Factores nutricionales tras una óptima esmoltificación
Marcelo Abarzua, Jefe de Agua Dulce, Skretting Chile
Desde hace algunos años, la industria salmonicultora ha tomado conciencia del trascendental rol que juega un smolt de buena calidad en los resultados productivos del cultivo del salmón, desde que son transferidos a los centros de engorda en mar hasta su cosecha. Un pez mal esmoltificado generará serios problemas para la etapa de producción, afectando en consecuencia el abastecimiento al cliente final. Los peces mal esmoltificados tampoco enfrentarán adecuadamente los desafíos sanitarios, al ser más susceptibles a los patógenos y condiciones del medio. La producción de un smolt de buena calidad se ha convertido, entonces, en el objetivo final de la etapa de agua dulce. Esto pareciera ser algo obvio e internalizado en todas las compañías productoras de truchas y salmones al momento de realizar la planificación de producción. Sin embargo, la realidad muchas veces difiere de lo planificado, presentándose situaciones complejas. En variadas ocasiones, los centros de engorda deben hacerse cargo de grupos de peces que presentan alta mortalidad al ser transferidos al mar, que no consumen alimento en tasas esperables, que generan una proporción de peces rezagados que dispersarán a la población, o que se convertirán finalmente en peces no viables. Por lo tanto, un smolt de calidad es aquel que es capaz de adaptarse rápidamente al medio marino, que presenta alta sobrevivencia y que responde rápida y adecuadamente al alimento. Por este motivo, es de vital importancia identificar cuáles son los factores que condicionarán la obtención de un smolt de buena calidad. En este ámbito, la discusión de cuáles son estos factores puede ser amplia, sin embargo, existe consenso en que los más relevantes son de índole productivo, sanitario y genético. Previamente, es necesario definir el proceso de la esmoltificación, cuya discusión también puede ser muy extensa, sin embargo, es posible reunir varios conceptos comunes bajo una misma definición. En síntesis, éste es “un proceso en el cual ocurren una serie de cambios fisiológicos, morfológicos y conductuales, gatillados por un conjunto de estímulos exógenos y endógenos del pez, que tienen, como única finalidad, acondicionar al pez para realizar la migración al mar y tolerar exitosamente la alta concentración de sales del medio”, lo cual realiza una referencia directa con el desarrollo de la capacidad osmorregulatoria para mantener la homeostasis en un medio híper osmótico. Este proceso de esmoltificación involucra en el inicio a peces en estado “parr”, para culminar el proceso como un pez en estado “smolt”. Esta definición es transversal ya sea para peces silvestres como de cultivo. La diferencia es que en sistemas intensivos, es posible manejar muchos de estos estímulos, ya sea para adelantar o retrasar la esmoltificación. Es aquí donde es de vital relevancia conocer cuáles son los factores que regulan la esmoltificación, para proporcionar un manejo adecuado de los peces y obtener los resultados deseados.
Buscando un smolt de buena calidad Como se señaló previamente, los factores o variables que regulan el proceso de esmoltificación, se relacionan con variables de tipo genético, desde el manejo de familias y reproductores, hasta la obtención de ovas de calidad. También con variables de tipo sanitario, donde el estado de salud de ciertos órganos involucrados en la osmorregulación es fundamental, así como del sistema inmune, mediante el apoyo de vacunas e inmunoestimulantes; y, finalmente, se encuentran los factores de orden productivo, entre los cuales, el manejo de variables tales como el fotoperiodo, temperatura y estatus nutricional de los peces, jugarán un rol determinante en la culminación de la esmoltificación y posterior desempeño en el mar. Desde el punto de vista nutricional, el acondicionamiento de los reproductores, mediante estrategias de alimentación adecuadas y la utilización de dietas especializadas, que aseguren la cobertura de los requerimientos nutricionales específicos del recrudecimiento gonadal, son fundamentales para mejorar la fecundidad y la calidad de las ovas. Desde la perspectiva sanitaria, es crucial fortalecer el sistema inmune de los peces, el cual se verá fuertemente deprimido por los cambios que sufrirán los peces en el proceso de esmoltificación, y por la condición altamente estresante que significará el traslado al mar. En este sentido, es fundamental el fortalecimiento del sistema inmune, de órganos y tejidos, como las branquias, escamas y piel, y una forma de lograrlo es mediante el alimento. Se sabe que, a través de la incorporación de algunos nutrientes esenciales, inmunoestimulantes, más el uso de vitaminas y minerales orgánicos adecuados, es posible fortalecer el sistema inmune específico (producción de linfocitos) e inespecífico (macrófagos) -necesarios para hacer frente a los patógenos presentes en el medio-, así como también fortalecer algunos órganos y tejidos fundamentales. Es el caso de branquias y