El “arancel invisible” que todavía enfrenta la salmonicultura chilena
“Tenemos entes que regulan el cuidado del medio ambiente, otros que regulan temas sanitarios, otros que regulan temas productivos y, a veces, entre ellos no conversan", advirtió Marcela Bravo de SalmonChile.
El primer webinar de OLAS LATAM, Organización Latinoamericana de Acuicultura Sostenible, reunió este 29 de septiembre a representantes de las cadenas de valor del salmón, camarón, tilapia y alimento balanceado para abordar los “Retos y oportunidades de las cadenas de valor de la acuicultura latinoamericana”.
La actividad contó con la participación de Marcela Bravo, gerente de Proyectos y Estudios de SalmonChile; Yahira Piedrahita, directora ejecutiva de la Cámara Nacional de Acuicultura de Ecuador; Sara Bonilla, gerente general de C.I. Piscícola New York; y Victoria Vivas, jefa de Gestión y Aseguramiento de la Calidad de NALTECH.
En este contexto, Bravo presentó la experiencia de la salmonicultura chilena, abordando su evolución productiva y los principales desafíos ambientales, sanitarios, sociales y regulatorios que enfrenta actualmente el sector.
Uno de los puntos de su exposición fue el denominado “arancel invisible”, concepto utilizado por Bravo para referirse a las dificultades que enfrenta la actividad a partir de un escenario regulatorio que, según explicó, involucra distintos organismos y normas que no siempre funcionan de manera coordinada.
“Tenemos entes que regulan el cuidado del medio ambiente, otros que regulan temas sanitarios, otros que regulan temas productivos y, a veces, entre ellos no conversan. Tenemos también un ordenamiento territorial difícil en Chile (...) Tenemos regulación, a veces, un poco anticuada y la industria salmonera -por la innovación y el desarrollo que tiene- va un poco más adelantada y el desafío ahí es que, ojalá, la regulación vaya también de la mano con la innovación”.
Bravo también planteó que el desafío regulatorio pasa por encontrar espacio para los distintos intereses que confluyen en el mar y avanzar hacia una regulación “simple y flexible que vaya con los tiempos”. En este punto, vinculó el ordenamiento territorial con las solicitudes realizadas mediante Ley Lafkenche y con las distintas áreas destinadas a protección y actividades productivas.
La ejecutiva explicó que la industria utiliza aproximadamente 4.000 hectáreas al año, mientras que la Zona Económica Exclusiva de Chile alcanza cerca de 400 millones de hectáreas. Asimismo, señaló que las solicitudes efectuadas mediante la Ley Lafkenche llegan a casi 4 millones de hectáreas y que Chile tiene cerca del 40% de su superficie marina protegida.
De jaulas de madera a una industria tecnificada
Por otro lado, Bravo realizó un recorrido por la evolución de la salmonicultura chilena. La ejecutiva destacó que la actividad cuenta actualmente con una cadena integrada que comprende producción en agua dulce, cultivo en mar, cosecha, procesamiento y comercialización internacional.
A su vez, la gerente de Proyectos y Estudios de SalmonChile abordó los avances tecnológicos incorporados a la producción y los desafíos ambientales y sanitarios que enfrenta la industria.
Entre ellos mencionó la optimización del factor de conversión del alimento, que actualmente se encuentra cercano a 1:1, además de la reducción de ingredientes marinos en las dietas. También destacó sistemas de alimentación apoyados por inteligencia artificial y tecnologías de monitoreo y remediación de fondos marinos.
Finalmente, Bravo planteó que el futuro de la actividad requiere avanzar en excelencia operacional, seguridad laboral, innovación tecnológica y vinculación territorial, junto con fortalecer la transparencia.
Finalmente, sostuvo que la industria debe continuar trabajando para compatibilizar la protección ambiental con el desarrollo productivo y social de las comunidades, como parte de los desafíos que enfrenta la salmonicultura chilena.