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Volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad: claves para una salmonicultura resiliente

Imagen referencial.

Expertos afirman que al “no meter todos los huevos en una misma canasta”, cuantos más ingredientes diversos se tengan para el salmón, menos impactante será la pérdida o el problema que con uno solo. 

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La salmonicultura enfrenta un escenario marcado por la incertidumbre climática, la presión sobre los recursos y una creciente demanda global de proteínas. En este contexto, la resiliencia se ha convertido en un concepto clave para sostener el crecimiento del sector.

Durante la sesión “Risk to Resilience: Better Nutrition for Salmon Farming”, realizada en el North Atlantic Seafood Forum, líderes de la industria abordaron cómo la nutrición puede transformarse en una herramienta estratégica para enfrentar estos desafíos, concluyendo que no se trata de falta de soluciones, sino de la velocidad de adopción de estas y del escalamiento.

Definiendo resiliencia

En este contexto, el concepto de resiliencia se vincula directamente con la capacidad de la industria para adaptarse y recuperarse frente a las fluctuaciones y amenazas. Bajo el marco VUCA —volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad—, la acuicultura se posiciona como un sector altamente expuesto a cambios inesperados, desde disrupciones en la cadena de suministro hasta nuevas regulaciones o eventos climáticos extremos.

En la práctica, la volatilidad ya no es una excepción, sino una condición permanente para la industria salmonicultora, y el concepto VUCA pone en evidencia la necesidad de construir sistemas y estrategias resilientes, buscando maneras de gestionar esos riesgos de manera más eficiente, reduciendo la vulnerabilidad estructural del sistema productivo y los riesgos de factores inherentes a sus cadenas de suministro en el que opera.

El gran riesgo: dependencia de insumos

La salmonicultura posee una fuerte dependencia de ingredientes marinos limitados (aceite y harina de pescado, por ejemplo), que dependen de recursos naturales finitos y sujetos a variaciones climáticas y regulatorias. A esto se le suman las largas y complejas cadenas de suministros que incluyen múltiples fuentes de ingrediente, marinos como terrestres, lo que le otorga una complejidad que multiplica los riesgos de interrupciones, aumenta la dificultad para gestionar y monitorear los impactos ambientales, y amplifica la exposición a eventos inesperados o fluctuaciones en el mercado.

Por otro lado, la industria salmonicultura opera a merced de una demanda cambiante y competitiva, lo que intensifica la presión sobre los recursos y la estabilidad del sistema. Al mismo tiempo, la ambigüedad y recelo en el mercado respecto a la sostenibilidad y calidad de los ingredientes genera situaciones de riesgos reputacionales y comerciales que estructuralmente afectan la estabilidad y viabilidad de la acuicultura.

Diversificación de la “canasta de ingredientes”

Uno de los pilares de la resiliencia en la salmonicultura descrita por los expertos ha sido la diversificación de los ingredientes utilizados en la formulación de alimentos. Tal como se explicó, al “no meter todos los huevos en una misma canasta”, cuantos más ingredientes diversos se tengan, menos impactante será la pérdida o el problema con un solo ingrediente.

Tal como se planteó en la sesión, “no se trata de reemplazar ingredientes, sino de complementarlos” a partir de múltiples fuentes de ingredientes para crear el volumen necesario que permita integrar a la industria de manera estable y sostenible. Este cambio de paradigma permite disminuir la exposición a fallas en una sola fuente y construir sistemas de alimentación más robustos frente a la volatilidad.

Nutrición como motor de resiliencia productiva

En este contexto, la nutrición adquiere un rol central no solo desde el punto de vista biológico, sino también productivo, ya que la formulación de dietas es uno de los factores más controlables y con mayor impacto en la salud y en el bienestar de los peces, la eficiencia alimentaria y la reducción de mortalidad. Estos efectos, a su vez, se traducen en mejoras en productividad y en una disminución del impacto ambiental por unidad producida, lo que beneficia tanto a la industria como al bienestar animal.

“La nutrición dejó de ser un componente operativo para convertirse en una herramienta estratégica del negocio acuícola”, expresaron los expertos. Así, a través del manejo y formulación de dietas, la industria se asegura de brindar una nutrición óptima, abrir espacios a la innovación en ingredientes alternativos y contribuir a producir peces de mejor calidad para los consumidores, lo que repercute en mejores resultados económicos para los productores.

Sostenibilidad vs nutrición

Pese a los beneficios percibidos por la mantención o aumento en la calidad nutricional del alimento para peces, lograrlo reduciendo el impacto ambiental se ha transformado en una de las consignas del estudio de formulación nutricional.

Por un lado, para mejorar la sostenibilidad se ha buscado reducir la dependencia de ingredientes marinos (limitados y de impacto ambiental relacionado con la pesca), aumentando la presión en el uso de ingredientes terrestres alternativos, y como señalaron los expertos el “reducir ingredientes marinos no resuelve el problema por sí solo: muchas veces solo lo traslada del océano a la tierra”.

Por otro lado, esta reducción de ingredientes marinos ha provocado una disminución en la aportación de nutrientes clave para la salud y calidad del salmón, especialmente en términos de ácidos grasos omega-3 esenciales como EPA y DHA, lo que ha llevado a la merma nutricional del pez y, potencialmente, para los consumidores finales.

Esto ha convertido el encontrar ingredientes alternativos que permitan balancear la sostenibilidad y la nutrición en un desafío transversal para la industria acuícola.

En este contexto, los estándares y certificaciones juegan un rol clave en la construcción de resiliencia. Iniciativas como el estándar de alimentación del ASC buscan reducir riesgos en la cadena de suministro mediante trazabilidad, transparencia y exigencias sobre el origen de los ingredientes. Además, estos marcos generan incentivos concretos para la adopción de ingredientes de menor riesgo, facilitando la transición hacia sistemas de producción más sostenibles y resilientes.

Condición para escalar resiliencia

El fortalecimiento de la colaboración entre agentes a lo largo de toda la cadena de valor también fue identificado como un factor clave para el refuerzo de la resiliencia, donde desde productores a retailers, la coordinación y el trabajo precompetitivo son fundamentales para acelerar la adopción de soluciones y generar confianza en el mercado.

Los expertos concordaron que sólo a través de la colaboración a todos los niveles se puede escalar la resiliencia en la acuicultura y gestionar efectivamente los desafíos relacionados con la nutrición, sostenibilidad y oferta de ingredientes, ya que incrementa la transparencia y la confianza mutua, facilita la generación de evidencia compartida y ayuda a superar barreras económicas y reputacionales para la adopción de ingredientes alternativos y prácticas más sostenibles, y fortalece la gestión de riesgo mediante el trabajo colectivo y evita que cada actor enfrente estos cambios aisladamente.

En definitiva, la resiliencia en salmonicultura no dependerá de una única innovación, sino de la capacidad del sector para integrar nutrición, sostenibilidad y colaboración en un modelo productivo más robusto.

Puedes ver la sesión completa en este enlace.