De evento esporádico a riesgo presente: Caligus comienza a instalarse en Magallanes para quedarse
Caligus amplía su presencia en Magallanes: la expansión coincide con escenarios anticipados por la ciencia y plantea nuevos desafíos sanitarios y productivos para la salmonicultura.
La presencia del parásito ha comenzado a extenderse hacia nuevas zonas de la región más austral del país. Un modelo publicado en 2021 proyectó una expansión de las condiciones ambientales favorables para Caligus rogercresseyi, escenario que hoy comienza a adquirir relevancia sanitaria y productiva.
Durante décadas, Magallanes representó prácticamente el límite austral de la caligidosis en la salmonicultura chilena gracias a sus menores temperaturas y menor intensidad productiva, ya que el desarrollo de la actividad era más reciente, lo que mantenía las cargas parasitarias muy por debajo de las observadas en Los Lagos y Aysén. Sin embargo, Caligus rogercresseyi ya no aparece únicamente como un hallazgo esporádico, sino que comienza a mostrar persistencia y una mayor distribución geográfica.
En 2024, de acuerdo con antecedentes de Sernapesca, ocho Agrupaciones de Concesiones de Salmonicultura (ACS) de Magallanes reportaron cargas parasitarias y el máximo regional alcanzó 0,10 hembras ovígeras (HO) por pez. En 2025 fueron diez las ACS con presencia y el máximo aumentó a 0,30 HO. Sin embargo, la mayor prevalencia semanal de centros con cargas iguales o superiores a 3 HO disminuyó de 5,56% en 2024 a 2,6% en 2025. Así, más que una explosión generalizada de las cargas, los datos apuntan a un aumento espacial y persistencia del parásito.
Una proyección que comienza a tomar forma
Las proyecciones del Dr. Manuel Lepe-López, investigador de la Universidad del Valle de Guatemala, anticiparon que la distribución potencial de Caligus podía cambiar. Su estudio analizó registros de C. rogercresseyi obtenidos entre 2012 y 2018 y modeló la idoneidad ambiental de las zonas salmonicultoras desde Los Lagos hasta Magallanes. El modelo identificó a la temperatura, salinidad y velocidad de las corrientes como las principales variables ambientales asociadas a su distribución, siendo la temperatura como el factor de mayor importancia.
Lepe-López proyectó distintos escenarios climáticos hacia 2050 y 2100, y el modelo mostró la aparición de nuevas áreas ambientalmente favorables (para Caligus) en Magallanes, incluyendo sectores aislados hacia el extremo sur. Los autores advirtieron que estos resultados no implicaban necesariamente que esas zonas desarrollarían altas infestaciones, sino que el modelo estimó idoneidad de hábitat y no abundancia del parásito, pero sí advertía que el límite ambiental, que históricamente restringía su distribución, podía desplazarse.
Para el Dr. Cristian Gallardo, subdirector del Centro INCAR e investigador principal de la línea Genómica Acuícola, lo observado actualmente corresponde a “una instalación progresiva más que focos aislados”. Según explicó, la detección en nuevas ACS y la persistencia temporal de los registros indican que el sistema epidemiológico está cambiando. “Magallanes ya no puede considerarse una región libre de riesgo de caligidosis”, afirmó, aunque recalcó que las cargas continúan considerablemente por debajo de Los Lagos y Aysén.
Temperatura, producción y conectividad
Gallardo planteó que no existe un único factor responsable, sino la convergencia de distintos procesos. Temperaturas más favorables pueden acelerar el desarrollo y reproducción del ectoparásito y prolongar las ventanas de transmisión. A esto se le suma los resultados hallados por Lepe-López en otro de sus estudios, en donde la temperatura fue asociada con los clústeres de alta infestación al analizar datos de centros entre 2012 y 2016. Se analizaron 67.909 registros de 784 centros e identificó 26 clústeres espacio-temporales: 12 de baja infestación, uno de nivel medio y 13 de alta infestación. Estos últimos se concentraron en Los Lagos y Aysén, mientras que los clústeres identificados en las latitudes correspondientes a Magallanes fueron de baja infestación.
