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Columna de Opinión

Salmón, soberanía y verdad: lo que el reportaje no puede distorsionar

Jaime Sáez Quiroz.

Un reportaje de 24 Horas instala una hipótesis delicada: la eventual existencia de financiamiento extranjero, proveniente de Noruega, con incidencia en conflictos territoriales asociados a la salmonicultura.

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*Columna de opinión para Salmonexpert de Jaime Sáez Quiroz, ex diputado y analista de políticas de desarrollo territorial.

El reciente reportaje de 24 Horas ha logrado lo que pocas piezas periodísticas consiguen: tensionar simultáneamente a la industria salmonicultora, a las comunidades costeras y al mundo político. Pero en medio del ruido, conviene ordenar el análisis con una pregunta central: ¿estamos frente a un problema de injerencia externa, a una crisis de gobernanza del borde costero, o a una oportunidad para reconfigurar el desarrollo del sur austral?

La respuesta incómoda es que probablemente estamos frente a las tres cosas al mismo tiempo.

El reportaje instala una hipótesis delicada: la eventual existencia de financiamiento extranjero, proveniente de actores vinculados a Noruega, con incidencia en conflictos territoriales asociados a la salmonicultura. Si aquello es efectivo, no estamos ante una anécdota. Estamos frente a un asunto de soberanía económica y competencia geoestratégica en uno de los principales sectores exportadores del país. Chile y Noruega no son sólo socios en transferencia tecnológica: son competidores directos en los mercados globales del salmón. Por eso la hipótesis no puede quedar sin respuesta institucional: si se confirma, exige transparencia y trazabilidad; si se descarta, exige decirlo con evidencia. La ambigüedad en materias de soberanía no es neutralidad, es parálisis.

Pero sería un error aún mayor convertir esta discusión en una ofensiva contra la Ley Lafkenche o las comunidades indígenas del borde costero. Hacerlo desplaza el foco desde donde debe estar: la necesidad de construir una gobernanza moderna y legítima del territorio. Cuando el Estado actúa de manera fragmentada, otros actores ocupan ese espacio, y no siempre con objetivos alineados al interés público.

La industria salmonicultora enfrenta un desafío que no puede seguir postergando: su viabilidad de largo plazo depende tanto de su desempeño productivo como de su capacidad de convivir con los territorios. No basta cumplir estándares ambientales; se requiere construir confianza, participación efectiva y una distribución más visible de beneficios locales.

Chile necesita una hoja de ruta clara para su borde costero, con tareas en dos órdenes. En el plano legislativo: establecer estándares de transparencia sobre financiamiento externo en procesos territoriales estratégicos, y perfeccionar la implementación de la Ley Lafkenche con plazos y trazabilidad reales. En el plano ejecutivo: fortalecer la institucionalidad pública para que el diálogo no dependa de la judicialización; integrar efectivamente los territorios en la política salmonicultora; y definir una estrategia de soberanía económica regional que impida que el sur de Chile sea escenario de disputas entre intereses externos.

El reportaje abre preguntas legítimas. Pero las respuestas no pueden construirse desde la simplificación ni la confrontación fácil. Lo que está en juego no es sólo el futuro de la salmonicultura, sino la capacidad del país de gobernar su territorio con inteligencia y visión estratégica.

Porque la verdadera disputa no es entre comunidades y empresas. Es entre un modelo que administra conflictos y otro que es capaz de anticiparlos y resolverlos con política, con Estado y con soberanía.