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Cartas al Editor

Lecciones de las gallinas felices: Cuando el relato encarece la proteína

Mv. Mg. Paula Miranda. Foto: Salmonexpert.

*Carta al editor de Salmonexpert de la directora de Desarrollo y nuevos Negocios Acuanativa Nature Biotechnology, Paula Miranda.

Señor editor:

La evolución reciente de los marcos regulatorios en la salmonicultura refleja un cambio profundo en la forma de evaluar la actividad productiva: hoy se privilegia cómo la producción impacta el ambiente, la salud y el bienestar de los peces por sobre el volumen generado. Mortalidad, densidad, manejo del estrés, trazabilidad y reportabilidad se han transformado en ejes centrales de evaluación. Este giro es conceptualmente correcto, pero conlleva un riesgo técnico relevante cuando los indicadores se diseñan como objetivos en sí mismos y no como herramientas para mejorar el desempeño biológico integral del sistema. Regular sin comprender la complejidad fisiológica del pez puede derivar en sistemas más rígidos, más costosos y no necesariamente más sustentables.

El antecedente más ilustrativo de este riesgo es la producción de huevos de “gallinas felices”. En ese caso, estándares impulsados por tendencias de consumo y esquemas de certificación privilegiaron atributos visibles del sistema productivo sin integrar adecuadamente la eficiencia metabólica ni el uso total de recursos. El resultado fue ampliamente documentado: mayor consumo de alimento por huevo producido, incremento de mortalidad, mayores desafíos sanitarios y una huella ambiental superior por unidad de proteína. La lección es incómoda pero clara: cuando el bienestar se define desde el relato y no desde la biología, la proteína se encarece y la sustentabilidad se vuelve declarativa.

En salmonicultura, el bienestar animal es un factor determinante para una mejor producción cuando se aborda desde una gestión integral del sistema, donde las dietas, los aditivos funcionales y el manejo nutricional cumplen un rol central. Los indicadores de bienestar pierden valor si se evalúan de forma aislada y no se conectan con el desempeño biológico final del pez. Desde una perspectiva técnica, el bienestar real debe analizarse como un balance de masas: cuántos nutrientes, energía e insumos funcionales ingresan al sistema y cuánta biomasa saludable, robusta y comercialmente viable se obtiene como resultado. Estrategias nutricionales bien diseñadas, que incorporan dietas de alta biodisponibilidad y aditivos funcionales con efectos demostrables sobre estrés, inflamación y eficiencia metabólica, permiten mejorar conversión alimenticia, resiliencia fisiológica y estabilidad sanitaria. 

Cuando las exigencias de bienestar no consideran este enfoque integrado, existe el riesgo de optimizar indicadores parciales mientras se deteriora la eficiencia global del sistema, incrementando el uso de recursos por kilo producido y comprometiendo la sustentabilidad real de la actividad.

La conclusión es estratégica. El bienestar animal no debe oponerse a la productividad, pero tampoco puede desligarse del desempeño global del sistema. Un marco moderno debe integrar indicadores funcionales —eficiencia alimenticia, resiliencia fisiológica, integridad intestinal y respuesta al estrés— y permitir que las herramientas nutricionales y de manejo actúen como verdaderos habilitadores del bienestar real.