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Chile importa casi toda su harina de soya: la transformación que promete la salmonicultura

Plenaria del Panel 3: Materias primas certificadas para la reducción de emisiones en la acuicultura, de izquierda a derecha Ángela Saavedra (Consejo del Salmón), Mariela Montoya (RTRS) y Juan Manuel Leiva (Skretting).

La ruta 2026-2027 AgroSalmón concluye que, si aumenta la participación de materias primas nacionales en la alimentación de los salmones, la demanda podría multiplicarse y beneficiar a los agricultores chilenos.

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Ayer se realizó la segunda parte de Regenera Patagonia, en la que representantes de la cadena agrícola, certificadoras y la industria de alimentos para salmones coincidieron en que avanzar hacia materias primas certificadas y trazables para la producción acuícola dependerá menos de nuevas exigencias y más del trabajo coordinado entre todos los actores de la cadena productiva.

La reducción de emisiones en la salmonicultura ya no es una ventaja competitiva, sino que es un requisito obligatorio, lo que incluye todo el proceso productivo, que comienza mucho antes de que el alimento llegue a los centros de cultivo, específicamente en el origen de las materias primas vegetales.

Este tema fue abordado en profundidad en el panel "Materias primas certificadas para la reducción de emisiones en la acuicultura", donde se analizó cómo la colaboración entre agricultura, certificadoras, fabricantes de alimento y productores de salmón puede transformarse en una herramienta concreta para disminuir la huella de carbono de la industria.

Certificaciones

Mariela Montoya, gerente de Desarrollo de Mercado para Latinoamérica de RTRS.

Uno de los datos que marcó la discusión fue presentado por Mariela Montoya, gerente de Desarrollo de Mercado para Latinoamérica de RTRS (Round Table on Responsible Soy). Según explicó, el 85% de la harina de soya que Chile importa proviene de Argentina, convirtiendo a ese país en un actor clave para cualquier estrategia orientada a reducir la huella de carbono y fortalecer la trazabilidad de uno de los principales insumos utilizados en la alimentación del salmón.

La ejecutiva comentó que, aunque actualmente Chile representa sólo entre un 3% y un 4% de las exportaciones argentinas de harina de soya, la creciente demanda de materias primas con atributos ambientales verificables puede posicionar a Argentina como una plataforma estratégica para abastecer a la acuicultura chilena con soya certificada y trazable.

Montoya explicó que RTRS se encuentra desarrollando un piloto de 18 meses que abarcará toda la cadena de suministro, desde la producción de soya certificada en Argentina hasta la elaboración del alimento y su utilización en la acuicultura chilena. El objetivo es cuantificar la huella de carbono utilizando datos primarios y transferir esos atributos ambientales a lo largo de toda la cadena logística. Con ello se busca responder a una demanda creciente por trazabilidad física y datos específicos de origen, ya que los compradores exigen cada vez más información primaria en reemplazo de factores promedio de emisión.

Fabricación de alimento

Juan Manuel Leiva, subgerente de Sostenibilidad de Skretting Chile.

La relevancia de estas materias primas también fue abordada por Juan Manuel Leiva, subgerente de Sostenibilidad de Skretting Chile, quien recordó que el alimento representa cerca del 70% de la huella de carbono asociada al salmón, y que aproximadamente el 73% de esa huella corresponde específicamente a ingredientes de origen vegetal.

Leiva indicó que la formulación de los alimentos ha evolucionado significativamente durante las últimas décadas, pasando desde una fuerte dependencia de ingredientes marinos hacia matrices nutricionales mucho más diversificadas, donde las proteínas y aceites vegetales cumplen un rol cada vez más importante.

Para Leiva, el creciente protagonismo de la soya certificada es consecuencia de una transformación que comenzó y se desarrolló durante los últimos 25 años. Mientras en el año 2000 un alimento para salmón se formulaba principalmente con harina y aceite de pescado, hoy predominan las materias primas vegetales y otros ingredientes alternativos, reservando los ingredientes marinos para aportar nutrientes específicos. Este cambio, explicó, ha permitido reducir significativamente la dependencia de recursos marinos, pero también trasladó el foco hacia la sostenibilidad y trazabilidad de las materias primas agrícolas, ya que el alimento concentra cerca del 70% de la huella de carbono del salmón de cultivo.

Estas exigencias ya están incorporadas en estándares internacionales como ASC, BAP y Global G.A.P., que incluyen requisitos relacionados con la certificación de la soya, la trazabilidad y el reporte de emisiones, haciendo indispensable que toda la cadena avance de manera coordinada.

En ese contexto, tanto Leiva como Montoya coincidieron en que la sostenibilidad no puede recaer únicamente sobre un eslabón de la cadena.

La implementación de certificaciones, el levantamiento de datos primarios o la adopción de prácticas regenerativas implican inversiones que requieren ser compartidas entre productores agrícolas, fabricantes de alimento, salmonicultores y compradores finales.

Alianzas para avanzar

Ángela Saavedra, directora general de Los Lagos del Consejo de Salmón.

A lo anterior, se suma el trabajo del Consejo del Salmón, que presentó la iniciativa AgroSalmón, alianza desarrollada junto al sector agrícola para fortalecer el encadenamiento productivo entre ambos rubros y aumentar la participación de ingredientes nacionales, promoviendo al mismo tiempo sostenibilidad, trazabilidad y competitividad.

Ángela Saavedra, directora general de Los Lagos del Consejo de Salmón, apuntó que la salmonicultura consume alrededor de 1,1 millones de toneladas de alimento al año, de las cuales un 60% corresponde a ingredientes de origen vegetal, mientras que cerca del 80% de estos insumos son importados, evidenciando la estrecha dependencia existente entre ambos sectores productivos.

La hoja de ruta de AgroSalmón considera cuatro ejes: sustitución y desarrollo de ingredientes nacionales, sostenibilidad, trazabilidad y digitalización, además del fortalecimiento de la marca país, buscando transformar una relación comercial en una estrategia de desarrollo conjunto.

La ruta 2026-2027 AgroSalmón concluye que, si aumenta la participación de materias primas nacionales en la alimentación de los salmones, la demanda por trigo chileno podría duplicarse a 230 mil toneladas, abriendo una oportunidad concreta para agricultores del centro y sur del país.

Más allá de las distintas iniciativas presentadas, el panel dejó un mensaje transversal: reducir las emisiones de la acuicultura no dependerá sólo de nuevas tecnologías o certificaciones, sino de la capacidad de agricultores, certificadoras, fabricantes de alimento y productores de salmón para construir cadenas de suministro transparentes, trazables y basadas en objetivos compartidos.