Anuncio

Salmonicultura y Agro consolidan una agenda común para multiplicar el valor económico

Imagen: Seminario “Alianza Agrosalmón: una oportunidad para el crecimiento país”.

Si la participación de ingredientes vegetales en el alimento aumentara al 70% y el trigo chileno alcanzara el 50% del abastecimiento, el consumo de este cereal por parte de la salmonicultura casi se duplicaría.

Published

El pasado viernes, el Consejo del Salmón realizó el seminario “Alianza Agrosalmón: una oportunidad para el crecimiento país”, transmitido por Emol TV, instancia que reunió a representantes del sector público, la agricultura y la salmonicultura para analizar las oportunidades de articulación entre ambas actividades. La jornada puso el foco en el potencial de los encadenamientos productivos, la innovación y el desarrollo territorial como pilares para fortalecer la competitividad del sur de Chile y avanzar hacia una producción de alimentos cada vez más integrada y sostenible.

La actividad contempló la presentación del primer estudio sobre encadenamiento productivo entre la agricultura y la salmonicultura, a cargo del economista y especialista en desarrollo productivo Rodrigo Krell, quien expuso los principales resultados de la investigación y entregó antecedentes sobre la relación entre el agro, las empresas elaboradoras de alimentos para salmones y la actividad salmonicultora. Posteriormente, se desarrolló un panel de conversación moderado por Patricia Vildósola, editora de Revista del Campo, en el que participaron el ministro de Agricultura, Jaime Campos; la presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel; y el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker. El análisis permitió dimensionar la contribución económica que ya genera la relación entre ambos sectores y el potencial de profundizar esta integración en distintas regiones del país.

Rodrigo Krell presentó los principales resultados del primer estudio sobre encadenamiento productivo entre la agricultura y la salmonicultura, en el que analizó el aporte que genera esta actividad para la economía chilena y las oportunidades para fortalecer su vínculo con el agro. Durante su exposición, remarcó que el sector constituye un motor estratégico para el desarrollo nacional y regional, no solo por su presencia en la macrozona sur austral, sino también por la extensa red de proveedores que moviliza en distintos ámbitos productivos. “La industria del salmón ya es estratégica para la realidad económica nacional y regional y tiene un potencial mucho mayor de impacto todavía en la economía y el bienestar de Chile”.

Krell explicó que, si bien la producción se concentra principalmente en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, sus efectos trascienden esos territorios gracias a la demanda de bienes y servicios provenientes de sectores como transporte, logística, servicios profesionales, comercio y energía. En esa línea, precisó que la salmonicultura representa directamente el 0,82% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, cifra que aumenta hasta el 1,79% al incorporar sus impactos indirectos. A nivel regional, en tanto, alcanza el 30% del PIB de Aysén, el 16,4% en Los Lagos y el 12,5% en Magallanes, reflejando su peso en el desarrollo económico de la macrozona sur austral.

Asimismo, advirtió que, mientras la acuicultura continúa creciendo a nivel global y Noruega mantiene una estrategia de expansión sostenida, la salmonicultura chilena ha mostrado un estancamiento relativo en los últimos años. A su juicio, este escenario refuerza la necesidad de elevar la productividad y fortalecer la cadena de proveedores como una vía para seguir ampliando la contribución económica del sector.

Uno de los principales focos de la presentación fue la elaboración de alimentos para salmones, ámbito que concentra cerca de la mitad de los costos del cultivo y representa una oportunidad concreta para profundizar la articulación con la agricultura chilena. Según detalló, el cultivo de salmones destina alrededor de $539 mil millones a la elaboración de alimentos para animales y realiza compras a proveedores nacionales por cerca de $3.967 mil millones, mientras que las importaciones alcanzan alrededor de $164 mil millones, reflejando el peso que ya tiene la cadena de abastecimiento local y el espacio existente para incrementar la participación de materias primas nacionales.

En ese escenario, Krell sostuvo que fortalecer la producción agrícola nacional permitiría ampliar significativamente los beneficios económicos y territoriales de esta articulación productiva. De acuerdo con las proyecciones del estudio, si la participación de ingredientes vegetales en el alimento balanceado aumentara del 60% al 70% y el trigo chileno alcanzara el 50% del abastecimiento requerido, el consumo de este cereal por parte de la salmonicultura llegaría a 462 mil toneladas y su valor económico crecería desde US$45 millones hasta US$85 millones. “El mensaje central es que la industria tiene un potencial enorme de mayor impacto en la industria triguera nacional y en las regiones de Chile que tanto lo necesitan”.

