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Columna de Opinión

Salmonicultura y soberanía: la posesión efectiva de la Patagonia chilena

Carlos Martínez.
Published

*Columna de opinión para Salmonexpert del cientista político y especialista en temas ambientales, Carlos Martínez.

“La tarea es ejercer la posesión efectiva, no solo en sus aguas sino en toda su geografía asociada, Ribera Norte, Tierra del Fuego, Islas Australes y Mar Austral chileno. Finalmente, los problemas actuales responden, en parte, a descuidos propios: baja inversión en infraestructura, presupuesto regional insuficiente y presencia naval discontinua”.

Teodoro Ribera, “Estrecho de Magallanes: mirar hacia adentro”, La Tercera, 15 de septiembre de 2026.

La carta del ex canciller es muy elocuente en un tema que está preocupando al mundo político ,académico y empresarial respecto a la importancia geopolítica en el nuevo escenario mundial del Estrecho de Magallanes y también por qué no decirlo la Patagonia.

La soberanía sobre la Patagonia y el Mar Austral no se conserva únicamente mediante títulos jurídicos, declaraciones diplomáticas o áreas protegidas. Requiere presencia humana, infraestructura, actividad económica, conocimiento científico, conectividad y capacidad efectiva del Estado para ordenar el territorio.

El impacto del desarrollo de la salmonicultura en Magallanes ha sido importante en el último decenio. Una salmonicultura que sea sustentable, guiada por regulaciones ambientales rigurosas, e innovación, constituye una actividad estratégica para poblar, conectar y sostener económicamente territorios australes. Su eventual paralización y retroceso no puede analizarse exclusivamente como una cuestión ambiental: también tiene consecuencias territoriales, sociales y de soberanía.

Así esta actividad, junto con la pesca, y el eventual desarrollo de plantas de Hidrógeno Verde, como también la conservación y el turismo pueden ser un aporte a la soberanía de la zona. Por supuesto, hecho de manera sustentable y a la vez tolerante entre las diversas actividades.

Lo que nos dice el rector de la U. Autónoma Teodoro Ribera, es más que un problema jurídico del Estrecho de Magallanes. La soberanía se debilita cuando el Estado mantiene una presencia discontinua, la inversión se estanca y permite que extensos territorios dependan de decisiones tomadas lejos de ellos.

Hacer soberanía consiste en habitar un territorio. Conocer, proteger, desarrollar y generar en él una vida económica y social permanente. La Patagonia no puede convertirse en un territorio vacío. Un territorio “baldío” ha dicho alguien. Estamos ante enormes distancias, baja densidad demográfica, conectividad limitada y fuerte dependencia de unas pocas actividades productivas.

Resumen

La columna sostiene que la soberanía en la Patagonia requiere población, infraestructura, conectividad y actividad económica. La salmonicultura regulada es presentada como un aporte a la presencia efectiva del Estado en las regiones australes.

El autor plantea que conservación y producción de salmónidos deben coexistir bajo exigencias ambientales. Advierte que las decisiones sobre conservación deben considerar a las comunidades locales y las necesidades de desarrollo territorial, siendo clave la soberanía con la que aporta este rubro.

Este resumen informativo fue generado por Labrador AI y revisado por un periodista.

¿Puede Chile ejercer soberanía efectiva sobre un territorio que deja de producir, de ser habitado y de sostener comunidades permanentes?

La salmonicultura en Los Lagos, Aysén y Magallanes sostiene una red territorial. La idea no es afirmar que toda instalación salmonicultora fortalece automáticamente la soberanía, sino pensar que una industria regulada y territorialmente arraigada contribuye a la presencia efectiva de Chile. Esto implica:

• Trabajadores y familias radicadas en zonas australes.

• Puertos, embarcaciones y servicios marítimos.

• Plantas de proceso, transporte y cadena de frío.

• Proveedores, talleres y servicios técnicos.

• Investigación oceanográfica, sanitaria y ambiental.

• Conocimiento de canales, corrientes y condiciones climáticas.

