Columna de Opinión
Gestionar el agua: la nueva estrategia productiva de la salmonicultura
*Columna de opinión para Salmonexpert de Rodrigo Grez, gerente Comercial de CPI Equipment.
Durante muchos años, la industria salmonicultora aprendió a convivir con fenómenos ambientales que aparecían de manera relativamente predecible. Floraciones algales, eventos de hipoxia o cambios bruscos de temperatura eran considerados episodios extraordinarios para los que existían protocolos de respuesta.
Hoy esa lógica ya no alcanza.
El cambio climático ha transformado la variabilidad ambiental en parte del escenario operativo. Fenómenos como El Niño ya no pueden entenderse únicamente como eventos climáticos; son una condición que obliga a replantear la forma en que gestionamos los centros de cultivo. Y ese cambio de paradigma merece una reflexión.
Durante décadas, gran parte de la innovación en la industria estuvo enfocada en aumentar la capacidad productiva. Equipos más eficientes, mejores alimentos, genética, automatización de procesos y optimización logística permitieron elevar los estándares de producción de manera sostenida.
Sin embargo, hoy la pregunta parece ser otra.
¿Cómo mantenemos esa productividad cuando el ambiente deja de comportarse de manera estable?
Las altas temperaturas superficiales, la formación de termoclinas cada vez más persistentes y la disminución del oxígeno disponible generan un escenario donde el desafío ya no consiste únicamente en producir más biomasa, sino en conservar condiciones ambientales que permitan sostener esa producción.
En otras palabras, la gestión del agua está dejando de ser una tarea operacional para convertirse en una estrategia productiva.
Creo que ese será uno de los grandes cambios en los próximos años
Así como hace algunos años la automatización comenzó a transformar la alimentación, hoy estamos viendo cómo la inteligencia operacional empieza a cambiar la forma en que entendemos el ambiente donde viven los peces.
Ya no hablamos solamente de medir variables. Hablamos de anticiparlas.
Ya no basta con registrar datos. Es necesario utilizarlos para intervenir antes de que el problema ocurra.
Y eso explica por qué tecnologías como el monitoreo continuo, la mezcla controlada de la columna de agua, la oxigenación de precisión y los sistemas capaces de responder en tiempo real están adquiriendo un rol cada vez más relevante.
No porque reemplacen la experiencia de las personas. Sino porque entregan herramientas para tomar mejores decisiones en un contexto mucho más dinámico.
La resiliencia de un centro de cultivo ya no dependerá únicamente de su infraestructura o de sus protocolos. Dependerá, cada vez más, de su capacidad para mantener un ambiente estable cuando el entorno deja de serlo.
No prepararnos para un evento puntual.
Sino asumir que la incertidumbre llegó para quedarse.
Y cuando eso ocurre, la tecnología deja de ser un elemento diferenciador para transformarse en parte de la infraestructura crítica de la operación.
La salmonicultura chilena siempre ha demostrado una enorme capacidad de adaptación. Hoy tiene una nueva oportunidad para hacerlo, incorporando tecnologías que no solo permitan reaccionar frente a eventos extremos, sino gestionar el agua con un nivel de precisión que hace algunos años parecía imposible.
Porque, al final, el futuro de la industria probablemente no pertenecerá a quienes produzcan más.
Pertenecerá a quienes sean capaces de mantener mejores condiciones ambientales, durante más tiempo, incluso cuando el océano juegue en contra.