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Chileno patenta innovación que transforma la limpieza de redes acuícolas con aire caliente

Imagen referencial de biofouling.

El proyecto cambia el uso de agua a presión por el uso de aire caliente, secando de manera más homogénea y removiendo la biomasa de las redes acuícolas, sin la abrasión causada por los sistemas de alta presión.

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El sistema desarrollado por el ingeniero civil industrial Andrés Bedecarratz seca las redes dentro de un tambor rotatorio para desprender el biofouling y recuperar los residuos en estado sólido. La innovación, protegida por dos patentes nacionales, busca avanzar hacia la construcción de un prototipo comercial.

Del agua al aire

El lavado de redes acuícolas depende tradicionalmente de grandes volúmenes de agua para retirar algas, moluscos y otros organismos adheridos durante el transcurso de su uso en los centros salmonicultores. Además de generar residuos industriales líquidos y sólidos en tierra, este proceso obliga a tratar corrientes que contienen materia orgánica disuelta y restos de pinturas antifouling. A esto, se le suma el costo y la dificultad de transportar redes cuyo peso se incrementa considerablemente por el biofouling.

Frente a este escenario, el ingeniero civil industrial e inventor independiente Andrés Bedecarratz, propone cambiar el principio utilizado para la limpieza: en lugar de remover las incrustaciones mediante agua a presión, su tecnología emplea aire caliente para secar la biomasa y facilitar su desprendimiento desde las mallas.

Desarrollo del proyecto

La iniciativa comenzó en 2011 y dio origen a la patente chilena CL 51850, correspondiente a un equipo instalado dentro de un contenedor marítimo, que incluye una cámara de secado vertical con flujo de aire impulsado por un ventilador, una cámara de secado y un quemador variable de gas para controlar la temperatura y humedad, todo gestionado por un sistema de control automático, capaz de secar, pasteurizar y limpiar redes acuícolas.

Posteriormente, Bedecarratz desarrolló una segunda versión, protegida mediante la patente CL 68744. El nuevo dispositivo incorpora dos cilindros concéntricos: uno exterior y una cámara interior rotatoria donde se deposita la red. Entre ambos existen compartimentos que distribuyen el aire caliente a través de perforaciones ubicadas en el manto del tambor. “Es una especie de secadora de ropa convencional, pero de media presión. Ingresamos el aire desde el fondo del tambor mientras la red se encuentra en rotación, lo que permite que atraviese la carga y produzca un secado más homogéneo”, una especie de secador de lecho fluidizado por rotación, explicó el ingeniero.

Taller de lavado en seco.

Mientras el tambor gira, las redes ruedan sobre el flujo de aire caliente. El proceso deshidrata el biofouling y la fricción ayuda a separar la biomasa de las fibras. El sistema contempla además la recirculación del aire y un ciclón de precipitación, destinado a separar y recolectar los sólidos desprendidos. Según el inventor, esta configuración podría integrar cuatro operaciones en un mismo proceso: secado, limpieza, desinfección térmica y estabilización de los residuos. Como desarrollo posterior, también evalúa incorporar la impregnación y el secado de pinturas antifouling dentro del equipo.

Nuevo diseño, nuevos beneficios

Una prueba piloto a escala industrial fue realizada con una red que pesaba aproximadamente cuatro toneladas antes del tratamiento y dos toneladas una vez seca. Tras el proceso, el material incrustante quedó deshidratado y pudo desprenderse prácticamente como polvo, aunque el prototipo utilizado todavía no contaba con el tambor rotatorio incluido en el diseño más reciente.

La eliminación del agua permitiría evitar la generación de RILES asociados directamente al lavado y reducir el peso transportado hacia los talleres. También podría disminuir la abrasión causada por los sistemas de alta presión, aunque estos beneficios deberán cuantificarse mediante nuevas pruebas industriales que comparen el desempeño, consumo energético y efecto sobre la resistencia de las redes.

Otra diferencia sería la forma de manejar los residuos. En vez de quedar suspendidos en el agua, las algas, moluscos y otros organismos serían recuperados como material seco, lo que facilitaría su almacenamiento, transporte y eventual valorización. De esta forma, Bedecarratz plantea que esta biomasa podría separarse posteriormente para producir fertilizantes, ingredientes para alimentación animal u otros productos. Sin embargo, estas aplicaciones corresponden todavía a oportunidades potenciales y requerirán estudios sobre composición, inocuidad, trazabilidad y presencia de contaminantes, especialmente cuando se procesen redes impregnadas con antifouling.

Futuro del proyecto

Las patentes CL 51850 y CL 68744 se encuentran vigentes en Chile aproximadamente hasta 2031 y 2042, respectivamente. Aunque el segundo desarrollo fue presentado mediante el sistema internacional de patentes, la protección no continuó en los países seleccionados debido a la falta de capital para cubrir el proceso.

Actualmente, el proyecto se encuentra —de acuerdo con la estimación del propio inventor— cercano a un nivel TRL 7 y requiere financiamiento y un socio industrial para construir el prototipo comercial, validar su operación continua y optimizarlo en un taller de redes. “Lo que necesitamos es que la industria conozca la alternativa. Nadie quiere avanzar solo, pero ya existe el diseño y contamos con empresas interesadas en participar”, añadió Bedecarratz.

De acuerdo con el ingeniero, el proyecto ha llegado a una etapa donde necesita ser tomado por la industria para su comercialización. “Llegamos hasta aquí y de aquí lo tiene que tomar la industria”, ya que la idea necesitaría “un poquito de maduración en la industria”, de esta manera, podría tomar el impulso necesario junto al compromiso de la industria para avanzar hacia la fase comercial.

Para quien se interese en el proyecto, puede tomar contacto con Andrés Bedecarratz al correo abedecarratz@gmail.com