Un paso más allá: las mediciones que observan si un pez está feliz, triste o ansioso
El Encuentro Latinoamericano de Bienestar Animal demostró incluso, que los salmones tienen personalidad diferente entre cada individuo, y que el estrés controlado puede ser de ayuda para su adaptación.
Ayer se realizó la segunda y última jornada del Encuentro Latinoamericano de Bienestar Animal ELBA 2026, en Santiago, y la salmonicultura fue una de las actividades protagonistas en cada una de las exposiciones de expertos nacionales e internacionales.
Una de las presentaciones más interesantes estuvo a cargo del profesor Jhon Buenhombre, de la Universidad Agraria de Colombia, quien habló acerca de los sesgos cognitivos y también de la personalidad de los peces.
A su juicio, sí se puede medir las emociones en salmones, incluso en las expresiones de sus rostros, donde los ejemplares además crean respuestas tras aprendizajes demostrando que tienen memoria, atención, y son capaces de tomar decisiones.
De este modo, afirmó, un pez feliz por ejemplo pone más atención a los estímulos positivos, y un pez triste, por su parte, pone más atención a los estímulos negativos. Incluso, experimentan estados de ansiedad, con estrés no sólo físico sino que también psicológico.
Luego de un experimento con peces cebra, el experto señaló que retienen elementos en su memoria por más de 4 días, discriminan entre colores, generalizan situaciones, donde a modo de ilustración, un ambiente de cultivo enriquecido alegra a estos ejemplares y al contrario, un ambiente empobrecido genera ansiedad en estos animales.
Igualmente, considerando la personalidad de los salmones, se exhibe en patrones como la forma de sentir, de pensar y de comportarse, donde algunos peces son más osados, tímidos, sociables, agresivos, con tendencia a explorar o con más actividad locomotora.
El profesor Buenhombre explicó que los peces más tímidos no son tan buenos para aprender en comparación a los osados, pero estos últimos, son más ansiosos que los primeros. Al mismo tiempo, reveló que se está comenzando a medir la expresión facial en estos animales, una muestra de que no sólo importa el estrés, sino que principalmente la personalidad a través del tiempo.
Por su parte, el Dr. Juan Antonio Valdés, del Centro INCAR², presentó acerca del bienestar animal y el estrés en los peces: dos caras de la misma moneda, indicando en ese sentido que no son conceptos opuestos.
En cuanto a la epigenética del estrés, el especialista detalló que el estrés agudo no deja cicatrices sino que memoria, donde el organismo registra experiencia y optimiza la capacidad de responder a futuros desafíos. En el estrés crónico, en cambio, esto deja de ser una ventaja adaptativa para los salmones.
Lo ideal, a juicio del Dr. Valdés, es encontrar una condición intermedia para lograr una memoria epigenética estable, y una mejor respuesta de los salmones a los desafíos. De paso, sostuvo que se debe avanzar en indicadores de bienestar animal y productividad, mediante aspectos como los biomarcadores predictivos, basados en epigenética.