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La ruta tecnológica para lograr operar con salmonicultura oceánica en Chile

La balsa jaula con mallas de aleación de cobre fue probada en el centro de cultivo Traiguén 2, de la empresa Invermar. Foto: EcoSea.
La balsa jaula con mallas de aleación de cobre fue probada en el centro de cultivo Traiguén 2, de la empresa Invermar. Foto: EcoSea.

Chile: Jaulas sumergibles que incluyen mallas de aireación de cobre, y un pontón que podrá ser operado de manera remota desde cualquier oficina, son parte de los avances para acuicultura offshore en el país. 

La tecnología de la balsa jaula sumergible que EcoSea ha estado desarrollando desde el año 2007 ya está probada, patentada y operando en el mercado. Incluso, se ha probado en Japón, con buenos resultados ante eventos climáticos extremos como tifones, donde se ha sumergido y funcionado muy bien. Esta tecnología es la base del Programa de Desarrollo Tecnológico para la Acuicultura Oceánica en desarrollo a partir del 2018.

Según explicó a Salmonexpert, Fabián Avilés, director de este Programa de Corfo, lo que actualmente se está evaluando son múltiples tecnologías complementarias a la balsa-jaula sumergible de aleación de cobre. “Con nuestros coejecutores estamos trabajando en múltiples desarrollos, relacionados por ejemplo con la automatización de sistema de hundimiento, para que sea controlado de manera remota o incluso con algoritmos asociados a algunos parámetros ambientales y oceanográficos, y así la balsa pueda hundirse automáticamente, previniendo la exposición a factores ambientales adversos, como oleaje extremo y blooms fitoplanctónicos”.

De acuerdo con lo planteado por el profesional, la efectividad de la balsa jaula sumergible ya ha sido evaluada con algunas empresas salmonicultoras en el sur de Chile, e incluso con otras especies, como la seriola, en el norte de nuestro país. “Actualmente, el Programa concluyó su tercer año de funcionamiento -de un total de seis- y hasta el momento, se ha evaluado un ciclo de cultivo completo de salmón Atlántico en el centro Traiguén 2, de la empresa Invermar, donde obtuvimos resultados muy auspiciosos, con una reducción de un 18% en los costos de producción y se estima que evitó la emisión de 27 toneladas de CO2”.

Lo anterior, a juicio de Avilés, se debe a distintos factores, pero principalmente a los beneficios que ofrecen las mallas de aleación de cobre que integran esta tecnología, en comparación con las mallas de nylon tradicionales. Dentro de todo el ciclo de cultivo, se requirió una sola mantención y limpieza, “más allá de las propiedades antifouling y antibacterianas que están comprobadas, estas mallas sometidas a corrientes importantes presentan una deformación mínima, en comparación a una malla de nylon, la cual al presentar mayor deformación restringe la distribución de los peces a un volumen de confinamiento menor. Igualmente, es una malla mucho más resistente. De hecho, con este sistema evitamos el uso de mallas loberas, y no registramos ataques, aun cuando había presencia de estos animales en las inmediaciones. Reportes de la misma empresa, demostraron que los lobos inicialmente intentaron atacarla, pero les fue imposible, y sí lo lograron en el centro de cultivo contiguo, que posee mallas de nylon convencionales. Si bien la malla de aleación de cobre es más pesada que la de nylon, el paquete tecnológico en términos de asegurar la adecuada flotabilidad e integridad de la estructura está completamente estandarizado, y por lo tanto es un sistema más seguro que una malla tradicional”.

La balsa jaula tiene la capacidad de hundirse de 15 a 16 mts. Foto: EcoSea.
La balsa jaula tiene la capacidad de hundirse de 15 a 16 mts. Foto: EcoSea.

Normativa

El ejecutivo igualmente sostuvo que en lo que resta del programa, trabajarán en al menos dos ciclos de cultivo más, y están analizando probar estas mallas en conjunto con el resto de las tecnologías en desarrollo en centros lo más expuestos posible, dentro de lo que permite la normativa, ya que en la actualidad existe la posibilidad de utilizar sectores realmente offshore y se deben limitar las evaluaciones a concesiones ya existentes. “Estos centros deben tener la profundidad y el grado de exposición necesaria, particularmente en términos de oleaje y corrientes, con el objetivo de poder desafiar las tecnologías que estamos desarrollando y poder continuar demostrando que son sustentables, robustas y confiables”.

Asimismo, el profesional agrega que “nuestro principal interés es que las empresas salmonicultoras se interesen por estas tecnologías y evalúen por si mismas su funcionamiento. Con la capacidad que tiene la balsa de hundirse a una profundidad deseadas, da una opción muy beneficiosa para los productores en términos sanitarios. Por ejemplo, si hay un bloom de algas en las capas superficiales de agua, se podría evitar la afectación a los peces hundiendo la jaula. Lo mismo pasa con los copepoditos que están en presentes en las primeras capas de la columna de agua, la balsa se sumerge, evitando el riesgo de infestación. Desde un punto de vista más conceptual, cuando se haya establecido la normativa habilitante y se permita la Acuicultura Oceánica en Chile, sabemos que las condiciones de dispersión serán distintas, tanto para parásitos, como para otros patógenos que afectan a los peces. Por lo tanto, prevemos que las cargas de parásitos y prevalencia de enfermedades, en centros de cultivos en el mar exterior, sean mucho menores que las encontradas en zonas costeras”.

En paralelo al desarrollo tecnológico, el Programa trabaja en la entrega de antecedentes a Subpesca y Sernapesca, para que se pueda configurar la nueva normativa que en el futuro permita que exista la acuicultura en ambientes oceánicos, en una primera etapa más allá de las 5 o 12 millas. “Este es un proyecto que estamos desarrollando en conjunto con Fundación Fraunhofer Chile, que entregará estos insumos para generar un nuevo marco legal. Mientras esto ocurre, todas las tecnologías que hemos estado desarrollando, pueden ser utilizadas en concesiones existentes, particularmente en aquellas cuyas condiciones geográficas y oceanográficas limitan su operación con las tecnologías tradicionales”.

“Por ejemplo, el pontón oceánico desarrollado por Sitecna en el marco del Programa, inicialmente lo visualizamos sin tripulación, para que opere en sectores muy expuestos incompatibles con la operación de personas, sin embargo, a requerimiento de la industria, será híbrido. Es decir, podrá ser operado de manera remota desde cualquier oficina o bien con una mínima tripulación. El pontón oceánico se construirá en esta segunda etapa del Programa y esperamos poder evaluarlo durante el tercer ciclo de cultivo”, expresó Fabián Avilés, director del Programa de Desarrollo Tecnológico para la Acuicultura Oceánica.

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