piel. Las branquias juegan un rol fundamental en la regulación del equilibrio osmótico, porque en este órgano se ubican las células de cloro, donde se lleva a cabo el intercambio de iones entre el plasma y el medio ambiente, por ende, es vital que el estado sanitario y funcional de estas estructuras sea el óptimo, tanto antes como después de la transferencia al mar. Asimismo, es necesario fortalecer la piel, ya que constituye la primera barrera que tiene el pez ante el ingreso de patógenos. Esta estructura está constituida por el tegumento, las escamas y el mucus, por lo que es necesario asegurar la integridad de tegumento y escamas, y mejorar la producción de mucus. Esto se puede facilitar incorporando, a través de la dieta, minerales orgánicos (Zn, Mn, Se) y vitaminas específicas (Vit C y E), fundamentales en la formación de colágeno y en el fortalecimiento de la función cicatrizante de la piel. Desde el punto de vista de las variables productivas, podemos diferenciar las de origen exógeno (fotoperiodo y temperatura) y las de origen endógeno (estatus nutricional). Tanto fotoperiodo como temperatura constituyen el “calendario biológico” de los peces, y son los factores externos más relevantes para el inicio de la esmoltificación, maduración y crecimiento, entre otras funciones biológicas. En condiciones naturales, estos estímulos se darán dentro de ciclos anuales, sin embargo, en condiciones controladas, pueden ser manejados y/o acortados de acuerdo con los requerimientos de cuándo sea necesario realizar las entregas de smolt. Normalmente, los peces pasan por dos veranos (fotoperiodo largo) y un invierno (fotoperiodo corto). El primer verano es aplicado a peces en estado de alevín o “fry”, enfocado principalmente en proveer de un crecimiento rápido. Una vez que han adquirido una talla adecuada según los requerimientos de talla y tiempos de entrega a mar, los peces en estado “parr”, son sometidos a la señal de invierno, con la cual se da inicio al proceso de esmoltificación, es en esta etapa donde se recomienda generalmente realizar la vacunación para minimizar los efectos adversos en la esmoltificación y el crecimiento. A su vez, la duración del periodo de invierno debe ser aplicado por un tiempo suficiente para que el pez pueda realizar los cambios fisiológicos que se llevan a cabo en esta etapa. Inviernos muy cortos, generalmente generan malos resultados de esmoltificación. Una vez cumplido el tiempo mínimo de duración de la señal de invierno, y en concordancia con los tiempos de salida de los smolt y las Unidades Térmicas Acumuladas (UTA) de resguardo de la vacuna, los peces son sometidos al segundo verano, con el cual se desencadena la culminación del proceso de esmoltificación; es en esta última etapa donde se abre la llamada “ventana de esmoltificación”, que es el tiempo acotado en el cual los peces se encuentran en las mejores condiciones fisiológicas para ser trasladados al mar. Si no son trasladados a los centros de engorda en lo que dura esta “ventana”, los peces comienzan a perder esta condición, por lo que traslados antes o después de ocurrida la “ventana”, resultará en malos resultados de desempeño de los smolt. De aquí la relevancia de llevar a cabo manejos adecuados de fotoperiodo y temperatura, y de realizar las siembras dentro de los plazos que dura la “ventana de esmoltificación”. Sin embargo, el buen manejo de fotoperiodo y temperatura, no será suficiente para lograr una esmoltificación exitosa, si el pez no cumple con un adecuado estatus nutricional y desarrollo. Está comprobado que la nutrición (cantidad y calidad) juega un rol fundamental en el desarrollo de la actividad de la enzima Na K atpasa, cuya función es realizar el intercambio de iones en el sistema de bombas de las células de cloro, es decir, mediante la función de esta enzima, el pez es capaz de regular el equilibrio de iones plasmáticos. Los peces mal alimentados presentan una baja actividad de esta enzima, por ende, son incapaces de regular la concentración de sales en un medio marino. De aquí la relevancia de que los peces puedan retomar rápidamente las tasas de alimentación una vez que han sido trasladados a los centros de engorda. En aquellas situaciones en que los peces se ven deprimidos por no poder osmorregular adecuadamente, también se ve afectado el consumo de alimento, y si esto no es contrarrestado rápidamente, se generarán resultados adversos en el crecimiento, estatus sanitario, y sobrevivencia.
Comúnmente, vemos en la industria que los smolt recién transferidos toman entre 20 y 40 días en lograr alcanzar los consumos esperados (ver Gráfico 1). Por este motivo, las dietas a utilizar previo y después de la transferencia, deben ser capaces de fortalecer y preparar al pez para esta compleja transición, suministrando los nutrientes adecuados que permitan mejorar la capacidad osmorregulatoria de los peces, apoyar el desafío sanitario que implica la etapa de esmoltificación y el posterior ingreso al mar, y evitar el detrimento del consumo de alimento en la primera etapa de su ciclo en mar.