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Así operará el nuevo proyecto para un alimento más sostenible en la salmonicultura chilena

Mariela Montoya.

Uno de los principales beneficios para la salmonicultura, será que la incorporación de soja certificada permitirá gestionar riesgos ambientales y sociales desde el origen, además de garantizar trazabilidad.

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La organización Round Table on Responsible Soy (RTRS) trabaja en el desarrollo de un programa piloto de 18 meses que buscará medir la huella de carbono de la soja certificada utilizada en la alimentación del salmón chileno. La iniciativa abarcará toda la cadena de suministro, desde la producción de soja Argentina hasta la fabricación del alimento y su uso en acuicultura nacional.

Según explicó Mariela Montoya, gerente de Desarrollo de Mercado y Relacionamiento con Partes Interesadas (LATAM) de RTRS, en conversación con Salmonexpert tras su presentación en el evento Regenera, el proyecto responde a una necesidad identificada junto a empresas salmonicultoras y fabricantes de alimento del país.

“La descarbonización ya no es un atributo diferenciador, sino un requisito para mantener el acceso a los mercados internacionales”, afirmó. En ese sentido, detalló que el piloto contempla cuatro etapas: diseño metodológico, captura de datos primarios en campo, validación mediante auditorías independientes y transferencia de atributos bajo modelos de Balance de Masas o Segregación. El objetivo es desarrollar una metodología robusta que permita cuantificar y transferir información confiable sobre la huella de carbono de los ingredientes utilizados por la industria.

Actualmente, la salmonicultura chilena consume alrededor de 1,1 millones de toneladas de alimento al año, de las cuales aproximadamente el 60% corresponde a ingredientes de origen vegetal, mientras que cerca del 80% de esas materias primas son importadas.

De acuerdo con Montoya, estas cifras reflejan la importancia estratégica que tiene la cadena agrícola para la competitividad del sector. La ejecutiva agregó que RTRS busca desarrollar soluciones que combinen certificación, trazabilidad y datos primarios para cuantificar la huella de carbono desde el origen de la soja hasta el alimento y, posteriormente, el producto acuícola final.

Exigencias de mercado

Uno de los principales beneficios para la salmonicultura, sostuvo Montoya, es que la incorporación de soja certificada permite gestionar riesgos ambientales y sociales desde el origen, además de garantizar trazabilidad y entregar información verificable sobre la producción de las materias primas.

Asimismo, explicó que la alimentación representa cerca del 70% de la huella de carbono del salmón y que entre el 95% y el 98% de las emisiones de las empresas acuícolas corresponden al Alcance 3, es decir, aquellas generadas en la cadena de suministro. Dentro de ese total, el alimento explica entre el 60% y el 90% de dichas emisiones.

En cuanto a la disponibilidad de soja certificada, indicó que durante 2025 la superficie certificada RTRS en Latinoamérica creció 42%, superando las 440 mil hectáreas, lo que facilita la incorporación de materias primas responsables por parte de la industria. No obstante, advirtió que el principal desafío sigue siendo consolidar una demanda sostenida por soja certificada. "Para que más productores inviertan en certificación es importante que exista previsibilidad y compromisos de abastecimiento de largo plazo por parte de la industria", señaló Montoya.

Además, indicó que la acuicultura está transitando desde modelos basados principalmente en créditos hacia una mayor demanda de volumen físico certificado, impulsada por nuevas exigencias de trazabilidad, abastecimiento responsable y transparencia. Respecto al trabajo conjunto entre distintos sectores, Montoya valoró iniciativas como AgroSalmón, afirmando que contribuyen a fortalecer la articulación entre agricultura y salmonicultura y favorecen la incorporación de materias primas certificadas. Finalmente, proyectó un escenario favorable para la adopción de soja certificada en la industria chilena.

Según comentó, las principales empresas salmonicultoras ya trabajan con metas climáticas, mientras que compradores internacionales e inversionistas demandan cada vez mayor transparencia sobre el origen de los ingredientes y la huella de carbono de los productos.