Columna de Opinión
Chile, salmonicultura y la necesidad de pensar en grande
*Columna de opinión para Salmonexpert de Pablo Barahona, director de Comercio Internacional del Consejo del Salmón.
Durante mucho tiempo, Chile habló de la salmonicultura únicamente desde la contingencia. Regulación, permisos, debates ambientales o conflictos territoriales concentraron gran parte de la conversación pública. Sin embargo, mientras eso ocurría, el mundo comenzó a enfrentar un desafío mucho más amplio y estratégico: cómo producir alimentos suficientes, saludables y sostenibles para una población global en crecimiento.
En esa discusión, el salmón chileno dejó de ser solamente un producto exportable. Pasó a transformarse en parte de una conversación global sobre seguridad alimentaria, sostenibilidad y desarrollo productivo.
Hoy la salmonicultura es el segundo producto más exportado de Chile y una de las industrias más relevantes para el desarrollo del sur austral. Su impacto va mucho más allá de las cifras de exportación. Existe una amplia red de empleo, proveedores, innovación, logística, servicios y capacidades técnicas que conecta a regiones como Los Lagos, Aysén y Magallanes con los principales mercados internacionales.
Pero probablemente el mayor cambio que ha vivido esta industria en las últimas décadas no tiene relación únicamente con crecimiento productivo. Tiene que ver con cómo Chile comenzó a construir capacidades globales desde sus regiones.
Actualmente el salmón chileno llega a más de 100 mercados y participa de cadenas internacionales cada vez más exigentes en estándares sanitarios, sostenibilidad, trazabilidad y calidad. Eso ha obligado a la industria a evolucionar permanentemente, incorporando tecnología, conocimiento científico, innovación y mejores prácticas productivas.
Esa transformación también explica por qué hoy la relación entre industria, academia y organismos internacionales se vuelve cada vez más relevante. Las industrias estratégicas del futuro ya no competirán solo por volumen o costos. Competirán por conocimiento, capacidad de adaptación, desarrollo tecnológico y sostenibilidad.
Por eso resulta tan importante fortalecer el vínculo entre la salmonicultura y las universidades, centros de investigación y espacios de formación profesional. El desarrollo futuro de esta actividad dependerá en gran medida de la capacidad de formar capital humano avanzado y generar soluciones desde los territorios donde la industria tiene presencia real.
Chile tiene una oportunidad enorme en esta materia. Pocas veces el país ha logrado construir desde regiones una industria con alcance global, liderazgo exportador y capacidades técnicas reconocidas internacionalmente. La salmonicultura representa precisamente eso: una actividad nacida en el sur austral que logró posicionarse dentro de los mercados más competitivos del mundo.
Sin embargo, ese liderazgo no puede darse por garantizado. El escenario internacional es cada vez más dinámico y competitivo. Los consumidores demandan mayores estándares, los mercados exigen trazabilidad y sostenibilidad, y la discusión global sobre producción de alimentos seguirá profundizándose durante las próximas décadas.
En ese contexto, Chile necesita mirar sus industrias estratégicas con mayor perspectiva y visión de largo plazo. La conversación no puede agotarse únicamente en la tramitación de permisos o en la contingencia regulatoria. El verdadero desafío es definir cómo el país proyecta sectores capaces de conectar crecimiento económico, desarrollo regional, innovación y sostenibilidad.
La salmonicultura chilena ya forma parte de esa conversación global. Y precisamente por eso, el desafío ahora es pensar cómo fortalecemos las condiciones para que continúe siendo una industria competitiva, moderna y conectada con los grandes desafíos del futuro.
Porque cuando Chile logra combinar conocimiento, territorio, innovación y visión estratégica, no solo fortalece una industria. También fortalece su capacidad de crecer desde regiones hacia el mundo.