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“Chile no puede seguir perdiendo competitividad en acuicultura por incertidumbre regulatoria”

Adolfo Alvial.

Tras consolidar su crecimiento, el Club de Innovación Acuícola apunta a un 2026 de internacionalización e innovación, advirtiendo que sin certezas regulatorias la acuicultura chilena perderá competitividad.

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Con un balance marcado por la consolidación institucional, una creciente proyección internacional y un llamado explícito a modernizar la gobernanza del sector, el Club de Innovación Acuícola de Chile cerró el 2025 proyectando un 2026 decisivo para la acuicultura nacional. Así lo plantea su director ejecutivo, Adolfo Alvial, en entrevista con Salmonexpert, donde repasó los hitos del reciente año, define las prioridades estratégicas del club y fija expectativas claras frente al nuevo ciclo político que se abre con la llegada de José Antonio Kast a La Moneda.

A seis años y medio de su creación, el Club de Innovación Acuícola de Chile alcanza hoy 36 empresas asociadas, superando las proyecciones iniciales y consolidando un modelo colaborativo centrado en soluciones científico-tecnológicas para la industria. El punto alto del reciente año fue INNAQUA 2025, que en su tercera versión reunió a actores nacionales e internacionales, con una participación inédita de productores, validando —según Alvial— que “la innovación sin productores no tiene destino”.

El año también estuvo marcado por la reunión anual de la Aquaculture Innovation Alliance, impulsada desde Chile; además de una agenda activa de conversatorios técnicos, apoyo a la obtención de fondos concursables y presencia en encuentros internacionales en Europa, Asia y América Latina. “Hemos logrado interacciones mucho más ricas entre empresas, compartiendo desafíos reales y construyendo soluciones complementarias”, resume el profesional.

2026: internacionalización, financiamiento y un evento de alcance global

De cara a 2026, el club busca profundizar su internacionalización mediante alianzas con embajadas, organismos multilaterales y agencias como ProChile, además de fortalecer el apoyo a postulaciones a fondos públicos y privados. A ello se suma la preparación de un evento que define como “breve pero de alto impacto”, con referentes globales en innovación acuícola.

Durante diciembre, miembros del Club de Innovación Acuícola se reunieron para dar cierre a un gran 2025.

“Si queremos potenciar capacidades y multiplicar soluciones para Chile, salir al mundo no es una opción, es una obligación”, afirma Alvial.

En paralelo, el club pondrá foco en acelerar la adopción tecnológica, especialmente en inteligencia artificial, modelos predictivos y visión artificial. Dentro de este eje, Alvial identifica brechas urgentes: una adopción más rápida de inteligencia artificial, modelos predictivos y machine learning, junto con un mayor uso de sensores, visión artificial, robótica, drones y monitoreo remoto.

“La competitividad futura pasa por hacer la industria más predecible. Anticipar eventos, enfermedades y resultados productivos será determinante frente a un escenario ambiental cada vez más complejo”.

A ello se suma la necesidad de fortalecer el capital humano avanzado, estrechando el vínculo con universidades, startups y programas de posgrado. “No basta con máquinas e infraestructura; sin talento preparado, la tecnología no se adopta”, advierte el directivo.

En ese contexto, el Club de Innovación Acuícola busca posicionarse como un puente entre el mundo técnico, la industria, la academia y las nuevas autoridades, aportando conocimiento aplicado y visión de largo plazo. “Chile no puede seguir a la cola de la OCDE ni de América Latina en inversión en ciencia, tecnología e innovación. El futuro de la acuicultura —y del país— se juega ahí”, concluye Alvial.

En 2026, el Club de Innovación Acuícola priorizará iniciativas orientadas a proyectos colaborativos, con foco en la divulgación de tecnologías avanzadas y en el acceso a financiamiento público que permita escalar innovaciones y abrir nuevos mercados internacionales. La estrategia apunta también a articular alianzas con organismos del Estado, agencias de cooperación y entidades multilaterales, como el Banco Mundial, para apoyar la proyección internacional de las empresas chilenas. 

