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Algas y salmón: sinergias para una acuicultura más sostenible

Foto: Mayma Azul.

Un informe de TNC Chile y Mayma Azul destaca el cultivo de algas como una actividad complementaria a la salmonicultura, con beneficios ambientales, sociales y productivos.

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Según la Hoja de Ruta para el Desarrollo Sostenible de la Acuicultura de Algas en Chile, el país cuenta con una de las costas más extensas y diversas del mundo, con más de 6.400 kilómetros de litoral, lo que configura condiciones altamente favorables para el desarrollo de nuevas acuiculturas. El informe, elaborado por The Nature Conservancy Chile y Mayma Azul, plantea que este potencial permite proyectar una industria del cultivo de algas con impactos positivos tanto en lo ambiental como en lo productivo y social.

El documento contextualiza esta oportunidad señalando que la pesca y la acuicultura generan en conjunto más de US$8.500 millones anuales en ingresos para Chile, empleando a decenas de miles de personas en zonas costeras. De ese total, más de la mitad proviene de la salmonicultura, actividad que representa sobre el 6% de las exportaciones del país, posicionando a Chile como el segundo productor mundial de salmón.

En paralelo, el informe releva que Chile es hoy el principal recolector silvestre de algas del mundo, con una producción superior a las 428 mil toneladas en 2024, duplicando a China, que ocupa el segundo lugar. Esta actividad genera alrededor de US$100 millones anuales y da empleo directo a cerca de 75 mil personas, aunque el documento advierte que la dependencia de la extracción silvestre plantea desafíos de sostenibilidad a largo plazo.

Frente a este escenario, el informe plantea que el cultivo de algas —que actualmente representa solo el 3% de la producción nacional— ofrece una alternativa estratégica para diversificar la matriz productiva. A juicio de los autores, el desarrollo de una acuicultura no extractiva permitiría reducir la presión sobre bancos naturales, favorecer la recuperación de praderas y asegurar la provisión de servicios ecosistémicos esenciales.

Complementariedad

Uno de los ejes centrales del documento es la complementariedad entre la acuicultura de algas y la salmonicultura. El análisis destaca que las algas, al absorber nutrientes como nitrógeno y fósforo, pueden contribuir a mejorar la calidad del agua en áreas productivas, reduciendo riesgos asociados a floraciones algales y desoxigenación, y aportando a una gestión ambiental más integrada de los territorios acuícolas.

Manejo del recurso

A través de esta iniciativa conjunta con TNC Chile, la Universidad de Los Lagos y con financiamiento de la Fundación Walmart, la compañía salmonicultora Blumar participa en un piloto de cultivo de huiro desarrollado en la Región de Aysén a partir de experiencias iniciadas en el primer semestre de 2021 y profundizadas en un proyecto colaborativo durante 2024, el cual se implementó junto al STI de la Pesca Artesanal Buzos Mariscadores Nueva Ventura, integrando el conocimiento y la experiencia local en el manejo del recurso. La iniciativa tuvo como objetivo absorber nutrientes, regenerar servicios ecosistémicos y evaluar de manera continua cómo este enfoque puede contribuir a mitigar impactos asociados a la salmonicultura.

“Este tipo de pilotos demuestra que es posible avanzar hacia una acuicultura más integrada y regenerativa, donde el cultivo de algas puede aportar a la absorción de nutrientes, a la recuperación del entorno marino y a una operación más sostenible de los centros de cultivo, además de generar espacios de colaboración con pescadores artesanales del territorio”, señaló el gerente técnico de Blumar, Esteban Ramírez.

Desde esa perspectiva, el informe propone avanzar hacia modelos de co-cultivo o integración espacial que permitan generar sinergias productivas entre ambas actividades. Lejos de plantearlas como sectores contrapuestos, el documento subraya que la salmonicultura y el cultivo de algas pueden convivir y reforzarse mutuamente, avanzando hacia esquemas más circulares y eficientes en el uso de recursos marinos.

La dimensión social ocupa un lugar destacado en la hoja de ruta. El informe sostiene que el desarrollo del cultivo de algas puede transformarse en una herramienta de diversificación económica para comunidades costeras, con especial impacto en mujeres, jóvenes y pueblos originarios, quienes históricamente han estado vinculados a la recolección y manejo de estos recursos en distintos territorios del país.

No obstante, el diagnóstico reconoce que escalar esta industria implica enfrentar barreras relevantes. Entre ellas se identifican los altos costos iniciales, la limitada disponibilidad de financiamiento, la escasez de infraestructura —como hatcheries, sistemas de secado y plantas de procesamiento— y la falta de programas de formación técnica especializados para nuevos cultivadores.

Para abordar estas brechas, el informe se construyó a partir de un proceso colaborativo que involucró a comunidades costeras, sector público y privado, academia y organizaciones de la sociedad civil. Este trabajo permitió levantar una visión compartida y definir lineamientos estratégicos anclados en la realidad territorial, evitando soluciones estandarizadas y promoviendo enfoques adaptados a cada contexto local.

Como parte de este proceso, The Nature Conservancy Chile, con apoyo de la Universidad de Los Lagos, impulsó pilotos de cultivo de algas en la región de Aysén. Uno de ellos se desarrolló en un área de manejo de un sindicato de pescadores y otro en una granja de cultivo de salmón, demostrando la viabilidad operativa, ambiental y económica de integrar ambas actividades en un mismo territorio.

A partir de estos aprendizajes, la hoja de ruta propone un plan de acción a cinco años estructurado en cuatro ámbitos estratégicos: innovación e investigación, desarrollo de mercados y agregación de valor, gobernanza y regulación, y desarrollo e inclusión social. El objetivo es consolidar una industria del alga resiliente, diversificada y capaz de generar beneficios a lo largo de toda la cadena de valor.

En su cierre, el informe —financiado por la Fundación Walmart— plantea que la acuicultura de algas puede convertirse en un catalizador para la regeneración marina y el desarrollo económico local. Su integración con la salmonicultura aparece como una oportunidad concreta para avanzar hacia una economía azul más sostenible, fortaleciendo simultáneamente la productividad, la protección de los ecosistemas y los medios de vida costeros.