Monitoreo a la salmonicultura: 72% de los centros acuícolas mantienen condiciones favorables
Los investigadores destacan que el 71,9% de los centros acuícolas mantienen condiciones favorables, aunque existen también hotspots ambientales persistentes, esto es, problemas que se mantienen.
El viernes 26 de junio se presentaron los resultados del proyecto “Desempeño ambiental de la acuicultura en Chile y su efecto en los ecosistemas de emplazamiento”, correspondiente al período de trabajo 2025-2026, a partir de los estudios realizados por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) desde sus diferentes departamentos, como un aporte clave para avanzar hacia una acuicultura ambientalmente sostenible en Chile, generando datos que respaldan la gestión y regulación ambiental, y fomentan la sustentabilidad económica y social del sector.
De qué trata el proyecto
Este proyecto consiste en un estudio integral y de largo plazo que evalúa la evolución ambiental de la acuicultura en Chile, buscando entender los impactos acumulativos y sinérgicos en dichos ecosistemas. Este estudio se realiza mediante una amplia red de monitoreo que incluye 160 estaciones de sedimentos y 32 estaciones de columna de agua en diversas zonas del país como Atacama, Coquimbo, Los Lagos, Aysén y Magallanes.
El seguimiento se realiza mediante el uso de múltiples herramientas metodológicas: análisis de campo, laboratorios, modelaciones numéricas, monitoreo de indicadores biológicos como algas, microorganismos y bacterias marinas. Además, incorpora el monitoreo de emergentes ambientales como microplásticos y efectos del cambio climático, cuya significación costera se evalúa en el contexto ambiental.
Uno de sus principales logros es la integración de información histórica y actual para establecer un diagnóstico confiable sobre la condición ambiental de los centros de cultivo, diferenciando efectos permitiendo evaluar los efectos acumulativos y sinérgicos de la acuicultura y distinguir la variabilidad natural de las perturbaciones de origen antrópico. Esto permite medir la capacidad de carga de los sectores productivos, identificar presiones ambientales nuevas, y aplicar índices como el AMBI para evaluar la condición del fondo marino.
En este contexto, Alejandro Barrientos, jefe de división de acuicultura de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), comentó sobre las dificultades presupuestarias para investigación, pero enfatizó el compromiso para mantener estos programas. “Para nosotros son súper importantes los estudios permanentes dentro de nuestro programa de investigación. Son estudios de largo plazo porque necesitamos monitorear el potencial efecto de la acuicultura y el comportamiento del medio ambiente frente a esto, y así apoyar la toma las decisiones y regulaciones sectoriales".
Normativa
Carolina Molina, profesional de la unidad de asuntos ambientales de la división de acuicultura de Subpesca, expuso sobre la generación y estructuración de los programas de investigación permanente en el sector pesca y acuicultura en Chile, conforme a la legislación vigente, los que se encuentran enmarcados en la Ley de Pesca, principalmente en el Título Séptimo, para la formulación de resultados como base para fundamentar medidas de conservación, administración y la toma de decisiones en acuicultura.
El enfoque de estos programas está orientado a producir conocimiento científico robusto y continuo para apoyar la gestión ambiental sostenible, así como el cumplimiento normativo y la adaptación a retos como cambios ambientales y emergentes en el sector. Para ello, Molina recalcó la importancia de la coordinación institucional y la aplicación de metodologías integradas para la gestión ambiental del sector pesquero y acuícola, destacando la función de estos programas como herramientas fundamentales para la toma de decisiones basada en evidencia científica.
Seguimiento ambiental
Bajo este marco, Vladimir Murillo, investigador y jefe de proyectos en la división de investigación en acuicultura de Ifop, habló acerca de la evolución del seguimiento ambiental, el que abarcó un período desde 2012 hasta 2024, con énfasis en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, para el análisis detallado de los efectos acumulativos y sinérgicos de la acuicultura sobre los ecosistemas de emplazamiento más allá de los centros de cultivo.
Dentro de los resultados clave, Murillo destacó la evaluación de la condición ambiental, donde el 71,9% de los centros acuícolas mantienen condiciones favorables, aunque un 21% presentan restricciones operacionales post-ciclo productivo. No obstante, existen hotspots ambientales persistentes, es decir, algunas ACS presentan reiteradamente mayores problemas ambientales.