• Impuestos, empleo e infraestructura local.

En el aporte al desarrollo del sur de Chile realizado por la salmonicultura hay un mensaje inequívoco. La tecnología ha hecho posible lo improbable. La tierra es la misma, y la gente es la misma, pero cuando se introdujo la tecnología, la innovación se abrió un uso inteligente de las posibilidades naturales, creándose un escenario impensado.

Chile también necesita conservar ecosistemas únicos. En esa perspectiva la conservación también es importante y debemos tener presente que ella determina qué territorios pueden utilizarse, cuáles quedan excluidos de la producción y quienes son los que participa en esas decisiones. En ocasiones se ha visto un escenario en el cual varios de los actores del conservacionismo consideran que la salmonicultura es incompatible con la conservación.

Se anuncian fondos y proyectos de conservación y ampliación de zonas de conservación en el sur más austral. Creo que deben ser bienvenidas, pero también se espera que sean respetuosas ellas, con las necesidades de progreso que requiere el país y en particular la zona en cuestión.

El problema no consiste en elegir entre salmones o naturaleza. Consiste en evitar que la conservación se convierta en sinónimo de vaciamiento territorial y que la producción de las diversas actividades industriales ignore sus responsabilidades ambientales La conservación aporta por cierto a la soberanía con la restauración y conservación de hábitats, y por derivación un impulso al turismo. No debiera transformarse en un obstáculo. La actividad productiva hace lo suyo como hemos visto. Hecho de manera inteligente ambas se complementan"

Carlos Martínez.

Son actores distintos, con objetivos y grados de participación diferentes. Pero sus agendas a veces se superponen y pueden producir efectos sobre la organización territorial de la Patagonia. Fundaciones que están en Chile, con fines muy loables, pero en ocasiones contradictorios con otros objetivos como son el desarrollo productivo y poblamiento de estas zonas. Poderosos fondos financieros para adquisición y mantención de tierras de conservación pueden ser un aporte a la soberanía. Pero ello implica convivencia con otras actividades. Mal que mal son fondos que se generaron en sus países de origen en diversas actividades productivas y de innovación.

El capital filantrópico puede complementar la acción pública, pero también está el riego de adquirir una influencia desproporcionada sobre las prioridades del Estado. Así lo ven diversos estudios sobre el rol de la filantropía ambiental y conservacionistas.

La pregunta no es si las fundaciones extranjeras actúan legalmente, sino:

• ¿Quién define las prioridades territoriales?

• ¿Quién financia los estudios y las campañas?

• ¿Quién determina qué actividades son compatibles con la conservación?

• ¿Qué compromisos permanentes asume el Estado a cambio del financiamiento?

• ¿Participan con igual capacidad las comunidades y sectores productivos afectados?

El problema no consiste en elegir entre salmones o naturaleza. Consiste en evitar que la conservación se convierta en sinónimo de vaciamiento territorial y que la producción de las diversas actividades industriales ignore sus responsabilidades ambientales La conservación aporta por cierto a la soberanía con la restauración y conservación de hábitats, y por derivación un impulso al turismo. No debiera transformarse en un obstáculo. La actividad productiva hace lo suyo como hemos visto. Hecho de manera inteligente ambas se complementan.

A diferencia de la minería, el petróleo o la agricultura tradicional, la salmonicultura chilena no nació del descubrimiento de un recurso existente. La naturaleza proporcionó las condiciones. Como se ha dicho, fue la innovación, el conocimiento científico, la inversión y el emprendimiento los que descubrieron la manera de convertir esas condiciones en una actividad productiva. La innovación no creó los fiordos: creó las posibilidades que ellos contenían. Esta transformación tuvo también una dimensión territorial. La salmonicultura llevó trabajadores, empresas proveedoras, embarcaciones, puertos, plantas de procesamiento, investigación científica y conocimiento especializado hacia regiones históricamente aisladas.

Esto no reemplaza la responsabilidad del Estado ni basta por sí sola para garantizar la soberanía, pero fortalece su base humana, tecnológica y logística.