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¿Cuánto conocemos realmente los océanos donde se desarrolla la salmonicultura?

Imagen referencial.

La pérdida paulatina de oxígeno, el incremento de la temperatura y la disminución del agua dulce son procesos que nos van a acompañar por muchos años según los investigadores.

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Cada 8 de junio se conmemora el Día Mundial de los Océanos, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de estos ecosistemas para la vida en el planeta y para actividades productivas que dependen directamente de ellos. En el sur de Chile, los fiordos y canales patagónicos sostienen una de las principales actividades económicas del país: la salmonicultura.

Sin embargo, pese a décadas de investigación científica y monitoreo ambiental, especialistas coinciden en que aún existen importantes brechas de conocimiento sobre el funcionamiento de estos ecosistemas. Comprender estas dinámicas resulta clave para enfrentar desafíos asociados al cambio climático, la gestión ambiental y el desarrollo sostenible de la acuicultura. Para profundizar en este tema, el Dr. Iván Pérez-Santos, investigador del Centro i~mar y especialista en oceanografía física, y Pablo Vicente, licenciado en Ciencias del Mar y gerente general de Pelícanos Ingeniería Costera y Portuaria e Hidrografía reflexionaron al respecto.

Lo que todavía no sabemos

El punto de encuentro entre ambos especialistas es que el conocimiento sobre los fiordos patagónicos aún está lejos de ser completo. Aunque existen décadas de estudios, gran parte de ellos han sido discontinuos o concentrados en áreas específicas, dejando importantes vacíos de información en extensas zonas de la Patagonia.

El Dr. Pérez-Santos plantea que una de las grandes preguntas abiertas es determinar cuán cerca se encuentran estos ecosistemas de sus límites ambientales. Si bien actualmente no existe evidencia concluyente que demuestre una degradación generalizada de los fiordos, todavía se desconoce con precisión cuál es la capacidad real de estos sistemas para absorber presiones ambientales adicionales. “Hoy no sabemos, cuán cerca estamos de ese límite, cuán cerca estamos de que mañana una tonelada más de nutrientes, que puede provenir de diferentes fuentes o actividades, rompa ese equilibrio, y la vuelta atrás desde ese punto no es comprensible en escala humana”.

En esa misma línea, Vicente sostiene que las líneas de base históricas siguen siendo insuficientes en muchas áreas y que aún falta generar series de tiempo extensas que permitan comprender mejor la evolución natural de estos ecosistemas y distinguirla de los cambios asociados a las actividades humanas.

Esta incertidumbre también se refleja en la capacidad de carga de los ecosistemas patagónicos. Según Pérez-Santos, los datos disponibles no muestran actualmente una degradación generalizada de los fiordos y canales del sur de Chile, lo que constituye una señal positiva. “Hoy no existe evidencia de una degradación generalizada de los fiordos, pero tampoco sabemos dónde está el límite”, indica, enfatizando que no existe certeza respecto de cuánta presión adicional podrían absorber sin alterar su equilibrio ecológico, convirtiéndose en una de las grandes interrogantes para el futuro de la Patagonia.

Dr. Iván Pérez-Santos (izq.) y Pablo Vicente (der.)

Variables críticas para la salmonicultura

Factores como la temperatura, el oxígeno disuelto, las corrientes y la disponibilidad de nutrientes determinan gran parte de las condiciones bajo las cuales opera la salmonicultura. Durante los últimos años, el conocimiento sobre estas variables ha aumentado significativamente gracias a nuevos programas de monitoreo y al desarrollo tecnológico.

No obstante, ambos entrevistados coinciden en que queda mucho aún por explorar. Mientras el Dr. Pérez-Santos advierte que el cambio climático ya está generando procesos de desoxigenación y aumento de temperatura en algunos sectores de la Patagonia, Vicente destaca que muchos estudios continúan concentrándose en áreas limitadas y que aún falta una mayor coordinación entre academia e industria. “Las universidades y grupos de investigación se centran en unos pocos fiordos, mientras que, por otro lado, la industria acuícola, y dentro de ella la salmonicultura, se concentran en sus centros y profundidades de cultivo. Una mejor coordinación y colaboración entre grupos de investigación y la industria acuícola daría mejores resultados para ambos”.