El objetivo, agrega, es posicionar a Chile como un referente en innovación acuícola, impulsando encuentros internacionales y avanzando en que el país sea sede permanente de instancias globales de colaboración en acuicultura  “Queremos fortalecer proyectos que permitan llevar las innovaciones del club a la industria y al mundo, combinando divulgación tecnológica con acceso a financiamiento y alianzas internacionales”, señala. 

Un nuevo ciclo político y definiciones estratégicas

Chile inicia un nuevo ciclo político. ¿Qué espera el sector del nuevo gobierno que comienza con José Antonio Kast?

Lo primero es dar certeza. Sin certezas no hay inversión, y sin inversión la innovación se frena. Hoy la industria no está estancada por falta de mercado, sino por incertidumbre interna.

¿Cuál debiera ser la prioridad número uno?

Abordar la Ley Lafkenche con celeridad, pero con responsabilidad. Con respeto a los derechos de los pueblos originarios, se debe compatibilizar protección cultural con desarrollo productivo. Tal como está hoy, ha generado un estancamiento evidente de la industria.

Junto con ello, el director ejecutivo del Club de Innovación Acuícola sostiene que Chile enfrenta un problema estructural en la forma en que regula y gobierna la acuicultura. En ese contexto, plantea la necesidad de separar definitivamente la actividad acuícola de la pesca, tanto a nivel normativo como institucional.

“Pesca es pesca, acuicultura es acuicultura. Son actividades distintas y requieren marcos distintos”, deja en claro el ejecutivo

Desde la mirada del club, el tamaño y la relevancia que ha alcanzado la acuicultura chilena justifican plenamente contar con una ley específica y una institucionalidad propia, incluyendo una subsecretaría dedicada exclusivamente a este sector.

“Así como existe una Subsecretaría de Pesca, debe existir una Subsecretaría de Acuicultura, y eso es urgente”, subraya el directivo.

Alvial advierte que mantener una ley y una institucionalidad compartidas ha vuelto engorrosas las soluciones que la acuicultura necesita, dificultando respuestas oportunas a desafíos productivos, ambientales y de innovación. A esto se suma, según explica, la ausencia de una política nacional clara para el desarrollo de la actividad.

En ese sentido, cuestiona el enfoque con que se intentó discutir una nueva ley de acuicultura en el pasado, señalando que se trató de un proceso mal diseñado desde su origen.

“No tiene sentido discutir un articulado si antes no existe un acuerdo básico sobre qué acuicultura quiere Chile como país”, sostiene. Para Alvial, una política nacional debe construirse con quienes buscan mejorar y desarrollar la actividad, no con actores que rechazan de plano su existencia.

“Quienes están en contra de la actividad no tienen nada que hacer en una mesa que busca definir cómo desarrollarla”, expone, agregando que investigadores, productores, proveedores y actores técnicos sí deben participar activamente una vez definidos los lineamientos estratégicos.

El trasfondo del debate, plantea, es una definición país que Chile aún no resuelve: si quiere una acuicultura sostenible, competitiva y acorde a sus capacidades, o si optará por un crecimiento marginal que termine por restarle protagonismo frente a otros países.

“Mientras Chile duda, hay países de la región que ya fijaron metas ambiciosas y nos pueden sobrepasar en el corto plazo”, advierte. A su juicio, sin un giro relevante en política pública, institucionalidad y visión estratégica, la acuicultura chilena corre el riesgo de perder competitividad en un escenario global cada vez más exigente y dinámico.

¿La institucionalidad actual está preparada para acompañar la innovación?

No del todo. Hoy existen regulaciones y fiscalizaciones basadas en la desconfianza, que generan sobre-fiscalización sin aportar valor real. Hay que fiscalizar mejor, no fiscalizar más.

¿Qué señales concretas debiera dar el gobierno en los primeros meses?

Tres señales claras: remover trabas administrativas innecesarias, iniciar de inmediato la definición de una política nacional de acuicultura y avanzar sin demora en relocalizaciones y en la revisión de la Ley Lafkenche. Si eso ocurre en los primeros meses, la confianza vuelve.