en áreas cercanas a Chile y Perú, afectando la calidad del agua y con implicancias ecológicas en la región de diferente intensidad según cómo interactúen ENSO y SAM.
“El Niño modifica la temperatura superficial del mar, los patrones de viento y la surgencia, impactando directamente las olas de calor marinas”, apuntó, siendo estos fenómenos definidos por superar valores climatológicos durante un número determinado de días, asociándose con floraciones algales nocivas en Patagonia Norte y cómo su frecuencia e intensidad aumentan durante eventos Niño intensos.
De esta forma, SAM y ENSO pueden causar desoxigenación de la columna de agua modificando patrones de precipitación, viento y temperatura. SAM en fase positiva genera sequías y reduce caudales de ríos, disminuyendo el aporte de agua dulce y nutrientes como el sílice, afectando la estratificación y mezcla en la columna de agua. En paralelo, ENSO, a través de eventos Niño, altera la ventilación oceánica y la circulación de aguas ecuatoriales de bajo oxígeno hacia Patagonia, aumentando el transporte de aguas hipóxicas. Además, el calentamiento superficial asociado reduce la solubilidad del oxígeno y promueve la estratificación, limitando el intercambio gaseoso y profundizando la hipoxia en el océano.
Temperatura, oxígeno y floraciones algales
El gerente general y fundador de Plancton Andino, Alejandro Clément, profundizó en cómo estos efectos pueden favorecer o afectar ciertos procesos biológicos marinos. “La combinación Niño con SAM positivo es la peor combinación que podemos tener; hay que estar muy alerta porque potencia los impactos climáticos en la región." Explicó que SAM positivo genera condiciones anticiclónicas con alta radiación y temperatura, favorece condiciones anticiclónicas, con mayor radiación y temperaturas más elevadas en gran parte del sur de Chile, mientras que la fase negativa, asociada a la expansión de vientos hacia el norte, genera condiciones ciclónicas con más precipitaciones y vientos, desfavorables para dichas floraciones.
“El monitoreo del SAM y ENSO es fundamental para anticipar eventos extremos y planificar estrategias que reduzcan el impacto socioeconómico en la salmonicultura y mitilicultura”, enfatizó el experto, agregando que su monitoreo debe extenderse durante todo el año: “Las olas de calor marinas no solo ocurren en verano. Hemos detectado eventos muy intensos incluso en invierno, con graves consecuencias para la acuicultura”.
El Dr. Patricio Andrés Díaz Gómez, investigador del Centro i~mar especialista en floraciones algales nocivas, señaló que estos fenómenos pueden determinar también qué tipo de alga florece según las condiciones nutricionales que se generen debido a estas alteraciones climáticas. “La estratificación y la irradiancia en primavera y verano, junto con anomalías climáticas, incrementan las tasas de crecimiento y toxicidad de especies nocivas”, explicando que la alteración de la concentración de nutrientes, como por ejemplo sílice, promoverá el desarrollo de diatomeas, mientras que su ausencia favorece a los flagelados, un cambio que podría estar ocurriendo en la Patagonia chilena debido a variaciones en la disponibilidad de nutrientes.
Respuesta a eventos anteriores
Susana Giglio, oceanógrafa Profesional División de Acuicultura de Subpesca, señaló cómo los sucesivos eventos de FAN y mortalidades masivas impulsaron el desarrollo del actual marco regulatorio que regula el manejo de la mortalidad masiva y que busca proteger a la industria acuícola y los actores asociados se ha ido creando.
La experta indicó que el marco normativo es complejo y cuenta con múltiples organismos, entre ellos, Subpesca con el RAMA, Sernapesca, la Superintendencia del Medio Ambiente, entre otros, que regulan monitoreo, planes de contingencia y manejo de mortandades, las que, tras crisis tan fuertes como la del 2016, han sido reforzadas con resoluciones exentas que establecen metodologías de monitoreo y manejo sanitario de contingencias, existiendo actualmente comités regionales activos e inclusive simulacros para prepararse frente a eventos similares. “El Niño 2026 será nuestra prueba de examen para ver si realmente hemos avanzado en la gestión de estos fenómenos”.
Consenso entre actores
El NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) confirmó este 11 de junio el inicio de la fase El Niño, lo que, sumado a la actual presencia de SAM positivo, podría traer graves consecuencias asociadas a los cambios acuáticos y atmosféricos, de acuerdo con los expositores, por lo que todos coinciden en la necesidad de sistemas de monitoreo continuos y de observación oceánica para anticipar y gestionar las floraciones algales nocivas y eventos extremos.
Desde la perspectiva tecnológica, Jonathan Álvarez, jefe del Departamento de Monitoreo Mar y jefe del Departamento de Soporte de Innovex, destacó que el desafío no solo consiste en comprender los fenómenos climáticos, sino también en transformarlos en información útil para la operación diaria de los centros de cultivo. "Venimos hace 20 años desarrollando tecnología capaz de capturar datos en tiempo real y apoyar una toma de decisiones anticipada. Hoy, con una red de sensores instalada en más de 270 centros de cultivo, podemos seguir cómo estos cambios ambientales se desplazan desde el sur de Chile y entregar alertas oportunas a nuestros clientes", afirmó. Asimismo, explicó que, gracias a la información acumulada durante casi dos décadas de monitoreo, la empresa ya es capaz de identificar patrones de comportamiento para cada zona y entregar escenarios probabilísticos que apoyan la gestión preventiva.
Los años de monitoreo acumulados y la experiencia forjada ante eventos anteriores hacen énfasis en la necesidad de compartir datos y generar reportes diarios o semanales para mejorar la colaboración entre la industria, autoridades e investigadores, considerando no sólo al fenómeno de El Niño, sino también otros moduladores climáticos (como La Niña y el SAM) en los sistemas de alertas y preparaciones.