Autovacunas abren debate sobre cómo responder a nuevos desafíos sanitarios de la salmonicultura
Un nuevo informe compara la regulación en Canadá, Escocia y Noruega y destaca el potencial de las autovacunas para responder a patógenos emergentes y reducir el uso de antimicrobianos.
La aparición de nuevos desafíos sanitarios está llevando a la salmonicultura a buscar herramientas que permitan responder con mayor rapidez a patógenos emergentes o a cambios en los microorganismos que ya circulan en los centros de cultivo.
En este escenario, las vacunas autógenas o autovacunas aparecen como una alternativa de interés, debido a su capacidad de ser desarrolladas a partir de cepas aisladas desde peces afectados y, por tanto, adaptarse a situaciones epidemiológicas específicas.
Este es uno de los temas abordados por un reciente documento de Asesoría Técnica Parlamentaria elaborado por Leonardo Arancibia, Jessica Fuentes y Rubén Avendaño-Herrera, y que se enmarca en el trabajo colaborativo entre la Biblioteca del Congreso Nacional y el Centro Incar2.
El informe, titulado “Normativa para el desarrollo, investigación y uso de vacunas en peces: Experiencia de Canadá, Escocia y Noruega”, revisa los marcos regulatorios de estos tres países, específicamente en cómo se regulan y aplican las vacunas.
Este nuevo análisis da continuidad a una discusión que ya se había abordado a comienzos de año, cuando un informe de similares características puso el foco en los desafíos regulatorios que enfrenta Chile para el desarrollo, autorización y uso de vacunas en peces. En esa primera revisión, el énfasis estuvo puesto en comparar el modelo chileno con las experiencias de Noruega y España y en cómo contar con procesos regulatorios más eficientes podría favorecer el uso de vacunas y reducir la dependencia de antimicrobianos.
El potencial de las autovacunas
El documento recuerda que la introducción de vacunas comerciales representó un cambio significativo para la salmonicultura, permitiendo avanzar desde estrategias basadas principalmente en antimicrobianos hacia la inmunoprofilaxis.
Sin embargo, los autores advierten que las vacunas para peces presentan desafíos regulatorios particulares, al involucrar simultáneamente aspectos relacionados con productos farmacéuticos, sanidad animal y protección ambiental.
En este contexto, el informe determina que las autovacunas pueden ofrecer una ventaja frente a situaciones en que las formulaciones comerciales disponibles no entregan una respuesta adecuada.
A diferencia de una vacuna comercial, las autovacunas pueden elaborarse a partir de cepas patogénicas aisladas desde un centro de cultivo afectado o desde unidades epidemiológicamente vinculadas. Esta característica permite desarrollar preparaciones orientadas a una situación sanitaria concreta y adaptadas a la variabilidad antigénica local.
Otro atributo es la posibilidad de reducir los tiempos de desarrollo. El informe señala que, bajo determinadas condiciones, una autovacuna puede producirse en un período considerablemente menor que una nueva vacuna comercial, lo que permitiría responder de manera más oportuna frente a cambios epidemiológicos.
Esta capacidad podría ser particularmente relevante frente a patógenos emergentes o microorganismos que presentan variaciones genéticas y para los cuales las vacunas disponibles no necesariamente ofrecen una protección suficiente.
“La consolidación de las vacunas autógenas representa una estrategia preventiva que ya es considerada en los países estudiados para mitigar los brotes infecciosos y la resistencia antimicrobiana en la acuicultura global. Más especialmente, frente a la aparición de patógenos emergentes o modificaciones en el serotipo y/o genotipo de patógenos endémicos. Por tanto, estas herramientas destacan por su capacidad de adaptación frente a la variabilidad genética local de los patógenos, optimizando la respuesta sanitaria en las unidades epidemiológicas”, plantea el documento.
De esta forma, según el informe, su implementación exitosa requiere integrar armónicamente las exigencias de bioseguridad, el rigor del diseño experimental y el cumplimiento de normativas de calidad farmacéutica, “lo que explica los requerimientos que deben ser satisfechos para la autorización del uso de este tipo vacunas”.
Sin embargo, su utilidad depende también de la oportunidad con que se aplican, elemento clave al momento de definir el procedimiento y las reglas que rigen su fabricación y control.
Asimismo, el reporte señala que la efectividad de estas vacunas depende de una comunicación transparente entre los actores del sector y de su inserción en programas de auditoría continua. “De este modo, la evaluación de las autovacunas trasciende el ensayo clínico para convertirse en un componente dinámico y coordinado de la gestión sanitaria acuícola que podría ser útil para el bienestar animal y la sostenibilidad productiva de la industria acuícola a largo plazo”.
Experiencia internacional
El análisis de Noruega, Canadá y Escocia muestra que estos países cuentan con estructuras regulatorias en las que participan distintas autoridades relacionadas con medicamentos veterinarios, sanidad animal y acuicultura.
“La regulación jurídica del desarrollo, la investigación y el uso de vacunas para peces en Canadá, Escocia, y Noruega comparte una arquitectura institucional de fragmentación funcional, distribuida entre una autoridad pesquera o acuícola general, una autoridad especializada en la autorización de comercialización de biológicos o medicamentos veterinarios, y una autoridad zoosanitaria encargada de la vigilancia de la salud animal. Esta arquitectura tripartita constituye una respuesta institucional a la naturaleza híbrida de la vacuna como objeto regulatorio, que participa simultáneamente de la lógica del producto farmacéutico, de la lógica de la sanidad animal y de la lógica de la protección del medio acuático receptor de la actividad acuícola”, exhibe el informe.
También existen mecanismos específicos para autorizar la fase experimental de nuevas vacunas antes de una eventual comercialización. Canadá, por ejemplo, dispone de permisos para la utilización de productos biológicos veterinarios experimentales fuera de instalaciones de contención. Noruega y el sistema europeo, por su parte, incorporan mecanismos de evaluación de riesgo ambiental para determinadas tecnologías.
En Noruega, además, las vacunas para peces requieren una autorización de comercialización farmacéutica y un permiso de uso zoosanitario otorgado por la autoridad competente.
Otro elemento destacado es el Registro Veterinario de Prescripciones (VetReg), que permite realizar seguimiento de las vacunas administradas a especies como salmón del Atlántico y trucha arcoíris.
“Este modelo podría constituir una referencia de interés para el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo sanitario en otras jurisdicciones con producción acuícola
intensiva, en la medida en que permite disponer de información sistemática sobre el uso efectivo de productos biológicos con fines tanto regulatorios como epidemiológicos”, concluye el documento.
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