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La innovadora tecnología que gana terreno en la cadena de frío del salmón chileno

José Rodríguez.

Con 24 años de trayectoria, QHielo destaca el uso de hielo líquido para enfriar biomasa sin daño mecánico, automatizar plantas en circuito cerrado y avanzar hacia refrigerantes sostenibles.

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En la salmonicultura, enfriar rápido el pescado tras la cosecha es clave para ralentizar el rigor mortis, frenar la proliferación bacteriana y cuidar la calidad del producto. Con presencia desde la Región de Los Lagos hasta la de Magallanes, QHielo ha visto cómo esa exigencia ha ido en aumento.

José Rodríguez, ingeniero de desarrollo de la Gerencia de Innovación de la empresa, explica que “factores como el crecimiento de la producción, el cual se triplicó entre el año 2000 y 2025, y el aumento de las temperaturas ambientales han generado un escenario donde las demandas por refrigeración se relacionan directamente con los volúmenes de biomasa procesados y exigiendo capacidades de enfriamiento más eficiente”.

Frente a ese panorama, la compañía asumió el desafío de modernizar el proceso. “En QHielo asumimos el compromiso de liderar la tecnificación del proceso”, afirma Rodríguez. Esto implicó incorporar el Flow-Ice, una mezcla de agua y microcristales de hielo que opera a -2,1 °C y que reduce la dependencia exclusiva del hielo en escama, con el objetivo de acortar los tiempos de enfriamiento y garantizar la calidad del producto final.

Uno de sus rasgos distintivos es la forma de los cristales, que miden entre 100 y 500 micras según su tiempo de almacenamiento y son esféricos, sin aristas cortantes. “Esta estructura redondeada permite una cobertura homogénea sobre las superficies internas y externas del salmón”, sostiene el ingeniero.

Según explica, “al adaptarse a la forma del producto, se maximiza el área de contacto térmico”, lo que además reduce casi por completo los daños mecánicos por fricción.

El traslado a las plantas de proceso es otro punto sensible. En el caso de los isotanques, la mezcla tiende a separarse por su naturaleza bifásica: “los microcristales de hielo quedan suspendidos en los estratos medio y superior del camión, mientras que el agua fría se acumula en el fondo”. Por eso, dice Rodríguez, el principal desafío es “mantener la homogeneidad del medio durante todo el trayecto”. A esto se suman otros factores que afectan la cadena de frío, como “la temperatura inicial del salmón, las toneladas a enfriar, las condiciones ambientales y las distancias de los trayectos”.

Foto: QHielo.

Para enfrentarlos, agrega, “se han implementado sistemas de recirculación en los camiones, los cuales permiten homogeneizar las fases de la mezcla y sostener de forma estable las temperaturas que solicita cada actor”.

Dentro de la planta, el hielo líquido se comporta como un fluido y puede bombearse por tuberías desde el generador hasta los puntos de consumo. Según el ingeniero, esto permite “disminuir la manipulación y eliminar el manejo manual de carga, ayudando a la prevención de accidentes”.

También hace posible “monitorear, controlar y automatizar la dosificación sin desperdicios”. Y como la producción y el suministro operan en circuitos cerrados, “el hielo queda aislado a factores externos, anulando los riesgos de contaminación cruzada asociados a la manipulación humana”, lo que favorece la inocuidad del producto final y el cumplimiento de la normativa alimentaria.

Mirando hacia adelante, Rodríguez indica que “las tendencias de refrigeración industrial están fuertemente marcadas por la transición hacia tecnologías de bajo impacto ambiental, impulsadas por acuerdos internacionales como la Enmienda de Kigali”. Este acuerdo busca reducir progresivamente los gases HFC, por su alto potencial de calentamiento global. En ese camino, la acuicultura avanza hacia refrigerantes naturales, hidrocarburos e hidrofluoroolefinas (HFO), desarrollados para sustituir a los antiguos refrigerantes de alto impacto.