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La alimentación funcional comprobó una baja en la mortalidad de salmón frente a algas nocivas

Dietas funcionales reforzaron la inmunidad del salmón del Atlántico y redujeron hasta un 61% la mortalidad durante una floración algal natural en condiciones comerciales.

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Un estudio desarrollado por investigadores de instituciones chilenas y noruegas evaluó el efecto de dos aditivos comerciales incorporados a dietas funcionales sobre la respuesta inmune innata y adaptativa de salmón del Atlántico en fase de mar, bajo condiciones reales de producción en un centro de cultivo de Salmones Camanchaca, en la Región de Los Lagos, logrando mantener una respuesta inmune reforzada incluso seis semanas después de finalizar su uso.

El ensayo se desarrolló a escala comercial, utilizando peces distribuidos en jaulas marinas y sometidos a las mismas condiciones que enfrenta habitualmente la industria. Es más, de manera inesperada, se registró una floración algal natural (FAN) en el centro de cultivo de estudio, permitiendo evaluar cómo respondían peces previamente "preparados" frente a un evento ambiental real.

Este trabajo plantea así la opción de utilizar la alimentación como una herramienta para preparar fisiológicamente a los peces antes de enfrentar períodos de mayor riesgo sanitario o ambiental, más que sólo utilizarlos para maximizar el crecimiento y la eficiencia alimenticia.

Materiales y métodos

El ensayo se llevó a cabo en una piscifactoría marina de Salmones Camanchaca en Contao, Chile, con 75.000 post-smolt por jaula, y fueron alimentados durante 90 días con la dieta comercial New Power® de BioMar Chile, con la misma dieta suplementada con Pack Salud —una mezcla de beta-glucanos, nucleótidos y vitamina C— o con Futerpenol®, un aditivo basado en fucoidanos de algas y diterpenos vegetales. Posteriormente, todos los grupos volvieron a recibir la dieta convencional durante seis semanas adicionales.

Se realizaron cuatro muestreos, seleccionando aleatoriamente 15 peces por jaula en t0 (antes de iniciar las dietas funcionales), t1 (34 días), t2 (90 días) y t3 (42 días después de finalizar la alimentación funcional). Entre t2 y t3 ocurrió una floración algal natural, registrando la mortalidad de los peces y su causa a lo largo de todo el experimento, y se analizaron genes relacionados con la inmunidad en muestras obtenidas de riñón cefálico, branquias y bazo.

Diagrama del diseño experimental.

Resultados

Performance: Los resultados mostraron que ninguno de los tratamientos afectó el desempeño productivo. No hubo diferencias significativas en crecimiento, ganancia de peso ni longitud entre los distintos grupos, lo que confirma que el objetivo de estas dietas funcionales no es acelerar el crecimiento, sino modular la fisiología del pez.

Mortalidad durante FAN.

Expresión génica: La expresión génica de citoquinas pro/anti-inflamatorias (IFNg, IL-10, IL-12, TNFa) se vio especialmente aumentada en las dietas FT, mientras que en PS se observó una modulación mixta. Al mismo tiempo, FT mostró una mayor modulación de marcadores celulares CD4, CD8, CD83, CD86, MHC I y MHC II en riñón cefálico y bazo, indicando activación de células inmunes. Por otro lado, ambas dietas, FT y PS, aumentaron la expresión de moléculas efectoras como péptidos antimicrobianos (cath2, hepcidina) e inmunoglobulinas (IgM, IgT).

Mortalidades: La mortalidad acumulada general no mostró diferencias significativas entre los grupos dietéticos, sin embargo, durante un evento FAN, el grupo alimentado con Pack Salud (PS) mostró una reducción del 10% en la mortalidad en comparación con el grupo control (CD); en cambio, el grupo alimentado con Futerpenol (FT) mostró una reducción mayor del 61% en la mortalidad en comparación con CD.

¿Cómo se explica?

Para ambas dietas funcionales, a los 34 días de alimentación, se observó una mayor expresión de biomarcadores asociados a la inmunidad innata y adaptativa, sugiriendo que el sistema inmune comenzó a activarse antes de que existiera un desafío sanitario evidente.

Aunque la mortalidad acumulada durante todo el ensayo no mostró diferencias estadísticas entre tratamientos, durante el período asociado a la floración algal (entre t2 y t3) sí aparecieron contrastes relevantes, lo que fue consistente con los análisis moleculares realizados. En los peces que habían recibido Futerpenol® persistió una intensa activación de genes relacionados con la inmunidad innata, particularmente en el riñón cefálico, principal órgano hematopoyético e inmunológico del salmón, donde aumentó la expresión de moléculas asociadas con inflamación, actividad antimicrobiana y presentación de antígenos, indicando una respuesta coordinada de distintos componentes del sistema inmune.

A lo anterior se le suma que esta respuesta se mantuvo pese a terminar la suplementación. El último muestreo se realizó 42 días después de retirar las dietas funcionales y, aun así, el grupo FT mantuvo una activación inmunológica superior a la observada en los peces alimentados exclusivamente con dieta comercial. Estos resultados sugieren que ciertos aditivos podrían generar una inmunomodulación sostenida.

Diagrama resumen de los posibles mecanismos inmunológicos.

Los autores advirtieron que esta última característica podría ser especialmente valiosa en sistemas productivos donde los salmones enfrentan múltiples factores de estrés durante el ciclo de cultivo. Plantearon que la inmunonutrición podría utilizarse de forma estratégica, programando la alimentación antes de períodos históricamente asociados con mayor riesgo, como la transición hacia primavera y verano, cuando aumentan tanto la temperatura del agua como la incidencia de SRS y otros desafíos ambientales.

Así, estos hallazgos son importantes para fortalecer la respuesta inmune del salmón del Atlántico frente a condiciones de estrés múltiple (como patógenos infecciosos o problemas ambientales), mejorando la salud y el bienestar de los peces y con repercusiones económicas positivas para la acuicultura. La comprensión de estos resultados y el avance en nuevos conocimientos sobre los mecanismos celulares responsables de estos efectos podrían consolidar a la alimentación como un componente activo de la planificación sanitaria, capaz de preparar al pez antes de que aparezcan los desafíos que presionan a la salmonicultura nacional.

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