Alianza estratégica

Los resultados del estudio sirvieron de base para el panel de conversación, donde representantes del Gobierno, el Consejo del Salmón y la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) coincidieron en que el desafío ahora es convertir ese potencial en una agenda de trabajo de largo plazo. En ese contexto, destacaron que una mayor integración entre ambos sectores puede transformarse en un motor de desarrollo para distintas regiones del país, generando nuevas oportunidades de innovación, competitividad y crecimiento.

El ministro Jaime Campos, planteó que avanzar en ese objetivo requiere un trabajo coordinado entre agricultores, empresas elaboradoras de alimentos y empresas productoras de salmón. A su juicio, el siguiente paso es consolidar una instancia que permita identificar con precisión las necesidades de cada eslabón y orientar los esfuerzos públicos y privados hacia una visión compartida. “Si queremos que este sector siga creciendo y proyectándose hacia el futuro, es clave que exista una mesa donde todos los actores involucrados puedan conversar, intercambiar información y construir una visión compartida”.

Desde la mirada del agro, Antonio Walker, coincidió en que la demanda de materias primas para la alimentación de los salmones representa una oportunidad para recuperar superficie destinada a cultivos tradicionales y abrir un nuevo mercado para los agricultores del sur del país. En ese sentido, sostuvo que el desafío pasa por adecuar la producción agrícola a los requerimientos de la salmonicultura, reduciendo progresivamente la dependencia de insumos importados. “Hoy existe un diálogo mucho más claro sobre las características de los granos que requiere la salmonicultura, y como agricultores tenemos la capacidad de producirlos en Chile”.

En esa línea, Campos subrayó que el siguiente paso será profundizar la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico para responder a las necesidades de este encadenamiento. A su juicio, no basta con aumentar la producción de cereales, sino que será necesario desarrollar variedades con las características nutricionales que demanda la alimentación de los salmones, tarea en la que instituciones como el INIA, las universidades y los instrumentos públicos de innovación pueden desempeñar un papel clave. “El productor nacional tiene que adecuar su producción al tipo de alimento que requiere la industria y, para ello, la información y la investigación son fundamentales”.

En tanto, Loreto Seguel, explicó que ese trabajo comenzó hace dos años con la creación de la Alianza Agrosalmón, iniciativa orientada a generar confianzas entre ambos sectores antes de impulsar acciones concretas. Destacó que actualmente más de la mitad de los ingredientes utilizados en la alimentación del salmón chileno corresponde a proteínas de origen vegetal, realidad que entrega un sustento concreto a esta alianza y abre nuevas oportunidades para la agricultura nacional. “Hoy ya no hablamos solamente de una idea o de una convicción. Existe un encadenamiento productivo real entre la agricultura y la salmonicultura, y sobre esa base tenemos que seguir construyendo”.

Seguel agregó que este proceso también ha incorporado a las empresas elaboradoras de alimentos para salmones, promoviendo una estrategia conjunta con el mundo agrícola. En esa línea, resaltó que, además de impulsar encuentros entre los distintos actores, la alianza avanzó en la elaboración de una hoja de ruta para 2026 y 2027, respaldada por asesoría especializada. “Siempre tuvimos claro que esto debía combinar contenido y acción. Por eso impulsamos el primer estudio sobre encadenamiento productivo y una planificación estratégica que permita transformar esta oportunidad en resultados concretos".

Para Walker, una mayor coordinación entre ambos sectores también permitirá fortalecer la competitividad del agro mediante innovación genética y una producción orientada a las necesidades de la salmonicultura. A su juicio, comprender con precisión las características de los insumos requeridos facilitará que los agricultores desarrollen una oferta más especializada, fortaleciendo el abastecimiento nacional y generando mayor valor agregado para ambas actividades.

Como cierre del panel, los participantes coincidieron en que una mayor integración entre agricultura y salmonicultura contribuirá no solo a fortalecer la competitividad de ambos sectores, sino también a impulsar el desarrollo regional, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria del país. En ese marco, Campos reafirmó el respaldo del Ministerio de Agricultura para avanzar mediante instrumentos de información, innovación y fomento productivo. “Las posibilidades de trabajo conjunto son enormes, pero requieren una visión común. En ese camino siempre contarán con el apoyo del Ministerio y del Gobierno”.