OMSA pone el foco en la bioseguridad para disminuir el uso de antimicrobianos en acuicultura
Representantes de la organización plantearon desafíos en gobernanza, detección precoz, vigilancia y respuesta ante amenazas sanitarias, junto con la necesidad de fortalecer la coordinación público-privada.
La bioseguridad como herramienta para prevenir y controlar enfermedades y reducir la necesidad de utilizar antimicrobianos centró la primera jornada de la serie de seminarios web “Combatiendo la RAM en acuicultura”, iniciada ayer martes. Bajo el título “Bioseguridad en Animales Acuáticos: Pilar fundamental del uso prudente de antimicrobianos en acuicultura”, el encuentro puso énfasis en las medidas preventivas para fortalecer la sanidad de los animales acuáticos y enfrentar la resistencia a los antimicrobianos (RAM). La iniciativa es organizada por el Centro Colaborador CASA y la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).
Javiera Cornejo, directora del Centro para la Gestión de Antimicrobianos (CASA), destacó el trabajo conjunto que la institución desarrolla con la Oficina Regional para las Américas de la OMSA para avanzar en lineamientos vinculados con la sanidad de los animales acuáticos. Explicó que la serie de webinars busca abordar materias prioritarias y, al mismo tiempo, generar un espacio que permita recoger las inquietudes existentes en los distintos países. “Queremos aprovechar esta oportunidad para que manifiesten sus preocupaciones, sus intereses y participen activamente”, señaló.
Desde una perspectiva regional, Francisco D’Alessio, representante regional de la OMSA para las Américas, sostuvo que el crecimiento de la acuicultura debe ir acompañado del fortalecimiento de la sanidad, el bienestar y la prevención de enfermedades. En ese escenario, relevó las medidas destinadas a impedir el ingreso y propagación de agentes patógenos y mejorar las condiciones sanitarias de los establecimientos como una vía para disminuir la aparición de enfermedades y la necesidad de recurrir a antibióticos.
“El uso prudente de estos medicamentos no comienza cuando aparece la enfermedad y tenemos que seleccionar el tratamiento o prescribirlo, sino mucho antes, en la prevención, la bioseguridad, la vigilancia, la detección precoz y la contención”, enfatizó D’Alessio. Para el representante de la OMSA, este enfoque adquiere especial relevancia frente a la resistencia a los antimicrobianos y a las dificultades que todavía enfrentan los países para fortalecer sus capacidades preventivas.
D’Alessio planteó que el objetivo debe ser avanzar hacia animales más sanos y sistemas productivos más resilientes, disminuyendo la necesidad de utilizar antimicrobianos. “Queremos fortalecer la bioseguridad como uno de los pilares de la sanidad de los animales acuáticos y, a la vez, del uso prudente de los antimicrobianos”, sostuvo. Las experiencias compartidas durante el ciclo, agregó, también permitirán identificar necesidades para contribuir a la construcción de una estrategia regional en materia de sanidad de los animales acuáticos.
Enfoque preventivo
Al introducir el marco técnico de la jornada, Alicia Gallardo, presidenta de la Comisión de Animales Acuáticos de la OMSA, situó la bioseguridad entre los aspectos más complejos para quienes trabajan en sanidad acuícola. Según los estándares de la organización, esta comprende medidas físicas y, fundamentalmente, de gestión destinadas a disminuir el riesgo de introducción y propagación de agentes patógenos, considerando tanto las enfermedades listadas por la OMSA como aquellas relevantes para la realidad sanitaria y productiva de cada país.
“La bioseguridad no significa una medida especial en un cierto ambiente de producción, sino que involucra todas las etapas del ciclo productivo”, remarcó Gallardo. Animales vivos, agua, fauna silvestre, equipos y personas pueden constituir vías de ingreso o transmisión de patógenos, por lo que cada eslabón debe actuar como una barrera preventiva. Este enfoque abarca desde el origen y movimiento de los animales hasta el transporte, los centros de cultivo y la cosecha, conectando las acciones implementadas en los establecimientos con una estrategia sanitaria de alcance nacional.
El análisis de riesgo y el conocimiento del estatus sanitario constituyen, bajo este modelo, puntos de partida para determinar las medidas necesarias. Esto implica combinar la vigilancia pasiva —incluyendo la evaluación de mortalidades, sus causas y la observación cotidiana de los animales— con sistemas de vigilancia activa que permitan dimensionar los riesgos particulares de cada establecimiento. “Una vez evaluado el riesgo, el capítulo de bioseguridad en establecimientos propone ciertas medidas de mitigación específicas”, explicó Gallardo, precisando que estas deben ser proporcionales al riesgo y sustentarse en la información científica o sanitaria disponible.
Especial atención puso la experta en la capacidad de detectar tempranamente las amenazas sanitarias, particularmente ante un escenario de cambio climático y de emergencia o reemergencia de enfermedades de animales acuáticos. “La capacidad de prevenir, la capacidad de detectar tempranamente —ahí probablemente tengamos los mayores desafíos—, la capacidad de responder ante un hallazgo o un quiebre de la bioseguridad y también de demostrar la condición de nuestro estatus sanitario”, enumeró. Para fortalecer estas capacidades, mencionó sistemas efectivos de notificación, vigilancia en los establecimientos, investigación y herramientas tecnológicas como la inteligencia artificial.
Gallardo identificó además aspectos pendientes relacionados con la gobernanza, una normativa adecuada, la definición de responsabilidades entre las autoridades competentes, el control sanitario de los movimientos y la disponibilidad de planes de contingencia frente a eventuales quiebres de bioseguridad. En este ámbito, otorgó especial importancia a la articulación público-privada para trasladar las recomendaciones desde el plano regulatorio hasta su aplicación en los establecimientos acuícolas. “La clave es que la bioseguridad nacional depende de un trabajo integrado, coordinado y permanente”, concluyó.
La jornada también contempló tres casos de estudio enfocados en experiencias concretas desarrolladas en distintos países de la región. Fernando Ramos, especialista en Sanidad Acuícola de la Subdirección de Sanidad del Ministerio de Producción de Perú, abordó la aplicación de inteligencia artificial en bioseguridad para camarones; mientras que Margy Villanueva, líder del Programa Sanitario de Especies Acuícolas del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), expuso sobre el programa de establecimientos de acuicultura bioseguros de Colombia. En tanto, Naoko Quijano, profesional del Ministerio de Agricultura de El Salvador, presentó una experiencia de evaluación de bioseguridad para granjas de tilapia en estanques de tierra, completando una mirada práctica sobre la aplicación de estas estrategias en diferentes sistemas productivos acuícolas de América.