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El rol del capital social y la innovación en la evolución de la salmonicultura chilena

Foto: Salmonexpert.

El gerente general de SalmonChile, Tomás Monge, analizó el presente del sector, enfatizando en la sostenibilidad, la formación de talento y la adaptación frente a la inteligencia artificial.

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El debate sobre sostenibilidad, innovación y transformación productiva marcó uno de los ejes centrales del seminario “Los Lagos, potencia alimentaria: Desafiados por la IA y la sustentabilidad”, organizado por Tendencia y Territorio. El panel de conversación “Experiencias compartidas desde la mirada gremial” reunió a actores clave del sector agroalimentario del sur de Chile, en un panel moderado por Juan Osvaldo Mora, periodista y director de Vértice TV, que contó con la participación de Tomás Monge, gerente general de SalmonChile; Gabriela Serrano, directora de Aproleche Osorno; Hermann Rusch, director de Asuntos Públicos de Sago; y Rodrigo Mardones, gerente de Agrollanquihue.

La conversación abordó los desafíos compartidos por industrias estratégicas como la salmonicultura y la agricultura, en un escenario marcado por la aceleración tecnológica y la presión por modelos productivos más sostenibles. En ese marco, la discusión incorporó elementos vinculados a la transformación del empleo, la adopción de inteligencia artificial y el fortalecimiento de encadenamientos productivos, destacando la necesidad de avanzar en coordinación territorial y desarrollo de capital humano para enfrentar los cambios estructurales que ya están en curso.

“Nosotros siempre decimos que como sector productivo somos una industria sureña, regionalista, descentralizadora”, afirmó Tomás Monge, al iniciar su intervención, subrayando el carácter territorial de la salmonicultura. En esa línea, planteó que la actividad se extiende desde Biobío a Magallanes, compartiendo desafíos estructurales con la agricultura, particularmente en materia de desarrollo productivo y vinculación con otras cadenas de valor. Asimismo, relevó su experiencia personal ligada al mundo agrícola, lo que —según indicó— facilita comprender las sinergias entre ambos sectores.

En efecto, el ejecutivo destacó el creciente vínculo entre la salmonicultura y la producción agrícola, señalando que actualmente más de 80 mil hectáreas se destinan a la producción de insumos para la alimentación de salmones, con un potencial que podría alcanzar las 200 mil hectáreas. Según explicó, esta demanda ha dinamizado la producción de oleaginosas, granos y proteínas vegetales, consolidando un encadenamiento productivo relevante para el sur del país y fortaleciendo la colaboración entre sectores tradicionalmente separados.

Panel de conversación.

“La sostenibilidad tiene que estar en el corazón del negocio”, enfatizó Monge, alineándose con planteamientos previos del panel. En su análisis, sostuvo que este concepto no debe limitarse a dimensiones sociales o económicas, sino que debe integrarse de manera estructural en la operación de las empresas. “Ser sostenible no solo responde a exigencias regulatorias o reputacionales, sino que constituye una condición clave para la generación de valor y la construcción de relaciones de largo plazo con los territorios”.

A partir de esa premisa, el gerente general de SalmonChile sostuvo que el capital social es un elemento determinante para el desarrollo de la industria, señalando que “si uno tiene capital social, uno va a tener capital político”. En esa línea, recordó crisis pasadas, como la marea roja o el episodio del virus ISA, que evidenciaron la vulnerabilidad del sector y el impacto social de eventos productivos adversos, incluyendo la pérdida de miles de empleos.

En paralelo, Monge relevó el potencial estructural de la salmonicultura en el contexto de la demanda global de proteínas. “El 70% del planeta es agua, el 30% es tierra, y sólo un 6% de las proteínas provienen del mar”, afirmó, subrayando la oportunidad de crecimiento del sector. Junto con ello, destacó que la industria utiliza una superficie acotada —cerca de 4 mil hectáreas— para generar alrededor de 86 mil empleos y articular más de 4 mil Pymes, consolidando un impacto económico significativo en la macrozona sur.

Transformación profunda

Respecto a la evolución tecnológica, el ejecutivo indicó que la salmonicultura ha experimentado una transformación profunda en sus más de 40 años de desarrollo. “Somos una industria joven, pero hemos evolucionado muchísimo”, sostuvo, destacando la incorporación de sistemas de alimentación automatizados, monitoreo ambiental avanzado y herramientas basadas en inteligencia artificial. A su juicio, estos avances han sido clave para mejorar la eficiencia productiva y avanzar en sostenibilidad.

En esa línea, explicó que la innovación también ha permitido cambios relevantes en la formulación de dietas, reduciendo la dependencia de harina de pescado e incorporando insumos vegetales como raps y lupino producidos en el sur de Chile. Asimismo, destacó avances en economía circular, señalando que subproductos como cabezas y vísceras son actualmente reutilizados para generar harina, aceite y bioestimulantes agrícolas, evidenciando un uso más eficiente de los recursos.

“La inteligencia artificial ya está presente, el tema es cómo nos vamos adecuando nosotros”, planteó Monge al abordar los desafíos asociados a esta tecnología. En ese contexto, reconoció que existe preocupación en el ámbito laboral por los efectos de la automatización, lo que ha llevado al sector a impulsar iniciativas de diálogo y formación orientadas a anticipar estos cambios y preparar a la fuerza laboral para nuevas exigencias.

Frente a este escenario, el ejecutivo destacó el trabajo desarrollado en formación técnica, indicando que desde la pandemia se han impulsado programas con liceos técnicos que han beneficiado a cerca de 1.500 estudiantes, con una inversión cercana a los $400 millones. Según explicó, estas iniciativas buscan fortalecer competencias en sostenibilidad y habilidades transversales, consideradas clave para adaptarse a un entorno productivo en constante transformación.

“El fortalecimiento del capital humano es súper importante”, remarcó, enfatizando que la industria ha transitado hacia modelos más automatizados, donde centros de cultivo que antes empleaban a 20 personas hoy operan con cerca de cinco. “Este proceso no implica una reducción neta del empleo, sino una reconversión hacia nuevos oficios vinculados a la electromecánica, la robótica y la innovación tecnológica”.

En ese sentido, concluyó que la adaptación del sistema educativo es un desafío clave, señalando que tanto la formación técnica como la universitaria deben avanzar hacia modelos más flexibles. “Tenemos que fomentar habilidades transversales para irnos adaptando a estos cambios que llegaron muy rápido”, sostuvo, insistiendo en la necesidad de preparar a las nuevas generaciones para un entorno donde la inteligencia artificial y la automatización serán cada vez más determinantes en la industria salmonicultora.