Columna de Opinión
Trazabilidad que transforma: el verdadero valor de los datos en la salmonicultura
*Columna de opinión para Salmonexpert de Nicolás Contreras, CEO de Skills.
En la industria salmonicultora hablamos constantemente de eficiencia, sostenibilidad, productividad y competitividad. Sin embargo, pocas veces hablamos de algo que hoy podría ser uno de los mayores aceleradores de transformación para el sector: la apertura y transparencia de los datos.
Y no me refiero necesariamente a transparencia hacia el resto de la industria o hacia el mercado. Me refiero, primero, a la transparencia dentro de las propias organizaciones.
La producción de salmón es probablemente una de las cadenas de valor más complejas y ricas en información que existen en Chile. Todo comienza en agua dulce. Luego vienen los procesos de transporte hacia puerto, los wellboats que llevan los peces a centros de cultivo, los movimientos posteriores hacia plantas de proceso, frigoríficos, operadores logísticos, distribuidores internacionales y finalmente supermercados o restaurantes donde un consumidor termina comprando una porción de salmón del Atlántico.
Cada etapa genera datos. Miles y miles de datos.
Temperaturas, mortalidades, tiempos de traslado, consumo de oxígeno, alimentación, corrientes, clima, densidades, eficiencia logística, tiempos de espera, rendimientos de proceso, mermas, consumo energético, trazabilidad sanitaria, comportamiento comercial, precios, reclamos, tiempos de despacho y un largo etcétera.
La pregunta es: ¿qué estamos haciendo realmente con toda esa información?
Muchas veces, la respuesta es incómoda. Los datos existen, pero viven encerrados en silos. Cada área maneja su propia información, sus propios indicadores y sus propios sistemas. Producción conversa poco con logística. Logística poco con comercial. Comercial poco con abastecimiento. Y así sucesivamente.
El problema es que cuando los datos no conversan entre sí, las organizaciones pierden la capacidad de descubrir patrones, correlaciones y oportunidades de mejora que podrían tener impactos enormes en costos, productividad y eficiencia.
Ahí es donde el Big Data y la analítica avanzada cambian las reglas del juego.
Cuando una empresa comienza a integrar información de punta a punta, aparecen hallazgos inesperados. Variables que parecían no tener relación comienzan a mostrar correlaciones relevantes. Un determinado tiempo de transporte puede afectar indicadores de proceso semanas después. Una condición oceanográfica específica puede terminar impactando rendimientos comerciales. Una práctica operacional replicada en ciertos centros puede explicar diferencias significativas en mortalidad o conversión alimenticia.
Y esos descubrimientos no aparecen por casualidad. Aparecen cuando existe apertura.
Todavía existe temor en muchas organizaciones. La sensación de que “si expongo mis datos, me expongo yo”. Pero en la práctica ocurre exactamente lo contrario. La visibilidad permite corregir, comparar, detectar brechas y replicar buenas prácticas. La transparencia interna no debilita a las empresas; las fortalece.
Por supuesto, esto no ocurre solo con tecnología. Requiere liderazgo.
Las altas direcciones tienen un rol fundamental: generar confianza y establecer directrices claras para derribar las barreras culturales que frenan el flujo de información. Porque el principal desafío muchas veces no es técnico, sino humano. Es cultural.
Ahora bien, si llevamos esta reflexión un paso más allá, aparece una pregunta aún más interesante: ¿qué pasaría si la apertura de datos trascendiera las fronteras internas de cada compañía?
¿Qué ocurriría si ciertas capas de información pudieran compartirse —de forma segura, estratégica y colaborativa— entre empresas de la industria?
Las casuísticas se multiplicarían. El aprendizaje colectivo crecería exponencialmente. Se acelerarían las buenas prácticas, se identificarían tendencias antes, se generarían sinergias logísticas, sanitarias y operacionales, y probablemente Chile podría transformarse en un país mucho más competitivo en producción salmonera.
Ahí los gremios tienen una enorme oportunidad.
El desafío ya no debiera ser solamente representar intereses, sino también impulsar cambios profundos en la manera en que colaboramos como industria. Derribar paradigmas. Generar espacios de confianza. Construir estándares comunes. Promover inteligencia colectiva.
Porque los países que liderarán las industrias del futuro no serán necesariamente los que tengan más recursos, sino los que logren aprender más rápido.
En Skills hemos vivido parte de este desafío al construir índices y modelos de forecast de precios para el mercado del salmón. No fue inmediato. Requirió tiempo, colaboración y, sobre todo, un cambio de mentalidad respecto al valor de compartir información para construir herramientas que beneficien la toma de decisiones.
Por eso nace esta reflexión.
Porque es necesario que empecemos a hablar más de datos, de apertura y de colaboración. Que esta conversación llegue a las mesas ejecutivas, a los gremios y a las operaciones del día a día. Que entendamos que la transparencia bien gestionada no es una amenaza, sino una ventaja competitiva.
Y porque tengo la impresión de que no estamos tan lejos de lograrlo.