No obstante, esto no permite atribuir el cambio observado actualmente en Magallanes únicamente al calentamiento, sobre todo, considerando que Sernapesca informó que la temperatura semanal reportada en Magallanes durante 2025 se mantuvo estable respecto de 2024. El cambio climático, por tanto, puede actuar como amplificador de condiciones favorables, pero no explica por sí solo la expansión reciente.
Por otro lado, la dinámica productiva agrega otras variables. El segundo estudio de Lepe-López identificó asociaciones con el peso promedio de los peces y la especie cultivada, mientras que la biomasa y el número de peces no resultaron significativos en el modelo final. A escala epidemiológica, sin embargo, los autores destacan que la concentración espacial de hospedadores susceptibles y la proximidad entre centros pueden favorecer la transmisión. A esto se le suma la hidrodinámica: las corrientes pueden transportar los estadios planctónicos y conectar epidemiológicamente centros que comparten un mismo sistema de fiordos y canales.
La adaptación del propio parásito también ha sido de interés de estudio, aunque actualmente no existe evidencia suficiente para identificarla como la causa de su establecimiento en Magallanes. El Centro Incar2 ha estudiado la estructura poblacional de C. rogercresseyi, su diversidad genética y variantes asociadas a sensibilidad o resistencia a antiparasitarios. Para Gallardo, integrar esa información con epidemiología, oceanografía y variables ambientales permitirá determinar no sólo dónde se encuentra el parásito, sino cómo sus poblaciones pueden cambiar a medida que enfrentan nuevas condiciones ambientales y sanitarias.
Un problema sanitario que va más allá del conteo
El parásito Caligus compromete la integridad de la piel, modifica la respuesta inmune y puede favorecer infecciones secundarias. El Dr. Gallardo ejemplificó particularmente la relación descrita con enfermedades bacterianas como la tenacibaculosis, mientras que frente a Piscirickettsia salmonis propone una interacción probablemente indirecta, donde peces sometidos al desafío parasitario y al estrés fisiológico podrían presentar menor capacidad para responder frente a otros agentes.
La mayor presencia y persistencia de Caligus en Magallanes podría significar una nueva estructura de costos para las empresas instaladas en la zona, ya que deben considerarse los costos asociados a la vigilancia, monitoreo y análisis de laboratorio, además de logística, traslado de personal y equipos especializados y, cuando las cargas lo requieren, tratamientos, wellboats y manejo adicional de los peces. También pueden aparecer impactos productivos menos visibles, como menor crecimiento, deterioro de la conversión alimenticia, retrasos de cosecha, pérdida de calidad e infecciones secundarias.
El conocimiento sobre los posibles escenarios futuros sirve como oportunidad para actuar mientras la presión parasitaria todavía es baja, planteó el Dr. Gallardo. Magallanes aun mantiene una condición epidemiológica muy distinta de Los Lagos y Aysén y, precisamente por ello, todavía existe espacio para privilegiar vigilancia temprana, bioseguridad, coordinación entre centros, genética y herramientas predictivas antes de que el control dependa principalmente de tratamientos. Sernapesca ya mantiene ventanas oficiales de coordinación para tratamientos por inmersión específicas para Magallanes durante 2026, señal de que la caligidosis pasó a formar parte de la gestión sanitaria operacional.
“El desafío de Magallanes no consiste solamente en controlar al Caligus cuando aparece, sino en anticipar dónde, cuándo y por qué puede establecerse”, concluyó Gallardo. A cinco años de las proyecciones de Lepe-López, esa capacidad de anticipación adquiere una nueva urgencia: el escenario proyectado para el futuro aún no se ha materializado en toda su magnitud, pero el parásito ya demuestra que puede encontrar las condiciones necesarias para persistir.