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Normativa interpretativa: las brechas invisibles del transporte de peces en Chile

Daniela Oyarzún, médico veterinaria y Magíster en Medio ambiente y Bioseguridad en Acuicultura.

Si bien existen sistemas de monitoreo en el transporte de peces, no suelen estar asociados a alertas o protocolos de acción inmediata, que permitan corregir problemas en el traslado, afirma Daniela Oyarzún.

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La médico veterinaria y Magíster en Medio ambiente y Bioseguridad en Acuicultura, Daniela Oyarzún, autora de la investigación “Análisis comparativo de la norma sanitaria que regula el transporte de peces vivos en la salmonicultura chilena y en otros países productores de salmón”, advierte que la salmonicultura chilena opera con altos estándares técnicos, pero sin una regulación suficientemente robusta que permita fiscalizar, estandarizar y prevenir riesgos sanitarios.

El estudio fue realizado como trabajo de título para la obtención del grado de magíster en Medio ambiente y Bioseguridad en Acuicultura, bajo la mentoría de las doctoras Sandra Bravo y Ana Millanao, investigadores exponentes de la investigación en ictiopatología y uso de antibióticos, respectivamente, quienes encausaron la trayectoria profesional de Daniela como certificadora hacia esta investigación.

A pesar de ser Chile el segundo productor mundial de salmón y referentes en ámbitos productivos, técnicos o de investigación, por ejemplo, el transporte de peces vivos continúa operando bajo una lógica donde gran parte de los estándares dependen de protocolos internos de cada empresa más que de exigencias regulatorias nacionales.

“El problema no es técnico”

A través de encuestas a empresas del sector y una revisión comparativa con la normativa internacional, el estudio realizado por Daniela plantea que Chile cumple estándares de bienestar animal y bioseguridad en el transporte de peces vivos, sin embargo, “las prácticas de las empresas son netamente por su forma de trabajo a nivel internacional, aplicando las normativas internacionales de sus casas matrices como Noruega o Escocia (...) pero acá en Chile no se está regulando que esos estándares se cumplan”, indica la médico veterinaria.

Daniela explica que el problema no radica en la falta de conocimiento técnico, ya que “hay mucha experiencia, cada empresa tiene todo su know-how y protocolos”, sino en la ausencia de una regulación normativa clara, estricta y fiscalizada que controle efectivamente las prácticas del transporte de peces vivos en Chile. La normativa actual sería interpretativa y laxa, sin parámetros específicos para aspectos esenciales como bienestar animal, control de temperatura, oxígeno o bioseguridad, sin definir estándares, y “como no hay una norma que indique cómo, cuánto o cuándo, puede haber consecuencias sobre los peces, pero no sobre la compañía, no en términos sancionatorio”.

El riesgo invisible

De acuerdo con Daniela, la normativa actual conlleva riesgos invisibles en varias dimensiones que pueden causar impactos negativos para la salud y el bienestar de los peces durante el transporte, muchas veces sin que la industria ni las autoridades se den cuenta oportunamente o evalúen sus consecuencias reales, generando pérdidas productivas y problemas sanitarios a largo plazo.

La inexistencia de parámetros óptimos de transporte como la temperatura, concentración de oxígeno, densidad animal en transporte o manejo sanitario, puede causar que los peces sufran condiciones subóptimas que generan estrés, impactando su sistema inmunológico, aumentando la susceptibilidad a enfermedades y mortalidad. Si bien existen sistemas de monitoreo (online, tracking, cámaras) en el transporte, éstos no suelen estar asociados a alertas o protocolos de acción inmediata que permitan corregir problemas durante el traslado, lo que significa que muchos eventos de estrés o condiciones adversas pasan desapercibidos hasta que los peces llegan dañados o muertos. Al no existir normativa clara que regule estos aspectos, no hay consecuencias para las empresas si no se cumplen las buenas prácticas de bioseguridad o bienestar animal. Esto favorece la persistencia de prácticas riesgosas o subóptimas que afectan a los peces sin ser sancionadas ni corregidas.

Una de las razones por las que Daniela cree que el control de transporte haya sido rezagado regulatoriamente es que el impacto a largo plazo no es visible inmediatamente. “Los manejos o condiciones estresantes del transporte pueden no causar daños evidentes de forma inmediata, pero sí impacta en la salud y calidad del pez en etapas posteriores. Estos efectos no se atribuyen claramente al transporte porque no hay un seguimiento integrado”.