Señaló además impactos ambientales habituales como la acumulación de materia orgánica en sedimentos y cambios en la diversidad biológica, además de emergentes problemáticas como FAN, y proliferación de algas filamentosas, entre otras, que afectan la operatividad.
El análisis evidenció una asociación positiva entre el incremento de la biomasa cultivada y la probabilidad de desarrollar condiciones anaeróbicas, aunque esta relación fue moderada y dependió fuertemente de las características ambientales de cada área, como la hidrodinámica, la profundidad y el tiempo de residencia del agua, indicando que la presión productiva por sí sola no explica el estado ambiental. "No existe una única causa de anaerobiosis a nivel regional, y esta diferenciación es la que uno debería considerar tanto en las particularidades geográficas como geomorfológicas de cada sistema”, explicó Murillo.
Asimismo, se identificó un umbral aproximado de 3.000 toneladas de biomasa por ACS, el que corresponde a un valor aproximado obtenido mediante modelos estadísticos y no debe interpretarse como un límite regulatorio, a partir del cual aumenta la probabilidad de anaerobiosis. No obstante, los expositores señalaron que este valor requiere mayor validación y refinamiento mediante estudios adicionales.
No obstante, el investigador demostró sostuvo que en la gestión de la industria nacional mediante un trabajo integral con la academia. "A pesar de los desafíos emergentes como el cambio climático, la acidificación y la contaminación por microplásticos, la acuicultura chilena puede ser sostenible mediante una gestión ambiental basada en evidencias científicas integradas".
Toma de decisiones
La evaluación ambiental se apoya también de la identificación precisa de organismos bentónicos, cuya composición y abundancia son indicadores clave del estado ecológico de los ecosistemas acuáticos (AMBI - Índice de Calidad Ambiental), según explicó Lilian Díaz, investigadora del departamento de medio ambiente (DMA) del Ifop, la correcta identificación taxonómica de la macrofauna bentónica constituye la base para la aplicación de indicadores ecológicos como el índice AMBI, utilizado para evaluar la calidad ambiental de ecosistemas marinos y estuarinos. Para ello, IFOP ha desarrollado las plataformas Macrofauna.cl y MacroBent, orientadas a estandarizar las identificaciones taxonómicas y fortalecer la calidad de los monitoreos ambientales.
Dicho lo anterior, los datos ambientales recopilados en esos monitoreos deben ser integrados en una matriz común que permita transformarlos en información y luego en conocimiento para desarrollar herramientas y modelos de gestión ambiental. Sin embargo, Heraldo Contreras, jefe del centro de investigación en Putemún, Castro, indicó que actualmente, la información de macrofauna cuenta con baja resolución ya que alrededor del 60% de las muestras sólo se identifican hasta nivel familia, por lo que Contreras plantea reducir esa brecha al 20% mediante capacitación y herramientas digitales desarrolladas (Macrofauna.cl y Macrobent.cl), que acumulan conocimientos y facilitan la identificación taxonómica especializada, apoyándose en una red de expertos para los casos más complejos.
Además, Contreras apuntó que la modelación hidrodinámica sirve como herramienta para evaluar capacidad asimilativa de la columna de agua. Utilizando modelos hidrodinámicos acoplados (como Mike-3) pueden estimar variables clave para la capacidad de asimilación de desechos acuícolas, destacando métricas como la edad del agua (tiempo de renovación de una masa de agua en el sistema) y la concentración de oxígeno disuelto. “La edad del agua es una variable clave que define la capacidad de auto-limpieza del sistema; una baja edad implica mayor renovación y una mejor salud ambiental”.
Durante su presentación, Contreras planteó también la necesidad de avanzar desde un enfoque centrado en la evaluación individual de los centros de cultivo hacia una gestión ecosistémica de la acuicultura. En ese contexto, propuso integrar información ambiental, productiva e hidrodinámica para desarrollar herramientas que permitan evaluar la capacidad de asimilación de fiordos, canales y cuerpos de agua completos, fortaleciendo una gestión preventiva basada en las características y vulnerabilidad de cada ecosistema.