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Menos lluvia, fiordos distintos: cómo El Niño puede transformar el ambiente para la salmonicultura

La disminución de precipitaciones y caudales puede debilitar la capa superficial de agua dulce, que estructura los fiordos, modificando las condiciones ambientales enfrentadas por los peces.

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Profesionales de la Universidad Austral de Chile, Universidad San Sebastián, AquaBC y CIBA integraron en una nota técnica las proyecciones para El Niño y sus potenciales efectos sobre la salmonicultura, incluyendo FAN, hipoxia, piscirickettsiosis y caligidosis, además de recomendaciones de monitoreo y ajustes operativos para preparar a la industria.

La llegada de un evento El Niño intenso suele asociarse con un aumento de las temperaturas. Sin embargo, para la salmonicultura del sur de Chile, uno de sus efectos más relevantes podría originarse fuera del mar: una reducción de las precipitaciones y de los caudales que alimentan los fiordos y canales australes, debilitando la capa superficial de agua dulce que los estructura, modificando la salinidad, la mezcla vertical, el transporte de nutrientes y las condiciones ambientales enfrentadas por los peces.

El aporte de los ríos

Los sistemas de fiordos y canales del sur de Chile operan normalmente bajo un régimen estuarino. Las lluvias y las descargas de los ríos generan una capa superficial de menor salinidad sobre aguas oceánicas más densas y salinas. Esta diferencia de densidad permite mantener una marcada estratificación halina, es decir, una separación relativamente estable entre las aguas superficiales y profundas. La capa de agua dulce actúa entonces como una barrera que limita la mezcla vertical dentro de la columna de agua.

Cuando disminuyen las precipitaciones y los ríos pierden caudal, esa estructura puede debilitarse. La capa superficial se vuelve más salina y menos estable, facilitando la intrusión de aguas profundas hacia niveles más cercanos a la superficie, pudiendo modificar variables fundamentales para la producción acuícola, como la temperatura, la salinidad, la disponibilidad de oxígeno y el transporte de nutrientes. Por ello, una sequía atmosférica no constituye únicamente un problema continental, sino que también puede transformarse en una alteración oceanográfica dentro de las áreas de cultivo.

Las lecciones de 2016

Durante el verano austral del 2016, la Patagonia occidental experimentó la coincidencia de un evento El Niño intenso sumando a una fase positiva extrema del Modo Anular del Sur, lo que favoreció un bloqueo atmosférico persistente frente a las costas chilenas, desviando los sistemas frontales. Este bloqueo debilitó los vientos del oeste y provocó déficits de precipitaciones superiores al 50% entre los 40° y 47° de latitud sur, y la menor nubosidad también elevó alrededor de un 30% la radiación solar que alcanzó la superficie del mar.

Distribución espacial de anomalías hidrometereológicas en la Patagonia chilena en 2016.

Lo anterior provocó, por ejemplo, una disminución del caudal del río Puelo —uno de los principales aportes de agua dulce al mar interior de Chiloé—, desde un promedio histórico de 360 m³/s hasta 175 m³/s, menos de la mitad de su promedio histórico. Esta reducción debilitó la estabilidad de los primeros metros de la columna de agua: la salinidad superficial superó las 30 unidades prácticas de salinidad y se facilitó la intrusión y el ascenso de aguas más densas, salinas y ricas en nutrientes cerca de la superficie.

Efecto sobre los peces

El aumento de la temperatura superficial eleva la demanda metabólica de los peces. Además, el agua más cálida tiene una menor capacidad para retener oxígeno disuelto, reduciendo el margen disponible para responder a manejos, alimentación u otros episodios de estrés. Estos cambios de salinidad, mezcla y oxígeno también pueden afectar la condición branquial, la principal interfaz entre el pez y el ambiente, ya que participa en la respiración, osmorregulación, regulación ácido-base y eliminación de desechos nitrogenados.

En consecuencia, la modificación sostenida de la calidad del agua puede generar respuestas agudas o crónicas, como aumento de la mucosidad, alteraciones circulatorias, engrosamiento, fusión lamelar y pérdida de tejido branquial. Estas lesiones pueden reducir la capacidad respiratoria y aumentar la susceptibilidad frente a desafíos sanitarios.

El documento advierte, además, que estos cambios pueden coincidir con una mayor presión de piscirickettsiosis y caligidosis. En el caso de Caligus rogercresseyi, el aumento de la temperatura puede acelerar el desarrollo de sus estadios larvales y favorecer infestaciones más rápidas o intensas.

Las alteraciones físicas de los fiordos y sus aguas también pueden influir sobre las comunidades fitoplanctónicas. No obstante, la probabilidad y magnitud de las floraciones algales nocivas dependerán de la interacción entre temperatura, salinidad, nutrientes, estratificación y características ecológicas de cada especie.

Prepararse desde el ambiente

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan reforzar el monitoreo continuo de temperatura, oxígeno, salinidad, clorofila y fitoplancton, idealmente por unidad de cultivo e integrado a sistemas de alerta temprana. Esta vigilancia ambiental debe complementarse con evaluaciones sistemáticas del bienestar y la condición sanitaria de los peces, incorporando scoring branquial, necropsias, histopatología y otras herramientas de laboratorio capaces de detectar alteraciones antes de que se expresen como mortalidades.

En los centros históricamente expuestos a eventos ambientales, también se plantea revisar densidades, estrategias de alimentación, capacidad de oxigenación, cosechas anticipadas y disponibilidad logística para trasladar o retirar biomasa cuando las condiciones lo requieran y con suficiente anticipación.

El Niño no sólo puede influir sobre la temperatura del mar. Al modificar las lluvias y los caudales, también puede alterar la estructura física de los fiordos del sur de Chile. Comprender esa conexión entre cuencas, columna de agua y salud de los peces será clave para anticipar los riesgos de la próxima temporada y mitigar los impactos esperados basándose en la experiencia de eventos pasados y los nuevos conocimientos adquiridos.

Descarga la nota técnica en este enlace.