Cuando el océano sigue siendo impredecible

Las floraciones algales nocivas representan uno de los ejemplos más claros de la complejidad del océano. Aunque la investigación ha permitido comprender mejor algunos de los mecanismos que participan en estos eventos, predecir cuándo y dónde ocurrirán continúa siendo uno de los mayores desafíos científicos.

Los expertos señalaron que la ciencia ha logrado reconstruir las condiciones que favorecieron floraciones pasadas, pero la capacidad predictiva sigue siendo limitada debido a la enorme cantidad de factores involucrados y a la variabilidad natural de estos sistemas. En este contexto, Pablo Vicente agrega que la calidad, estandarización e integración de los datos será clave para avanzar en esta materia, agregando que “la creciente sensorización en los centros de cultivo va a ser un gran aporte, pero es crítico el control en la calidad de los datos, la homogeneización y la estandarización de estos”, siendo este último punto el mayor desafío.

Herramientas como Inteligencia Artificial y Machine Learning “se alimentan de los datos que nosotros tenemos, de la recolección de información que el mismo ser humano hace, y de la ciclicidad de los eventos. Estos procesos no son cíclicos y tampoco ocurren en el mismo lugar, están saltando de un lugar para otro y las especies cambian también”, añade el Dr. Pérez-Santos. Por ello, enfatiza que lo más importante es estar preparados para mitigar los impactos y contar con protocolos para enfrentar las floraciones cuando ocurran, en lugar de centrarse en predecirlas con certeza.

La revolución de los datos oceanográficos

El monitoreo oceánico vive actualmente una transformación impulsada por nuevas tecnologías. Sensores más pequeños, comunicaciones remotas y plataformas de observación en tiempo real permiten generar una cantidad de información sin precedentes sobre el estado del océano, como oxígeno disuelto, corrientes, temperatura y nutrientes, sin embargo, uno de los retos principales sigue siendo la calidad, estandarización y homologación de los datos generados.

Para Vicente, uno de los cambios más significativos de los últimos años ha sido la democratización de las tecnologías de monitoreo, lo que representado una oportunidad inédita para comprender mejor los procesos oceanográficos que influyen sobre la acuicultura, siempre que el crecimiento de la infraestructura de monitoreo vaya acompañado de estándares adecuados para garantizar la calidad y comparabilidad de la información generada.

Para los especialistas, estas plataformas están contribuyendo a mejorar la comprensión de procesos como la pérdida de oxígeno, los cambios en la temperatura y la aparición de eventos extremos, aunque la aplicación masiva de estas tecnologías enfrenta desafíos relacionados con sus costos y mantenimiento, y la necesidad de continuar aumentando la cobertura de estaciones, profundizando en el trabajo colaborativo para lograr una comprensión integral de estos ecosistemas complejos.

Mirando hacia el futuro

Cuando se proyectan los próximos 10 o 20 años, ambos expertos coinciden en que el principal factor de cambio será el clima. "La pérdida paulatina de oxígeno, el incremento de la temperatura y la disminución del agua dulce son procesos que nos van a acompañar por muchos años”, sostuvo el Dr. Pérez-Santos. El aumento de temperatura, la disminución de precipitaciones y la reducción progresiva de los niveles de oxígeno aparecen como tendencias que podrían modificar significativamente las condiciones de los fiordos y canales del sur de Chile.

Estas transformaciones tendrán implicancias directas para actividades como la salmonicultura, obligando a fortalecer las capacidades de monitoreo, adaptación y gestión ambiental. “Los cambios en los próximos 10 a 20 años en los fiordos están ligados a procesos inevitables de cambio climático”, añadió Pablo, reforzado por la inevitable aparición de fenómenos climáticos de gran escala, como El Niño y La Niña, que seguirán desempeñando un rol relevante en la dinámica oceanográfica de la Patagonia y en la ocurrencia de eventos como las floraciones algales.

A juicio de ambos especialistas, el desafío ya no pasa únicamente por generar más información, sino por fortalecer la colaboración entre la academia, la industria y los organismos públicos. Comprender los océanos donde se desarrolla la salmonicultura será cada vez más importante para anticipar riesgos, aprovechar oportunidades y asegurar la sostenibilidad de uno de los ecosistemas más singulares del planeta.

Como concluye el Dr. Pérez-Santos, “las soluciones están en las personas. Hoy tenemos todas las herramientas y contamos con capital humano avanzado para enfrentar estos desafíos”.