Producción de salmón coho suma herramientas para anticipar riesgos y mejorar su desempeño
Genética, nutrición funcional, hematología digital y conocimiento fisiopatológico están ampliando las alternativas para enfrentar desafíos sanitarios y ambientales durante el cultivo de la especie.
Los desafíos productivos del salmón coho concentraron uno de los bloques de Pacific Silver, encuentro organizado por Vitapro Chile, a través de su marca Salmofood. Las presentaciones abordaron distintos factores que inciden en el desempeño de la especie, desde las patologías y los efectos de condiciones ambientales adversas hasta el mejoramiento genético, la nutrición funcional y nuevas herramientas de diagnóstico. A partir de evidencia científica, resultados experimentales y experiencias desarrolladas en la industria, los especialistas analizaron cómo anticipar riesgos y fortalecer la capacidad productiva del coho frente a escenarios cada vez más exigentes.
El bloque sanitario comenzó poniendo en perspectiva una de las ventajas que presenta el coho frente a otras especies. En su charla “Patologías asociadas a salmón coho”, el Dr. Hugh Ferguson, profesor emérito de la Universidad de Stirling, Escocia, enfatizó que, pese a enfrentar distintas enfermedades virales, bacterianas y parasitarias, la especie posee una mayor resistencia frente a patologías que generan importantes dificultades en salmón del Atlántico. “No quiero transmitir la idea de que desde el punto de vista sanitario todo sea negativo. Los cohos son animales extraordinarios y relativamente resistentes a muchas enfermedades”, sostuvo Ferguson. Entre los cuadros analizados abordó la inflamación del músculo esquelético y cardíaco asociada a PRV, explicando que el coho puede presentar lesiones similares a las observadas en Atlántico, aunque generalmente con menor severidad, además de su asociación con el síndrome de ictericia.
“Estos peces están creciendo a una velocidad extraordinaria: cinco kilos en siete meses”, advirtió el patólogo al detenerse en casos de daño vertebral observados en ejemplares de gran tamaño. Si bien aclaró que todavía no existe certeza respecto de su causa, planteó como interrogante si las elevadas tasas de crecimiento podrían estar ejerciendo algún efecto sobre la estructura ósea, estableciendo un paralelo con problemas descritos en otras especies animales sometidas a crecimientos acelerados. Dentro de las patologías bacterianas, Ferguson también identificó a Piscirickettsia como uno de los problemas relevantes para el coho, describiendo lesiones que pueden comprometer piel, hígado, cerebro y ojos, mientras que la enfermedad bacteriana del riñón, causada por Renibacterium salmoninarum, puede afectar distintos tejidos y, en cuadros avanzados, provocar alteraciones capaces de comprometer las funciones renal y cardíaca.
Otro foco de atención estuvo en los efectos que los cambios ambientales podrían ejercer sobre la salud de los peces. Ferguson anticipó que el aumento de las temperaturas del agua podría favorecer una mayor ocurrencia de problemas vinculados con medusas y expuso evidencia obtenida en Escocia que relacionó estos organismos con Tenacibaculum: análisis moleculares encontraron bacterias prácticamente idénticas en las medusas y en las branquias afectadas, lo que llevó a plantearlas como posibles vectores. “Encontramos que las bacterias presentes en las branquias eran básicamente las mismas que hallamos en las medusas; había una diferencia de un solo par de bases”, explicó. El académico cerró poniendo estos riesgos en perspectiva, destacando que el coho permanece relativamente libre de numerosos problemas sanitarios y mencionando, entre sus ventajas, respuestas de la piel que contribuyen a su resistencia frente a determinados parásitos, característica cuyo componente genético continúa siendo investigado.
Una mirada diferente llegó desde el mejoramiento genético. La Dra. Paulina López, investigadora senior del Departamento de Genética de AquaGen, repasó en “Genética que deja huella: progreso productivo y selección en el salmón coho” la evolución de un programa iniciado en 2013 a partir de tres poblaciones presentes en Chile. Desde entonces, la compañía incorporó selección para crecimiento, calidad y resistencia a SRS, además de avanzar en la desestacionalización de la producción de ovas. Entre los resultados productivos, López destacó que, al comparar la genética actual con las poblaciones parentales bajo condiciones equivalentes, los peces alcanzaron en agua de mar pesos entre 22% y 31% superiores, mientras que el rendimiento, medido en kilogramos por smolt por mes, aumentó entre 23% y 38%. “En promedio, la ganancia genética por cada generación fue cercana a 12% respecto de las poblaciones iniciales”, precisó la investigadora.
“La selección no sólo ha estado cambiando el desempeño, sino que también ha ido dejando una huella en el genoma”, enfatizó López. Los análisis identificaron una marcada diferenciación en el cromosoma 21, donde se encuentra una región asociada con resistencia a SRS, y mostraron que la frecuencia del alelo favorable alcanzó alrededor de 58% en la población actual, prácticamente el doble que en una de las poblaciones de origen y hasta nueve o diez veces más que en otras. A ello se sumaron señales genéticas vinculadas con inmunidad, crecimiento y metabolismo. Para la especialista, el próximo desafío será generar condiciones productivas, nutricionales y de manejo que permitan expresar al máximo ese potencial. “Esperamos que el progreso genético sea acelerado y que hacia adelante podamos alcanzar un mayor incremento en crecimiento”.
