Columna de Opinión
La hora de la historia: ¿es importante el salmón para Chile?
*Columna de opinión para Salmonexpert del cientista político y especialista en temas ambientales, Carlos Martínez.
Diversos medios en el mundo titularon la semana pasada que “El mundo bate el récord en producción de pescados gracias a la acuicultura”. Basado en un informe del 2026 de la FAO sobre “El estado mundial de la pesca y la acuicultura”, señalando que esto “confirma el papel cada vez más importante que corresponde al sector en la alimentación de una población mundial en aumento”. Agregando que esta actividad cumple una función cada vez más importante en las dietas saludables, en el empleo a 65 millones de personas en el sector primario, “esencial la función que cumplen en las economías rurales y las comunidades costeras”. Agregando que correspondió a las mujeres el 27 % del empleo en la producción primaria y el 56 % en las actividades relativas a la elaboración”.
Este informe tiene una enorme importancia para Chile, dado que la salmonicultura es el segundo producto de exportación. Personalmente creo que la salmonicultura puede ser interpretada como parte de una transformación más amplia de lo que se denominan Revolución Azul. Al igual que la Revolución Verde multiplicó la producción agrícola durante el siglo XX, la acuicultura permitió aumentar la disponibilidad mundial de alimentos marinos en un contexto de límites crecientes para la pesca extractiva. Desde esta perspectiva, la salmonicultura es una historia de progreso, innovación tecnológica y seguridad alimentaria.
La narrativa dominante en ciertos círculos académicos, como en el mundo de ONGs y del conservacionismo se tiende a situar la salmonicultura de Chile dentro de una historia de crisis ecológica, degradación ambiental y cuestionamiento de la modernidad industrial, Desde esta mirada, el cultivo del salmón aparece como una expresión de la expansión tecnológica sobre la naturaleza y como parte de las contradicciones del Antropoceno.
Dentro de esta última mirada hemos visto que surgen proyectos académicos internacionales, como DARKLAX de la Universidad de Bergen en Noruega, coincidente con la mirada del activismo ambiental y de las ONGs que prácticamente han sitiado la actividad.
Tenemos hoy un proyecto de historia en realización en Noruega con el título “Darklax: El lado oscuro de la sostenibilidad: Noruega y el auge y la caída de la acuicultura de salmón en Chile. Una historia transnacional del futuro (1970-2030)”. dirigido por el argentino Ernesto Semán junto a un grupo de investigadores, y con el aporte de 10 millones de coronas noruegas (aproximadamente 1 millón 240 mil dólares). provenientes del Research Council of Norway.
Al grupo se han integrado investigadores chilenos, noruegos y de Estados Unidos, académicos y dirigentes ambientalistas provenientes de ONGs y comunidades, cuyo común denominador es su oposición a la industria salmonera en Chile.
Señalan ellos que este proyecto revelaría el lado más oscuro de la salmonicultura chilena y del papel de Noruega como su mayor inversor e inspirador. Las prácticas sostenibles habrían , han tenido como resultado “diezmar los paisajes acuáticos y naturales”; y “las poblaciones locales e indígenas protestan contra las prácticas empresariales problemáticas o ilegales”.
Para ellos el explosivo desarrollo de la salmonicultura en Chile ha resultado ser un experimento incontrolado en un laboratorio al aire libre, con catastróficas consecuencias medioambientales, económicas y sociales cuyo efecto total aún no se dimensiona.
Ernesto Semán sostiene que el salmón es un animal del Norte, y que, durante más de cinco millones de años, nunca cruzó el Ecuador por voluntad propia. Agrega que durante el último medio siglo, la ingeniería humana habría llevado los huevos al Sur e inició con éxito su cría, “desencadenando un sinfín de transformaciones medioambientales, sociales y económica.”
Construyen su relato con la premisa de que “la industria creó nuevos desafíos sobre la visión antropocéntrica de los bienes, servicios y dones de la Tierra como "recursos supeditados" a las necesidades humanas”. (Deep Ecology dixit).
Contrariamente a Semán, una mirada humanista vería que la verdadera revolución histórica no fue que el salmón cruzara el Ecuador. Fue que la genética, la ingeniería, la nutrición animal, la experiencia viajaron. El protagonista histórico sería el conocimiento humano.
El proyecto presentó en mayo en un encuentro académico en Paris la ponencia: “¿Salmones en el Sur? Por primera vez en 20 millones de años”. En abril reciente, en una conferencia en Londres, el director del proyecto abordó la industria chilena del salmón, bajo el título “Coloring Garbage in the Robbery Economy: The Synthetic Commodity of the Salmon Farming Industry” donde hace un análisis del color rosado del salmón de cultivo como “una construcción industrial”. El colorante se introduciría a los salmones convirtiéndolo en un producto engañoso. Dicho color natural del salmón que exportamos sería gracias a un proceso industrial. El consumidor compraría así un producto con apariencia natural, con color que se obtendría no por alimentación natural sino por el uso de la astaxantina en su dieta. Constituyendo un “engaño” en el producto que se vende. Esta calificación proviene del Concepto extraído de "Robbery Economy" del químico alemán Justus Von Liebig. (quien a su vez influyó en Marx).
Frente a este proyecto, existe, sin desconocer los desafíos ambientales, otra historia. La de una innovación tecnológica sin precedentes en el sur de Chile que transformó territorios aislados en polos de desarrollo, creo empleos, impulsó infraestructura, conectó regiones australes con mercados globales y contribuyó a la producción de proteínas de alta calidad.
Es una historia de la circulación internacional del conocimiento. Huevos provenientes del hemisferio norte, tecnología desarrollada en Noruega, capacidades científicas construidas en Chile y una compleja red de innovación pública y privada que permitieron una actividad inexistente hasta fines de la década del 80.
Dado que el salmón es el segundo producto de exportación del país, nos lleva a recordar el trabajo que realizara el economista Patricio Meller respecto al cobre: “ El cobre chileno y la política minera” y en el cual se planteaba sobre el debate histórico la pregunta de si: “¿Es importante el cobre para Chile?”.
¿No es el momento de replicar esa pregunta también sobre la salmonicultura? Parafraseando a Patricio Meller respecto al cobre, necesitamos una historia que no sufra de un “alto sustento ideológico y débil racionalidad económica “situación que creemos replica DARKLAX.
La historia conoce de tantas transformaciones positivas de alimentos que transitaron de territorios y civilizaciones. La historiadora Virginia Postrel en “El tejido en la civilización” afirma que el conocimiento viaja más que los recursos y considera que la riqueza moderna depende más de la circulación del conocimiento que de la posesión de recursos naturales. Según ella la abundancia aparece cuando el conocimiento humano transforma materiales y organismos.
DARKLAX intenta probar que la introducción del salmón atlántico en Chile implicó transformaciones negativas, afirmándose en hipótesis inspiradas en visiones del ambientalismo contemporáneo y del izquierdismo latinoamericano anti extractivista.
DARKLAX anuncia un encuentro en Bergen para marzo del 2027 en convenio con la Universidad Diego Portales:“ The Big Fish: The Owners of Salmon Farming in Norway and Chile”, centrado en los propietarios, inversionistas y estructuras de poder de la salmonicultura. El proyecto contempla una monografía, conferencias, un documental y una tesis doctoral.