El desafío de llevar los prometedores beneficios de los hongos a la alimentación de salmones
Extractos y compuestos fúngicos muestran potencial para mejorar la salud de los salmones. Aunque todavía requieren validación comercial, su uso también ayudaría a la sostenibilidad de la industria.
Los hongos comestibles podrían comenzar a posicionarse como una alternativa de interés para la alimentación acuícola, no solo por su aporte nutricional, sino también por la presencia de compuestos bioactivos como β-glucanos, quitina, compuestos fenólicos y ergotionina. Estos componentes podrían contribuir a mejorar la salud intestinal, la inmunidad, el estado antioxidante y la respuesta de los peces frente al estrés.
Esta es una de las líneas de investigación del Dr. John Quiñones, científico de la Universidad de La Frontera (UFRO), y uno de los investigadores que publicaron una revisión sobre la utilización de hongos comestibles en la acuicultura.
Junto a su equipo de trabajo el Dr. Quiñones también abordamos el uso de distintas matrices de hongos, como harina de hongo, biomasa micelial, extractos, fracciones polisacarídicas, sustratos fermentados y subproductos del cultivo.
Según explica, una de múltiples ventajas de utilizar hongos es su aporte a la sustentabilidad, ya que pueden cultivarse sobre residuos lignocelulósicos agroindustriales y contribuir a esquemas de economía circular.
Además, para llevarlo a la práctica, un foco importante es determinar cómo la especie de pez, el nivel de inclusión y el procesamiento del ingrediente condicionan la respuesta biológica.
Por lo mismo, plantea que el escenario más probable no es el reemplazo masivo de las materias primas tradicionales, sino la incorporación estratégica de ingredientes derivados de hongos. “Estamos más cerca de utilizarlos como ingredientes funcionales complementarios que como reemplazos masivos y universales de las materias primas convencionales”.
Una de las dificultades para evaluar estos ingredientes es que no existe un único “hongo” desde el punto de vista nutricional o funcional. La respuesta depende de una interacción compleja entre el ingrediente, el pez y el sistema de producción.
En particular, la estructura de los β-glucanos, su grado de ramificación, peso molecular, solubilidad y tamaño de partícula pueden modificar la respuesta biológica. También influye el procesamiento: “Dos productos derivados del mismo hongo pueden tener actividades biológicas muy diferentes si fueron secados, fermentados, extraídos o purificados de distinta forma”, detalla el experto.
La especie de pez también resulta determinante. En salmónidos, que presentan una capacidad más limitada para utilizar polisacáridos estructurales complejos, niveles elevados de harina o biomasa fúngica pueden afectar la digestibilidad y eficiencia alimenticia.
Del laboratorio al alimento
Entonces, ¿qué falta para que estos ingredientes lleguen de manera rutinaria a los alimentos comerciales?
Según Quiñones, un ingrediente basado en hongos debería presentar una composición consistente, alta digestibilidad, procesamiento reproducible, beneficios funcionales verificables y viabilidad productiva y económica.
La evidencia disponible es especialmente interesante en trucha arcoíris. Extractos de Pleurotus ostreatus y Lentinula edodes han mostrado efectos sobre parámetros de inmunidad innata, mientras que Grifola gargal presentó resultados positivos en crecimiento y eficiencia alimenticia con inclusiones moderadas.
Para el salmón del Atlántico, sin embargo, la evidencia directa continúa siendo más limitada. Por ello, los investigadores consideran necesario desarrollar ensayos específicos y prolongados bajo condiciones comerciales.
“En salmónidos, probablemente serán más prometedores los extractos, fracciones purificadas o ingredientes procesados que las inclusiones muy elevadas de biomasa fúngica completa”, señala el científico de la UFRO.
El próximo desafío será pasar de resultados experimentales prometedores a ingredientes estandarizados, reproducibles y económicamente competitivos. Para ello, todavía se requieren estudios de mayor duración, protocolos de procesamiento consistentes y validaciones bajo condiciones comerciales.
“Los resultados de los artículos revisados son prometedores y preliminares”, enfatiza Quiñones, subrayando que aún es necesario avanzar antes de establecer recomendaciones definitivas o considerar estos ingredientes como herramientas de uso rutinario en la alimentación de salmónidos.