Ambiente y fisiología
La interacción entre ambiente y fisiología fue otro de los ejes analizados durante la jornada. En la charla “Aspectos fisiopatológicos asociados con desafíos ambientales y cultivos en salmón coho”, el Dr. Sergio Silva, gerente de Desarrollo de Vitapro Chile, situó a la hipoxia y el estrés oxidativo como factores transversales detrás de alteraciones digestivas, cardiomiopatías e ictericia. Entre los fenómenos abordados estuvo la regurgitación o fat belching, que se presenta principalmente durante el período estival y ha sido asociada a bajos niveles de oxígeno. “La evidencia sugiere que la liberación del alimento podría corresponder más a una regurgitación mediada por hipoxia”, explicó Silva. A partir de datos de campo, el especialista advirtió además que caídas abruptas del oxígeno pueden quedar ocultas al trabajar únicamente con promedios diarios, registrándose episodios inferiores a 1 mg/L que, combinados con altas temperaturas y salinidad, coincidieron con aumentos posteriores de mortalidad.
“Sobre los 18 °C, el corazón no tiene la misma capacidad para responder a esta exigencia”, advirtió el profesional al profundizar en los efectos fisiológicos que pueden generar las condiciones ambientales adversas. Silva relacionó el aumento de temperatura y la menor disponibilidad de oxígeno con una reducción de la capacidad de oxigenación de los tejidos y procesos de estrés oxidativo, factores que podrían contribuir tanto al daño cardíaco como a cuadros de ictericia. Frente a este escenario, sostuvo que el desafío productivo pasa por anticiparse mediante criterios de alimentación apoyados en modelos predictivos que integren variables como mareas, temperatura, oxígeno y corrientes, junto con herramientas diagnósticas más específicas y estrategias nutricionales preventivas. De esta manera, planteó que comprender las interacciones entre ambiente y fisiología permitirá avanzar desde la reacción frente a estos cuadros hacia un manejo orientado a reducir su ocurrencia.
Desde la nutrición, la discusión se trasladó hacia las herramientas disponibles para mejorar la capacidad de respuesta de los peces frente a estas condiciones. Rayen Collipal, Product Manager de Investigación de Vitapro Chile y científica de datos del Centro Experimental Acuícola (CEA), presentó resultados obtenidos con un complemento nutricional desarrollado a partir de antioxidantes, fitoesteroles y flavonoides. “Lo que buscamos es mantener estable la presencia de HIF-1 alfa, para que el pez esté más capacitado para responder y activar rápidamente su respuesta adaptativa a la hipoxia”, explicó Collipal. La estrategia apunta además a proteger los sistemas cardiovascular y gastrointestinal durante períodos críticos, incorporando sustratos energéticos alternativos para disminuir el impacto sobre tejidos clave.
“Los peces suplementados fortalecen su resiliencia ante la baja de oxígeno y también frente al retorno de este”, destacó la investigadora al exponer los resultados de los ensayos. Durante el desafío, los grupos suplementados alcanzaron un crecimiento significativamente mayor que los peces sometidos a hipoxia sin suplementación, diferencia que Collipal vinculó principalmente con un mejor aprovechamiento de los nutrientes. En estos últimos, el factor de conversión llegó prácticamente a 2, mientras la estrategia nutricional permitió reducir aproximadamente a la mitad el impacto observado bajo estas condiciones. Los análisis fisiológicos mostraron, además, una recuperación más cercana a los niveles basales una vez restablecido el oxígeno y una menor alteración del volumen de los eritrocitos, indicador relevante para la función cardiovascular. “Estábamos mirando cantidad y no calidad”, puntualizó Collipal, al explicar que el desafío no pasa únicamente por disponer de más células sanguíneas, sino también por preservar su condición y capacidad para transportar oxígeno adecuadamente.
La posibilidad de anticipar la evolución de los cuadros sanitarios marcó, en tanto, la presentación de Claudio Arcos, Project Manager and Customer Support de Pharmaq Analytics. En la charla “Hematología digital como herramienta de precisión en el diagnóstico del síndrome ictérico en salmón coho”, dio a conocer una tecnología desarrollada a partir de un proyecto iniciado en Chile para estandarizar y robustecer el análisis sanguíneo. La herramienta permite escanear cerca de 700 campos en aproximadamente cinco minutos y analizar entre 3.000 y 3.500 células mediante deep learning, clasificándolas de acuerdo con sus características. “Tener información robusta respecto de cómo está la sangre es clave para un adecuado diagnóstico y también para el pronóstico de la enfermedad”, explicó Arcos. El especialista destacó que esta metodología complementa técnicas como PCR, histología y perfiles bioquímicos, reduciendo la variabilidad propia de la lectura manual y generando información comparable durante el seguimiento de las poblaciones.
“Cuando empezamos a observar que aumentan los cuerpos de inclusión y los glóbulos rojos inmaduros, ya tenemos una alerta”, señaló Arcos al explicar cómo la combinación de distintos indicadores permite seguir la progresión del síndrome ictérico e incluso reconocer etapas previas a la aparición de mortalidad y signos clínicos. Tras ocho años recopilando información, Pharmaq Analytics ha identificado patrones que se repiten durante el desarrollo y resolución de la enfermedad, entre ellos cambios en la relación entre linfocitos y heterófilos y en la presencia de glóbulos rojos inmaduros. En cuadros con evolución favorable, estos parámetros tienden a retornar a rangos normales, mientras que la persistencia de anemia y alteraciones celulares puede advertir una condición crónica. “Disponer de datos confiables y estandarizados permite fortalecer el diagnóstico y el pronóstico; un diagnóstico oportuno también permite tomar acciones a tiempo y reducir las pérdidas”, puntualizó. Así, la posibilidad de identificar tempranamente estas señales se suma a las herramientas destinadas a anticipar riesgos y respaldar decisiones de manejo durante el ciclo productivo del coho.