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“El bienestar animal dejó de ser una buena práctica y pasó a ser una condición de competitividad”

Dra. Karla Meza, médica veterinaria, asesora en bienestar animal acuícola y fundadora de Kalyani.

“Una buena práctica que no se registra se queda en la intención; cuando la registras y la mides, puedes demostrar objetivamente que está funcionando en salmonicultura", afirma la Dra. Karla Meza.

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El 5 de agosto de 2026 entra en vigor la nueva versión del Best Aquaculture Practices (BAP) Salmon Farm Standard (SFS), número 3.0, fecha en la que los centros de cultivo certificados bajo el estándar BAP, o aquellos que busquen certificarse, deberán cumplir los requisitos establecidos en la nueva versión 3.0 del estándar.

A dos meses de entrar comenzar con su aplicación obligatoria, Karla Meza, médica veterinaria, asesora en bienestar animal acuícola y fundadora de Kalyani, analizó los cambios que traerá BAP 3.0 para los centros de cultivo. A su juicio, el principal desafío no será implementar nuevas prácticas, sino registrar, integrar y utilizar los datos de bienestar para respaldar las decisiones productivas.

Cabe recordar que BAP corresponde a una certificación privada administrada por Global Seafood Alliance. Por ello, los requisitos de la versión 3.0 serán obligatorios para los centros certificados bajo este estándar y para aquellos que busquen obtener o mantener la certificación, pero no constituyen una exigencia regulatoria aplicable a toda la industria salmonicultora chilena.

Del cumplimiento a la demostración

"Los cambios son coherentes con el giro que hace el estándar desde un enfoque centrado en los procedimientos hacia otro enfocado en la documentación, los registros y la verificación de resultados. Si bien, varios de estos cambios no son nuevos para los centros ya certificados, o en certificación, el mayor cambio es el nivel de trazabilidad que la auditoría va a exigir.

BAP 3.0 reconoce y opera sobre la importancia de documentar y evidenciar el bienestar animal, buscando concretar y formalizar los manejos y mecanismos ya presentes en la industria, los cuales anteriormente se limitaban a la observación sin un registro sistematizado. Esto permite evaluar y medir cada indicador y sus efectos, no solo desde el punto de vista del bienestar animal, sino también en términos productivos. “Una buena práctica que no se registra se queda en la intención; cuando la registras y la mides, puedes demostrar objetivamente que está funcionando", agregó la Dra. Meza.

Del bienestar observado al bienestar medido

Bajo este contexto, los OWIs y SOPs son el core de este cambio, ya que permiten sistematizar y homologar la manera en que se evalúa y gestiona el bienestar animal en los centros de cultivo al ser métricas claras y objetivas de monitoreo durante todas las etapas productivas, especialmente en procesos críticos como el transporte y el crowding. Su implementación sistemática permite medir indicadores específicos y detectar impactos sobre el bienestar y la productividad, lo que impulsa una gestión basada en evidencia y mejora continua.

La industria salmonicultora chilena “tiene la tecnología y las capacidades para implementar y utilizar de forma sistemática los indicadores que solicita BAP", afirmó Karla. Las exigencias del mercado y la alta competencia por ellos han impulsado al país al desarrollo de innovación, tecnología y protocolos que vayan en sintonía a estas, sin embargo, el cumplimiento de estas nuevas exigencias requerirá cambiar las costumbres y rutinas de empresas y operarios “porque cada empresa tiene sus propios procedimientos y registros”, añadió la experta, “la mayoría de los indicadores ya se evalúan en varias empresas, si no en todas; lo que no está sistematizado es el registro de esos indicadores, y eso se tiene que incorporar a la rutina”.

El foco en los momentos de mayor estrés

Las etapas de transporte y crowding son especialmente críticas desde el punto de vista del bienestar animal, "son etapas muy estresantes para los peces: hay un hacinamiento por períodos que pueden ser prolongados", sostuvo la experta en bienestar animal. Al respecto, indicó también que hay dos aspectos que deberían monitorearse con mayor rigurosidad.

En primer lugar, debería haber monitoreo durante todo el proceso la calidad de agua, incluyendo oxígeno, temperatura, CO2 y pH; y, en segundo lugar, algunos indicadores individuales, especialmente post-transporte, que puedan dar indicios de alteraciones mecánicas sobre los peces, como daños en la piel o agallas.

