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Tres virus, tres lecciones: coloquio repasa historia sanitaria viral de la salmonicultura chilena

Coloquio on-line.

El Dr. Marcos Godoy revisó cómo IPNV, ISAV y PRV transformaron la bioseguridad y el control sanitario de la salmonicultura chilena.

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El coloquio “Enfermedades virales de importancia en el cultivo de salmónidos en Chile: evolución y estado actual” organizado por Sociedad de Microbiología de Chile (SOMICh), reunió este jueves al director del Centro de Investigaciones Biológicas Aplicadas (CIBA) y académico de la Universidad San Sebastián, Dr. Marcos Godoy, quien revisó cuatro décadas de historia sanitaria de la salmonicultura chilena para analizar cómo tres virus —IPNV, ISAV y PRV— transformaron la forma en que la industria enfrenta las enfermedades infecciosas.

Los tres virus revisados comparten genomas de ARN y, con ello, una elevada capacidad de mutación y adaptación. Sin embargo, cada uno desarrolló estrategias biológicas diferentes para infectar a sus hospedadores. Estas diferencias, y sus consecuencias sobre la salud de los peces y el desempeño productivo, obligaron al país a desarrollar conocimiento científico y estrategias de prevención específicas para cada enfermedad, dejando lecciones que hoy resultan claves frente a la eventual aparición de nuevos virus.

Según explicó el investigador, la historia sanitaria chilena responde a un principio biológico simple: los patógenos acompañan el movimiento del material biológico. Por ello, el desarrollo de la salmonicultura estuvo acompañado también por la introducción sucesiva de nuevos virus. "La historia de la salmonicultura en Chile ha sido una historia de cómo estos virus han ido evolucionando, cómo tienen diferentes estrategias biológicas para afectar a sus hospedadores, pero también de cómo la industria ha ido comprendiendo, desde la ciencia, la forma de controlar estos desafíos sanitarios".

Tres virus, tres estrategias de control

La evolución de estos patógenos y el desarrollo del conocimiento científico han avanzado de la mano durante las últimas cuatro décadas. Junto con el aumento de la producción y crecimiento de la industria, aparecieron también nuevos agentes virales que pusieron a prueba la capacidad de respuesta de esta y marcaron distintos momentos de su evolución sanitaria.

Esa evolución quedó reflejada en tres hitos sanitarios que, además de marcar distintas etapas de la salmonicultura chilena, modificaron profundamente la forma en que la industria entiende la prevención y el control de enfermedades virales.

Necrosis pancreática infecciosa

Biopatología de las enfermedades virales descritas.

El primer gran desafío viral de la salmonicultura chilena, ocurrido en la década de 1980, fue la necrosis pancreática infecciosa o IPN, causada por Aquabirnavirus salmonidae (IPNV), el que afecta principalmente a las células acinales del páncreas, causando necrosis pancreática y lesiones gastrointestinales, siendo característico el hallazgo de un hígado amarillento. Su distribución fue amplia y provocó grandes pérdidas, especialmente, post transferencia a mar. Sin embargo, el Dr. Godoy explicó que, actualmente, constituye uno de los mejores ejemplos de control exitoso de una enfermedad viral en acuicultura.

El académico explicó que el éxito del control de IPNV se sustentó en dos pilares fundamentales de bioseguridad. El primero de ellos, el uso masivo de vacunas de virus muertos, que fue fundamental para el cuadro post-transferencia al mar; y en segundo lugar, el mejoramiento genético basado en QTL (Quantitative Trait Loci o Loci de Rasgos Cuantitativos), marcador genético específico para la resistencia al IPN, en el cromosoma 26 del salmón del Atlántico. De esta manera "el IPN demostró que comprender la biología del virus permitió desarrollar herramientas altamente específicas para reducir su impacto”, sostuvo el académico.

Virus de la anemia infecciosa del salmón

Posteriormente, en el año 2007 comenzó el brote de Isavirus salaris, o ISAV, el que terminaría afectando a más de 150 centros de cultivo en las regiones de Los Lagos y Aysén. El ISAV provoca una enfermedad caracterizada por necrosis vascular y hemorragias masivas, con una llamativa manifestación macroscópica del típico "hígado negro", y signos clínicos como letargia y nado en posición vertical. La gravedad de sus manifestaciones causó tasas de mortalidad cercanas al 90%, obligando a la cosecha anticipada y cierre de más del 60% de los centros de cultivo.

“Yo creo que ISAV ha sido una de las mayores crisis sanitarias que ha tenido la industria salmonicultora en Chile, cambiando cómo la industria ve y entiende la bioseguridad”, comentó Godoy. Así, las medidas desarrolladas para su control se basaron principalmente en tres pilares: cosecha en wellboat cerrado, evitando el contacto directo entre sangre y peces vivos; manejo y disposición adecuada de mortalidad con inactivación de esta; y desinfección de efluentes en plantas de proceso. Estas acciones, acompañadas vacunación, vigilancia activa, y de una zonificación sanitaria, contribuyeron a controlar la enfermedad y modificaron el modelo productivo salmonicultor en Chile.

El investigador también destacó que la evolución del propio virus acompañó este proceso. Mientras las variantes altamente virulentas (HPRΔ) dominaron durante la crisis inicial, con los años comenzaron a detectarse principalmente variantes HPR0, menos virulentas y asociadas a infecciones subclínicas, reflejando la capacidad de adaptación característica de los virus ARN.

Inflamación del músculo esquelético y cardíaco

Desde el 2010, la aparición del Orthoreovirus piscis (PRV), virus causante de la inflamación del músculo esquelético y cardíaco (HSMI) en salmones, ha causado preocupación en la industria. Su cuadro clínico se caracteriza por miocarditis y miocitis debido a la gran respuesta intensa del huésped. Este virus es biológicamente complejo y con una estructura muy resistente en el ambiente a diversos factores y detergentes. Esta enfermedad se asocia a baja mortalidad y alta morbilidad, no obstante, el experto señala una de las preocupaciones actuales al respecto es una eventual evolución que vuelva a enfrentar a la industria a una crisis.

En cuanto a su control, actualmente no existe una vacuna disponible para este virus debido a la dificultad de cultivarlo en línea celular. La estrategia de control propuesta incluye el desarrollo de vacunas, aunque aún se encuentran en etapa de proyecto, y la necesidad de actualizar y fortalecer las medidas de bioseguridad.

A diferencia de IPNV e ISAV, cuya bioseguridad se construyó considerando virus con características distintas, PRV presenta una elevada persistencia ambiental y resistencia frente a detergentes y materia orgánica. Esto obliga a replantear parte de las estrategias de bioseguridad actualmente utilizadas.

Resumen de los tres virus analizados, tejido objetivo, enfermedad causada y estrategia de control utilizada.

¿Nuevos virus?

El investigador sostuvo que la principal fortaleza de Chile para enfrentar futuras enfermedades virales radica en la experiencia acumulada durante las últimas cuatro décadas. No obstante, advirtió que esa preparación dependerá de fortalecer los sistemas de vigilancia, contar con planes de contingencia y mantener una investigación permanente sobre virus que aún no están presentes en el país, como por ejemplo alfavirus de los salmónidos o SAV (Enfermedad Pancreática) o Piscine myocarditis virus (Síndrome Cardiomiopático).

En esa línea, el Dr. Godoy concluyó que el desafío ya no consiste en impedir la evolución de los virus —proceso biológicamente inevitable—, sino en comprender sus cambios con suficiente anticipación para desarrollar herramientas de prevención y control que permitan mantener una salmonicultura cada vez más resiliente y sostenible.