Riesgos potenciales de la introducción de una infección en una piscifactoría.

El factor bienestar animal

Daniela expone que mientras en Chile el bienestar animal en el transporte de peces es un tema incipiente con normativas limitadas y escaso control, en países como Noruega el bienestar animal está claramente regulado e integrado en la legislación y prácticas productivas. En Chile “no está claramente definido qué es lo correcto o incorrecto en bienestar animal”, destacando la necesidad de avanzar en este tema para alcanzar estándares internacionales y mejorar a largo plazo la calidad de vida de los peces y la competitividad del sector.

La Ley General de Pesca y Acuicultura menciona el bienestar animal de manera general, pero no establece indicadores concretos, lo que, a su vez, impide una regulación clara, dificultando también la fiscalización y el control efectivo. Esto implica que algunas empresas aplican protocolos de acuerdo con su experiencia y directrices de su casa matriz, sin estar sistematizados ni garantizados en toda la industria. Siendo el transporte un proceso altamente estresante para los peces, mejorar el bienestar animal reduce pérdidas productivas, como por ejemplo la melanosis causada por estrés.

Brecha regulatoria

La normativa chilena actual es altamente interpretativa y general, con pocos parámetros o indicadores concretos que definan cómo debe realizarse el transporte de peces, especialmente respecto a bienestar animal y bioseguridad. Esto ha causado que “la normativa chilena sea reactiva, no preventiva”, ya que no hay un marco robusto que establezca medidas preventivas claras. La falta de registros o monitoreos específicos estandarizados que entregue parámetros claros (en el transporte terrestre, por ejemplo), y la carencia de una normativa que regule factores como la densidad de peces en el transporte o las condiciones precisas bajo las cuales debe realizarse, limita la calidad y seguridad del transporte y afecta al bienestar animal y la bioseguridad del sector

Así, la experta coloca como referencia a Noruega o Escocia, cuentan con normativas mucho más integrales y específicas que incluyen bienestar animal, bioseguridad y capacitación obligatoria. Noruega, por ejemplo, posee un sistema legal bien organizado, integrando leyes de alimentación animal, agricultura y bienestar animal de forma conjunta y coordinada. “Cuando miramos hacia afuera, vemos que tanto bioseguridad como bienestar animal están integrados de manera holística. Hay que compararnos no solo en números, sino también en estándares internacionales, normativas y protocolos”.

El potencial desaprovechado

Dentro del estudio se realizó un análisis FODA sobre el sistema de transporte de peces vivos en Chile, el que identificó como una de las fortalezas la tecnología integrada, con avances importantes como el monitoreo continuo y en tiempo real de parámetros clave (temperatura, oxígeno, etc.) y el uso de tracking y cámaras tanto en transporte marítimo como terrestre. Sin embargo, este potencial está desaprovechado porque, aunque los datos se recogen, no siempre se utilizan para la toma de decisiones en tiempo real o para generar alertas que permitan corregir problemas durante el transporte.

“Estamos sub-aprovechando las tecnologías que tenemos”, explicó la experta, destacando la oportunidad para incorporar tecnologías más avanzadas como automatización y machine learning para optimizar el control y la gestión del transporte y la toma de decisiones oportuna.

Finalmente, Daniela invita a que el Estado asuma un rol protagónico y establezca normativas claras y de cumplimiento obligatorio, con criterios definidos para la industria, para evitar la heterogeneidad y disminuir los riesgos sanitarios y productivos. Si bien se comenzado a avanzar en ello, la médico veterinaria señaló que debiese darle mayor relevancia a la salmonicultura en el marco institucional y político, debido a su importancia económica para el país.

En este contexto, Oyarzun señala que el desafío de la salmonicultura chilena no pasa únicamente por mantener buenos resultados productivos, sino también por avanzar hacia estándares más robustos en bienestar animal, bioseguridad y trazabilidad. “Si mejoramos bienestar animal, mejoramos calidad”, sostiene la investigadora, enfatizando que un pez sometido a menos estrés presenta mejores condiciones fisiológicas y menores riesgos de desarrollar problemas posteriores durante el ciclo productivo.