Hongos comestibles: ¿una buena alternativa en la alimentación de salmónidos?
Una revisión de investigadores chilenos analiza el potencial de hongos y sus compuestos para modular la microbiota intestinal, estimular la inmunidad y mejorar el desempeño productivo de especies acuícolas.
La búsqueda de alimentos más sostenibles y capaces de ayudar a los peces a enfrentar desafíos sanitarios está llevando a la acuicultura a explorar ingredientes alternativos. Entre ellos aparecen los hongos comestibles, que podrían aportar mucho más que proteínas y nutrientes.
Una reciente revisión realizada por científicos chilenos de la Universidad de La Frontera, analizó la evidencia disponible sobre el uso de hongos y compuestos derivados de ellos como ingredientes funcionales en alimentos para especies de peces con importancia comercial.
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de La Frontera (UFRO), quienes analizaron sus efectos sobre crecimiento, inmunidad, microbiota y salud intestinal.
El estudio pone especial atención en sus efectos sobre el rendimiento productivo y sanitario de los peces, y en moléculas como los β-glucanos y la quitina, componentes de las paredes celulares de los hongos que pueden interactuar con el sistema inmune y modificar el ambiente intestinal.
Más que una fuente de nutrientes
Algunas especies de hongos contienen proteínas, vitaminas, minerales y diversos compuestos bioactivos, entre ellos β-glucanos, quitina, polifenoles y terpenoides.
Uno de los mecanismos que genera mayor interés es su posible efecto sobre el eje intestino–microbiota–inmunidad. Los β-glucanos pueden interactuar con receptores del sistema inmune y favorecer cambios en las comunidades microbianas intestinales, además de influir en metabolitos asociados con la salud intestinal.
Esto podría contribuir a mantener la integridad de la barrera intestinal y mejorar la capacidad del pez para responder frente a distintos desafíos. Sin embargo, los autores advierten que estos efectos dependen del tipo de hongo, su procesamiento, la dosis y la especie de pez.
“La evidencia disponible indica que sus efectos biológicos dependen en gran medida de la especie de pez, la forma del ingrediente, el nivel de inclusión en la dieta, el método de procesamiento y las condiciones experimentales”, señalan a modo general los científicos.
Evidencia en salmónidos
Para la salmonicultura, la revisión incluyó evidencia disponible en base a estudios en trucha arcoíris y salmón del Atlántico, aunque la información específica para salmón del Atlántico todavía es limitada.
Por ejemplo, estudios en trucha arcoíris indican que las harinas de hongos derivadas de las especies Agaricus bisporus, Lentinula edodes y Pleurotus ostreatus pueden incorporarse en los niveles de inclusión dietética evaluados sin comprometer el rendimiento del crecimiento o la digestibilidad de las proteínas.
Sin embargo, algunos estudios han reportado reducciones en la digestibilidad de los lípidos o un aumento en la excreción de ácidos biliares a niveles más altos de inclusión dietética, lo que sugiere limitaciones fisiológicas asociadas con la ingesta excesiva de polisacáridos estructurales.
“Estos hallazgos indican que la tolerancia digestiva depende tanto de las características de los ingredientes como de la fisiología del pez en lugar de solo de la concentración de fibra dietética. Estos resultados muestran que no basta con incorporar un hongo al alimento. La especie utilizada, la parte del organismo incorporada, el procesamiento y la concentración pueden determinar si el efecto termina siendo positivo o negativo”, destacan los investigadores.
En el caso del salmón del Atlántico, los expertos mencionan que la principal limitación en la información disponible no es necesariamente la ausencia de efectos biológicos beneficiosos al utilizar hongos en la dieta, sino la escasa disponibilidad de estudios realizados en condiciones de cultivo comercial.
“Esta limitación es particularmente relevante considerando la fisiología digestiva de Salmo salar, que exhibe una capacidad relativamente limitada para utilizar polisacáridos estructurales, lo que potencialmente restringe el uso eficiente de la biomasa fúngica completa. En consecuencia, los ingredientes fúngicos procesados, los extractos purificados o las fracciones bioactivas específicas pueden representar alternativas más adecuadas que las harinas fúngicas sin procesar, aunque esta hipótesis requiere confirmación experimental en el salmón del Atlántico”, especifican los especialistas de la UFRO.
El desafío de encontrar la dosis adecuada
Precisamente, uno de los principales mensajes de la revisión es que no existe una dosis universal que pueda aplicarse a todas las especies.
Los autores exhiben que, mientras determinados extractos o fracciones procesadas pueden generar efectos beneficiosos a bajas concentraciones, inclusiones elevadas de biomasa completa pueden afectar la digestibilidad y el crecimiento.
Esto se relaciona, entre otros factores, con la presencia de quitina y β-glucanos. Aunque estos componentes pueden aportar beneficios funcionales, en cantidades elevadas también pueden limitar la utilización de nutrientes, especialmente en peces carnívoros.
Por ello, los investigadores plantean que los hongos deberían considerarse principalmente como ingredientes funcionales complementarios, más que como sustitutos directos de fuentes tradicionales de proteína.
“En general, los hongos comestibles deben considerarse ingredientes funcionales complementarios, en lugar de sustitutos directos de las fuentes de proteína convencionales. Su mayor potencial reside en su incorporación estratégica a programas de alimentación funcional orientados a mejorar la resiliencia fisiológica y promover la producción acuícola sostenible en condiciones de cultivo específicas”, concluyeron los expertos.