Anuncio

Uso de antibióticos en la salmonicultura: "El próximo salto es reducir la transmisión de SRS"

Dr. Fernando Mardones.

Según el Dr. Fernando Mardones, el siguiente paso para bajar la utilización de antimicrobianos, recae principalmente en la industria, con una mayor inversión en estudios aplicados en condiciones reales.

Published

De acuerdo con el último informe sobre el uso de antimicrobianos en la industria salmonicultora elaborado por Sernapesca, la utilización de éstos había venido presentando una disminución relativamente constante desde el 2015, año en el cual se alcanzó un Consumo de Antimicrobianos anual (en adelante ICA) de 0,063% - principio activos por tonelada producida – reduciéndose gradualmente hasta el año 2023, donde se observó un total de 0,031%. Sin embargo, este este 2025 terminó con un aumento al 0,034% ICA. ¿A qué se debe este aumento?

El Dr. Fernando Mardones, Médico Veterinario, PhD en Epidemiología y Senior Lecturer en One Health y Acuicultura en la University of Edinburgh, señala que este comportamiento refleja que la industria salmonicultora chilena ha alcanzado un “límite de control eficiente” bajo el enfoque actual. Desde una perspectiva epidemiológica, este patrón no es inesperado. Según explica, alrededor de 2018 se produjo un punto de inflexión relevante, asociado a mayores inversiones en investigación y desarrollo, incluyendo iniciativas públicas como el Fondo de Inversión Estratégica (FIE), enfocadas en enfermedades clave como la Piscirickettsiosis y el control de Caligus rogercresseyi.

Estas inversiones contribuyeron a generar un mayor conocimiento científico sobre la biología de estas enfermedades y su dinámica en sistemas productivos, lo que permitió mejorar la capacidad diagnóstica y las estrategias de control en la industria. En particular, este avance habría facilitado un uso más dirigido y oportuno de antibióticos en el manejo del SRS.

En este contexto, se observa una ruptura en la relación históricamente lineal entre biomasa producida y uso de antibióticos: es decir, a mayor producción ya no necesariamente corresponde un mayor uso de ATB. “Si no se hubiesen implementado estas medidas, probablemente esa relación lineal se habría mantenido”, explica el profesional.

No obstante, en los últimos años el ICA se ha estabilizado, lo que sugiere que el sistema ha alcanzado un límite en su capacidad actual de reducción del uso de antibióticos. Este escenario refleja un enfoque predominante en la detección temprana y el tratamiento oportuno de la enfermedad. Este enfoque ha sido efectivo en disminuir la prevalencia del SRS, así como en mitigar su impacto productivo y en el bienestar animal. Sin embargo, se trata de una estrategia principalmente reactiva, que no necesariamente reduce la aparición de nuevos casos. “Hoy la industria ha avanzado en tratar mejor la enfermedad, pero el desafío es prevenirla mejor. En otras palabras, la industria ya optimizó el tratamiento; el próximo salto es reducir la transmisión”, manifiesta el Dr. Mardones.

Desde la epidemiología, este cambio implica transitar desde un enfoque centrado en la prevalencia hacia uno orientado a la reducción de la incidencia. Esto requiere fortalecer estrategias preventivas basadas en evidencia, tanto a nivel de centro de cultivo como de agrupaciones productivas (por ejemplo, ACS).

Asimismo, el Dr. Mardones enfatiza que la realidad epidemiológica del SRS varía significativamente entre países y responde a múltiples factores, incluyendo aspectos normativos, condiciones ambientales, acceso a tecnología y características propias del patógeno. En este contexto, las triadas epidemiológicas —agente, hospedador y ambiente— difieren entre sistemas productivos. Por ejemplo, en Escocia se ha descrito la presencia de cepas distintas a las predominantes en Chile, junto con diferencias relevantes en temperatura del agua, estacionalidad y manejo productivo. Estas diferencias hacen que las comparaciones directas entre países, como Noruega, Irlanda o Escocia, sean limitadas y deban interpretarse con cautela. “Más que comparar qué país lo hace mejor o peor, es fundamental entender que los sistemas enfrentan realidades epidemiológicas distintas”, indica. En el caso de Chile, tras casi cuatro décadas de presencia del patógeno, la enfermedad presenta un carácter altamente endémico, lo que plantea desafíos estructurales para su control.

Desde una perspectiva epidemiológica, el aumento observado de 0,002 puntos porcentuales en el ICA podría estar dentro de la variabilidad esperada en relación con la biomasa producida, por lo que no necesariamente representa un cambio estadísticamente significativo. No obstante, al traducir este incremento a magnitudes absolutas, implica del orden de 20 a 25 toneladas adicionales de antibióticos a nivel de la industria. “En términos porcentuales puede parecer marginal, pero en volumen sigue siendo una cantidad relevante, y la tendencia siempre debiera ser a la baja”, enfatiza. En este contexto, el desafío no es generar alarma, sino interpretar correctamente la señal: el sistema ha logrado estabilizar el uso de antibióticos, pero requiere avanzar hacia una nueva etapa de reducción.

Gráfico que compara biomasa de salmón cosechada y porcentaje de uso de antimicrobianos por periodo, autoria de fernando mardones
Gráfico de dispersión que muestra la relación entre ICA y biomasa cosechada, antes y después del 2018.

Para ello, el Dr. Mardones expone priorizar medidas preventivas por sobre las reactivas, tales como la limpieza de redes, la optimización de los ciclos productivos y sincronizaciones de siembras, la remoción oportuna de peces enfermos y aspectos asociados con la mejora en la calidad del smolt y su robustez. Estas medidas implican costos adicionales, por lo que uno de los principales desafíos para la industria es contar con herramientas que permitan cuantificar su impacto sanitario y económico, facilitando una mejor toma de decisiones. Para avanzar en esta nueva etapa, el siguiente paso recae principalmente en la industria, a través de una mayor inversión en estudios aplicados en condiciones reales de producción. El objetivo es generar evidencia robusta que permita evaluar el impacto de las medidas preventivas en terreno.

“La industria necesita cuantificar tanto el costo como el beneficio sanitario de estas intervenciones, para poder priorizar aquellas que sean más efectivas y costo-eficientes. Eso es clave para avanzar hacia un sistema de control de enfermedades más eficiente y con menor dependencia de antibióticos”, explica el experto.

Finalmente, destaca la importancia de fortalecer la colaboración entre empresas mediante el intercambio de experiencias y resultados de iniciativas implementadas en terreno, como los programas CSARP, Pincoy o Yelcho. “Muchas de estas estrategias pueden generar ventajas competitivas a nivel individual, pero también es importante reconocer que la industria comparte un mismo entorno sanitario. Cuando una buena práctica se adopta de manera más amplia, sus beneficios se amplifican. En ese sentido, compartir conocimiento no sólo aporta al sistema en su conjunto, sino que también genera beneficios indirectos para cada productor de salmón”.