Este enfoque riguroso en el control ambiental y en la evaluación de los efectos después manejo que implican hacinamiento permite identificar y mitigar factores estresantes, contribuyendo a proteger el bienestar animal en momentos críticos. "El bienestar durante el transporte y el crowding deja de ser una buena práctica voluntaria y pasa a ser un requisito que hay que documentar y demostrar".

Bienestar y calidad del producto

Cuatro pilares

Indicadores operacionales de bienestar, con mayor énfasis en el uso y sistematización de Indicadores Operativos de Bienestar (OWIs, por sus siglas en inglés); sacrificio humanitario, con Procedimientos Operativos Estándar (SOP) obligatorios para todo el proceso; transporte y crowding con nuevas exigencias para proteger el bienestar animal durante el manejo de altas densidades; y auditoría obligatoria de dos días como mínimo.

Otro de los ejes sobre los que se generan los cambios en el BAP es la incorporación obligatoria de SOPs durante todo el proceso del sacrificio el que debe ser humanitario. Esta perspectiva ha sido integrada de manera natural en los programas de bienestar animal de las empresas salmonicultoras, "las productoras se percataron de que un sacrificio que reduce al mínimo el estrés y el sufrimiento de los peces genera un producto final de mucha mejor calidad", indicó la Dra. Karla Meza, revelando que el sacrificio que minimiza el estrés y el sufrimiento de los peces no solo es éticamente deseable, sino que también produce un producto de mejor calidad.

Esta relación entre bienestar animal y calidad final del producto ha sido cada vez más documentada por la industria y la comunidad científica. Procesos que reducen el estrés de los peces antes de la cosecha contribuyen a minimizar alteraciones fisiológicas que pueden afectar características relevantes para el mercado, como la textura, el color y la vida útil del producto. De esta forma, prácticas orientadas a proteger el bienestar animal no solo responden a consideraciones éticas o exigencias de certificación, sino que también se vinculan directamente con la obtención de un producto de mayor valor y consistencia para los mercados internacionales.

De requisito regulatorio a ventaja competitiva

Los cuatro pilares del bienestar animal en la salmonicultura — manejo adecuado de densidad, calidad de agua, procesos de crowding y transporte, y sacrificio humanitario — han transitado de ser vistos únicamente como requisitos regulatorios a convertirse en ventajas competitivas para la industria, según la Dra. Karla Meza.

Sin embargo, con la implementación de estándares como BAP 3.0 y la sistematización de registros, se ha observado que una buena gestión del bienestar produce beneficios tangibles como mejoras en índices productivos, como la reducción de mortalidad, mejor calidad de producto, cumplimiento de exigencias por parte del mercado en ámbitos de certificación de animal wellfare, y mejor gestión y toma de decisiones basadas en datos, optimizando operaciones y permitiendo la anticipación a problemas. Así, "gestionar el bienestar animal bien dejó de ser solo un costo regulatorio y pasó a ser una condición de competitividad".

Datos para decidir

A juicio de la Dra. Karla Meza, uno de los cambios más relevantes que impulsa BAP 3.0 es la transición desde una cultura basada en la observación hacia una basada en la evidencia. Si bien muchas empresas salmonicultoras ya monitorean distintos aspectos relacionados con el bienestar animal, la especialista señala que el desafío ahora será sistematizar esos registros y transformarlos en información útil para la gestión, respaldando decisiones y demostrando objetivamente la efectividad de las prácticas aplicadas.

En prospectiva, una tendencia que marcará la evolución de los estándares de bienestar animal en salmonicultura durante los próximos años estará marcada por una integración cada vez mayor de la información generada en los centros de cultivo. Según explica la experta, el sector ya dispone de herramientas para monitorear múltiples parámetros, pero aún existe espacio para aprovechar mejor esos datos y convertirlos en apoyo directo para la toma de decisiones productivas y sanitarias. En su opinión, “en los próximos años vamos a ver cómo esa información se conecta con la toma de decisiones, idealmente en tiempo real, de manera que el bienestar pase a gestionarse como una variable más de la producción” tan relevante como la alimentación o la sanidad.