Anuncio

Columna de Opinión

Decisiones automatizadas en centros de cultivo: la conversación que llega al directorio

Sandra Silva.
Published

*Columna de opinión para Salmonexpert de Sandra Silva, consultora en gobernanza algorítmica.

En el último tiempo, el sector salmonicultor chileno ha incorporado avances visibles en consolidación de sistemas operativos. Plataformas que cruzan datos de mortalidad, alimentación, temperatura y comportamiento del cardumen en una sola pantalla.

Por otro lado, si bien los protocolos operativos existen y están documentados en el sector, la conversación abierta es otra y ocurre un nivel más arriba: en el gobierno corporativo de los modelos que esos sistemas operan.

Este es el espacio que la Ley 21.719 va a regular desde diciembre.

La consolidación de sistemas operativos se ubica en el plano técnico. Qué datos se cruzan. Qué decisiones se aceleran. Qué KPI se mueven con la nueva arquitectura.

El plano de gobierno corporativo actúa en otro nivel. Quién firma el modelo de scoring de proveedores. Quién aprueba la lógica del algoritmo de predicción de mortalidad. Qué acta del directorio respalda que esa predicción automatizada esté operando.

No existía un marco externo que exigiera formalizar el estado del gobierno. Hoy existe ese marco y la formalización tiene fecha.

A la pregunta si "funciona el modelo" se suma "quién firma por él".

Con la entrada en vigencia de la Ley 21.719 en diciembre, su disposición sobre decisiones automatizadas pasa a ser exigible. Las decisiones que produzcan efectos jurídicos o significativos sobre personas (productores, proveedores, trabajadores, consumidores) requieren trazabilidad, autoría documentada y canal de impugnación específico.

Las sanciones llegan a 20.000 UTM por infracción gravísima, en torno a $1.430 millones al valor de la UTM de junio. Con techo adicional de 4% de los ingresos anuales para reincidencia en empresas grandes.

Lo que cambia desde diciembre tiene que ver con responsabilidad, no con operación. La firma técnica del modelo, hasta esa fecha, era materia del equipo de datos o del proveedor. Desde diciembre es materia del órgano que responde por el gobierno corporativo.

Las decisiones automatizadas que están activas hoy en la industria salmonera son varias. Modelo de scoring de proveedores. Predicción de mortalidad. Algoritmo de alimentación. Evaluación comparativa de centros productivos. Asignación de cuotas operativas. Trazabilidad de origen para mercados de destino, entre otras.

Cada una, sin modelo documentado y sin canal de impugnación específico, queda abierta a sanción individual desde el 1 de diciembre.

Lo que viene en los próximos seis meses se define en el directorio, no en la sala técnica. Qué decisiones automatizadas están activas hoy en la empresa. Cuáles tienen documento firmado. Cuáles no. Y qué órgano va a cerrar esa brecha antes de que la cierre un fiscalizador.

Este diálogo ya está ocurriendo en directorios de empresas exportadoras de sectores productivos regulados. La pregunta es si en el sector salmoncultor esa conversación ya está instalada.

La pieza que conecta los sistemas con el directorio no se compra con licencias de software. Se construye desde adentro de la empresa: inventario de qué decisiones automatizadas operan, autoría técnica documentada, acta de directorio que respalda.

El 1 de diciembre, la empresa salmonicultora que tenga esta estructura implementada va a operar tranquila. La que no la tenga va a improvisar con riesgo cuantificado.

Esta conversación recién empieza.