SRS y Tenacibaculosis bajo la lupa: revelan sus mayores factores de riesgo en el salmón chileno
El momento del ciclo productivo, el territorio y la especie son parte de los factores de riesgo que ayudarían a definir programas de vigilancia, períodos sensibles y estrategias preventivas contra estas enfermedades.
Dos investigaciones epidemiológicas fueron desarrolladas a partir de datos oficiales de vigilancia de Sernapesca y profundizan en los factores que se relacionan con la aparición de SRS y con mortalidades atribuidas a tenacibaculosis, revelando dinámicas diferentes entre ambas enfermedades y reforzando la necesidad de considerar el momento del ciclo, la región, la especie y el estado sanitario de los peces para una gestión sanitaria más eficiente.
Aunque ambas patologías comparten su naturaleza bacteriana y su importancia productiva, los resultados muestran escenarios epidemiológicos distintos. Mientras el trabajo sobre SRS apunta especialmente al momento del ciclo productivo, la temporada de siembra y la oportunidad de intervención sanitaria, el análisis de tenacibaculosis identifica marcadas diferencias territoriales y entre especies, además de una asociación relevante con centros de alta diseminación de Caligus rogercresseyi.
SRS: una enfermedad que se expresa avanzado el ciclo
Para estudiar piscirickettsiosis, Álvaro Gaete-Carrasco y colaboradores analizaron retrospectivamente 571 ciclos productivos de salmón Atlántico mantenidos en las regiones de Los Lagos y Aysén entre enero de 2013 y junio de 2019, utilizando como evento epidemiológico la entrada de los centros a la categoría de Alerta del Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Piscirickettsiosis (PSVC-SRS) de Sernapesca.
De los ciclos estudiados, el 86% alcanzó esta condición. El tiempo mediano desde la siembra en mar hasta la categoría de Alerta fue de 41 semanas, aunque existieron diferencias importantes relacionadas con la época de ingreso de los peces y el nivel de mortalidad por SRS registrado cuando comenzó el primer tratamiento antimicrobiano.
Los peces sembrados en primavera presentaron una mediana de 47 semanas hasta alcanzar la categoría de Alerta. En cambio, los peces sembrados en otoño la alcanzaron a las 35 semanas. De esta manera, los investigadores determinaron que la temporada de siembra permaneció significativamente asociada al momento de aparición del evento: los ciclos iniciados en otoño mostraron una ocurrencia más temprana que aquellos comenzados en primavera.
Así, los autores plantean que esta diferencia podría estar vinculada a una combinación de condiciones ambientales y características fisiológicas de los smolts. La discusión del estudio señala que los peces transferidos durante otoño pueden provenir con mayor frecuencia de procesos de smoltificación inducidos mediante manipulación de fotoperiodo y temperatura, mientras que factores como fluctuaciones térmicas, disminuciones de oxígeno y otros estresores ambientales también podrían participar en la dinámica observada. Sin embargo, reconocen también que varias de estas variables ambientales no estaban disponibles en la base de datos utilizada.
La importancia de llegar antes
Uno de los resultados más llamativos apareció al analizar el momento del primer tratamiento frente a SRS. Cuando este se iniciaba con una mortalidad semanal atribuida a la enfermedad inferior a 0,01%, la mediana hasta alcanzar la categoría de Alerta fue de 44 semanas; cuando el tratamiento comenzaba con mortalidades iguales o superiores a 0,03%, esta disminuía a solo 26 semanas. En el modelo final, esta última condición se asoció significativamente con una aparición más temprana de la categoría de Alerta.
No obstante, los autores advirtieron explícitamente que estos resultados no promueven un uso más temprano o más intensivo de antimicrobianos, sino que deben interpretarse como evidencia de la importancia de la detección y toma oportuna de decisiones sanitarias: una mortalidad más alta al momento de tratar podría reflejar que la enfermedad se encuentra en una etapa más avanzada, lo que reforzaría la importancia de la vigilancia, el diagnóstico oportuno y la toma temprana de decisiones sanitarias dentro de una estrategia que considere también el uso prudente de antimicrobianos.
Tenacibaculosis: diferencias desde las primeras semanas
El reciente estudio de Gaete-Carrasco, Carla Rosenfeld, Marcela Lara, Fernando Mardones y Ruben Avendaño-Herrera evaluó 1.192 ciclos productivos de salmón Atlántico, salmón coho y trucha arcoíris entre 2018 y 2021 en Los Lagos, Aysén y Magallanes. De ellos, el 65,2% registró alguna mortalidad atribuida a tenacibaculosis, cifra que corresponde a la proporción de ciclos afectados y no al porcentaje de peces muertos por la enfermedad.
