Adolfo Alvial: “El próximo salto es hacer esta acuicultura más predecible”
Durante una conferencia de Nexo Azul, el ejecutivo abordó los aprendizajes de la salmonicultura chilena y los desafíos que marcarán su próxima etapa de desarrollo.
La experiencia acumulada por la salmonicultura chilena, los aprendizajes derivados de sus crisis y las capacidades científico-tecnológicas desarrolladas durante décadas fueron parte de la conferencia magistral “Salmonicultura chilena: lecciones aprendidas y perspectivas”, organizada por Nexo Azul y dictada por Adolfo Alvial, director ejecutivo del Club de Innovación Acuícola y de Orbe XXI.
La actividad correspondió a la primera conferencia magistral impulsada por Nexo Azul, comunidad profesional latinoamericana que reúne a más de 40 líderes y expertos de 14 países. Su presidente y director ejecutivo, Roberto Arosemena, explicó que la iniciativa busca conectar a quienes participan de la acuicultura regional, generar nuevas relaciones, promover la colaboración y aprovechar experiencias desarrolladas en distintos territorios para construir soluciones frente a los desafíos del sector.
“Buscamos no solamente hablar de éxitos, sino precisamente conocer todos aquellos desafíos, decisiones que se tomaron, los errores, las lecciones aprendidas en el camino”, señaló Arosemena, quien planteó que la trayectoria de la salmonicultura chilena constituye un caso especialmente relevante para este propósito debido al desarrollo alcanzado y al aprendizaje generado durante su evolución.
Alvial planteó que la experiencia chilena no debe entenderse como una receta replicable para otras acuiculturas, sino como una fuente de aprendizajes que puede resultar útil para países que están fortaleciendo sus sectores productivos. A su juicio, Chile pasó desde una gran innovación productiva hacia la construcción de una plataforma de capacidades que actualmente puede sustentar una nueva etapa de desarrollo acuícola.
Dentro de ese recorrido, destacó que una de las principales lecciones fue comprender que las ventajas naturales no bastaban para asegurar competitividad. El crecimiento del sector requirió investigación, formación de capital humano, infraestructura, adaptación tecnológica y el desarrollo de una red de proveedores que progresivamente asumió actividades originalmente realizadas por las propias empresas productoras. Esta interacción, sostuvo, contribuyó a configurar un clúster donde industria, proveedores, academia y sector público fueron desarrollando capacidades en un mismo territorio.
Gestionar el riesgo
Uno de los principales puntos abordados por Alvial fue el impacto de crecer a una velocidad superior a la capacidad de gobernanza. El acelerado aumento productivo terminó exponiendo debilidades sanitarias y de bioseguridad, demostrando que el desempeño individual de un centro de cultivo no puede analizarse separadamente del riesgo existente en el territorio donde opera. “La productividad de un centro, o de una granja, no compensa el riesgo sistémico de un territorio”.
La crisis provocada por el virus ISA marcó, en ese sentido, un cambio de paradigma. Según explicó, la industria transitó desde una gestión esencialmente individual hacia un enfoque sistémico, fortaleciendo la bioseguridad, vigilancia, coordinación sanitaria entre centros, descansos productivos, control de movimientos, regulación y fiscalización. Este proceso involucró no solamente al Estado y las empresas, sino también a la ciencia, el sistema financiero y otros actores.
Para Alvial, una de las consecuencias más relevantes fue comprender que las crisis también pueden acelerar el aprendizaje colectivo. La colaboración permitió establecer nuevas reglas y fortalecer la capacidad de respuesta del sector, aunque reconoció que permanecen desafíos sanitarios, particularmente asociados a Caligus y Piscirickettsia salmonis. A su juicio, el activo generado después de una crisis correctamente gestionada no es únicamente una regulación más robusta, sino también confianza, coordinación y capacidad de respuesta.
Otro aprendizaje está relacionado con el acceso al financiamiento. El ejecutivo sostuvo que la disponibilidad de capital está estrechamente vinculada con la capacidad de una industria para comprender y gestionar sus riesgos. En Chile, recordó, el sector evolucionó desde inversiones realizadas con capital propio hacia seguros, créditos, refinanciamientos, emisiones de bonos y, más recientemente, financiamiento vinculado con sostenibilidad. “Cuando el riesgo se entiende, se comparte y se gobierna, el capital se vuelve más paciente y sofisticado”.
A partir de esta evolución, Alvial sostuvo que el principal activo construido por Chile ya no corresponde únicamente al salmón producido, sino también a las capacidades que se desarrollaron alrededor de esta actividad. Entre ellas mencionó capital humano, proveedores científico-tecnológicos, universidades y centros de investigación y desarrollo, capacidades regulatorias y sanitarias, además de experiencia exportadora y redes internacionales.
Precisamente allí situó uno de los desafíos centrales para los próximos años: avanzar hacia una acuicultura más predecible. Sensores, biotecnología, grandes volúmenes de datos, inteligencia artificial y automatización permiten actualmente integrar variables y mejorar los procesos de decisión. “El gran salto no va a ser solamente producir más, va a ser reducir la incertidumbre”, manifestó, vinculando esta transformación con la capacidad de medir, anticipar, decidir, actuar y aprender.
Esta transformación tecnológica, advirtió, deberá estar acompañada por capital humano preparado para adoptar las nuevas herramientas. Para Alvial, adquirir tecnología no será suficiente si las personas no cuentan con las competencias necesarias para comprenderla, integrarla y utilizarla en mejores decisiones. Al mismo tiempo, planteó que Chile tiene la posibilidad de abrir una segunda frontera exportadora basada en soluciones para salud, medio ambiente, alimentación, operación y procesos, aprovechando las capacidades construidas por la salmonicultura.
De cara al futuro, el director ejecutivo del Club de Innovación Acuícola proyectó una actividad más predecible y sostenible, capaz de exportar tecnología y capital humano, diversificar especies y profundizar la innovación colaborativa. A ello sumó la necesidad de contar con reglas claras y estables, fortalecer la cooperación público-privada y avanzar hacia una mayor articulación latinoamericana. “El legado del salmón es mucho más que salmón. Es una capacidad acumulada para innovar, para colaborar, para gestionar riesgos y crear nuevas acuiculturas”, concluyó.