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Cómo la IA eleva la alimentación del salmón de oficio a disciplina escalable

Desde AKVA group afirman la industria ha puesto el foco en recolectar más datos cuando el verdadero desafío es tomar mejores decisiones con la información que ya existe, de forma consistente y en tiempo real.

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Durante su presentación en HavExpo, en Bergen, Noruega, Ole Kristian Sivertsen, CEO Digital de AKVA group, planteó una reflexión directa: a pesar de décadas de inversión en sensores, cámaras, sistemas de alimentación y plataformas digitales, la alimentación sigue siendo el mayor margen no capturado de la salmonicultura. El problema, sostuvo, no es la falta de tecnología, sino cómo se está utilizando.

Según Sivertsen, la industria ha puesto el foco en recolectar más datos cuando el verdadero desafío es tomar mejores decisiones con la información que ya existe, de forma consistente y en tiempo real, a través de miles de jaulas y turnos operativos. “Una buena alimentación es un oficio; una alimentación escalable es una disciplina”, señaló, marcando la diferencia entre mejoras marginales y saltos reales en desempeño productivo.

El CEO de AKVA Digital ilustró este límite con la realidad diaria de una alimentadora experimentada que debe operar múltiples jaulas en paralelo, tomando cientos de microdecisiones por hora. No se trata de falta de competencia, explicó, sino de un techo de capacidad humano: incluso los mejores operadores no pueden estar atentos a todo al mismo tiempo. En ese contexto, pequeñas variaciones en precisión se acumulan y generan pérdidas significativas.

De hecho, estudios comparativos presentados por AKVA muestran que la precisión en alimentación puede variar hasta un 40% entre jaulas de un mismo centro, con peces, equipos y alimento idénticos. La diferencia, enfatizó Sivertsen, no es biológica, sino de precisión. El verdadero valor está en convertir la alimentación óptima en el estándar diario de toda la organización, jaula por jaula.

Para explicar el camino, el ejecutivo recurrió a una analogía con la Fórmula 1: el gran salto en rendimiento no vino solo de mejores autos, sino de la incorporación de telemetría y centros de control capaces de procesar cientos de variables en tiempo real y apoyar la toma de decisiones. La salmonicultura, afirmó, ya tiene la infraestructura instalada; lo que falta es la capa que transforme esos datos en decisiones precisas ejecutadas en tiempo real. Ahí es donde la inteligencia artificial se convierte en la palanca clave.

Sivertsen fue enfático en aclarar que la IA no reemplaza a los alimentadores. Su rol es asumir tareas de monitoreo continuo, filtrar el ruido y destacar lo relevante, permitiendo que las personas se concentren en las decisiones de criterio. De esta forma, la calidad de la decisión número doscientos puede ser tan buena como la primera, en paralelo y a escala. El mejor estándar deja de depender del talento individual para transformarse en desempeño organizacional.

La precisión, además, no se trata simplemente de reducir desperdicios. Alimentar menos no es necesariamente alimentar mejor. El objetivo es alcanzar el óptimo biológico, El punto en que cada pellet entrega el máximo crecimiento, de modo que el pez llegue al peso de cosecha lo más rápido posible, evitando tanto la sobrealimentación como la subalimentación, esta última muchas veces más costosa por alargar ciclos productivos y aumentar riesgos.

Finalmente, Sivertsen destacó que esta precisión previsible no sólo mejora márgenes y FCR, sino que es clave para la confianza regulatoria, la licencia social y el acceso a capital. Con más de 2.000 jaulas operando hoy con apoyo de IA y mejoras sostenidas en FCR superiores a 0,1 puntos, el mensaje fue claro: en una industria donde el alimento es el mayor costo individual, cada pellet es una decisión estratégica. Y con el soporte adecuado, rentabilidad y sostenibilidad avanzan juntas.