Además, las mortalidades por tenacibaculosis comenzaron considerablemente antes que el momento en que los centros alcanzaron la categoría de Alerta por SRS. Según los resultados reportados por los investigadores, la mediana desde la siembra hasta comenzar a registrar mortalidad por tenacibaculosis fue de 9 semanas en Magallanes, 13 semanas en Aysén y 26 semanas en Los Lagos. También existieron diferencias entre especies: 12 semanas para salmón Atlántico y 15 para trucha arcoíris; en salmón coho, la mediana no pudo estimarse debido a la menor ocurrencia del evento durante el seguimiento.
Las diferencias territoriales fueron igualmente marcadas. Se registraron mortalidades atribuidas a la enfermedad en el 50,2% de los ciclos de Los Lagos, aumentando al 76% en Aysén y al 82,1% en Magallanes. Por especie, el fenómeno fue reportado en el 76,4% de los ciclos de salmón Atlántico, 72,1% de trucha arcoíris y 36,8% de salmón coho.
Considerando a Caligus
Entre las variables sanitarias evaluadas, una de las asociaciones que permaneció significativa en el modelo multivariable fue la alta diseminación de Caligus rogercresseyi. Los centros bajo esta condición tuvieron una asociación 3,23 veces mayor con el reporte de mortalidad por tenacibaculosis. Sin embargo, la asociación no demuestra que el ectoparásito sea la causa directa de la enfermedad, afirmaron los autores, planteando distintas explicaciones que deberán ser estudiadas.
Las lesiones de la piel producidas por Caligus podrían facilitar la colonización bacteriana, mientras que el estrés y las alteraciones de la respuesta inmunitaria asociadas a la infestación podrían aumentar la susceptibilidad. Los investigadores plantean incluso profundizar en los estudios que develen un eventual papel del parásito como vector. Aun así, la presencia significativa de tenacibaculosis en Magallanes, donde la caligidosis tiene menor relevancia, evidencia que este mecanismo por sí solo no explicaría el patrón observado en su totalidad.
El estudio también abordó la combinación de especie y territorio: los ciclos de salmón Atlántico cultivados en Aysén tienen una probabilidad 5,41 veces mayor de registrar mortalidades catribuidas a la tenacibaculosis. Lesiones mecánicas y piscirickettsiosis también aparecieron asociadas a tenacibaculosis en los análisis iniciales, pero dejaron de presentar una asociación independiente una vez consideradas simultáneamente las demás variables del modelo.
Rol del frío
Los registros mostraron además un claro comportamiento estacional. Las mayores mortalidades tendieron a concentrarse durante el invierno en Los Lagos, entre otoño e invierno en Aysén y hacia fines del invierno en Magallanes. Estos periodos coincidieron con temperaturas más bajas, entre aproximadamente 6°C y 12,7°C dependiendo de la región. Sin embargo, la temperatura no fue incorporada como variable dentro del modelo multivariable, por lo que este trabajo sugiere una asociación con bajas temperaturas, pero no permite establecerlas como un factor de riesgo independiente.
Dos enfermedades, distintas ventanas para actuar
Ambos estudios sugieren que el riesgo sanitario durante la engorda en mar no se distribuye uniformemente a lo largo del ciclo. La tenacibaculosis puede comenzar a expresarse desde las primeras semanas posteriores al ingreso, con importantes diferencias según región y especie. Por otro lado, SRS aparece bastante más avanzado en el ciclo y está asociado, entre otros elementos, con la estación de siembra y con cuán progresada se encontraba la enfermedad al momento de la primera intervención terapéutica.
Los investigadores expusieron que el trabajo con grandes bases de datos sanitarias debe considerar ciertas limitaciones. Por ejemplo, en el caso de tenacibaculosis, las mortalidades corresponden a causas reportadas dentro del sistema de vigilancia y no necesariamente a diagnósticos confirmados individualmente mediante aislamiento bacteriano o técnicas moleculares; para SRS, factores ambientales, microbiológicos y detalles de manejo, que podrían modificar el riesgo, no estaban disponibles para ser incorporados al análisis.
Manteniendo esas limitaciones en consideración, ambos estudios permiten avanzar en la comprensión cómo y bajo qué condiciones se expresan estos problemas sanitarios. Reconocer y diferenciar esas ventanas podría permitir focalizar mejor la vigilancia, anticipar periodos sensibles y avanzar hacia estrategias preventivas adaptadas a la realidad de cada especie, región y etapa del ciclo productivo.