Pionero chileno revive inéditos momentos de la historia del salmón en podcast noruego
En conversación con el podcast Kystpodden, Alfonso Muena recordó encuentros y redes de colaboración, que marcaron el desarrollo temprano de la industria salmonicultora en Chile.
Hace algunas semanas, Gustav Erik Blaalid, editor en jefe de Oceanspace Media, entrevistó a Alfonso Muena para Kystpodden, el podcast del medio noruego Kyst.no —sitio asociado a Salmonexpert—, reconocido por reunir testimonios de pioneros de la salmonicultura en Noruega. En esta ocasión, sin embargo, el espacio puso el foco fuera de sus fronteras habituales, destacando la trayectoria de uno de los protagonistas clave en el desarrollo de esta industria en Chile y su conexión histórica con actores noruegos.
Alfonso Muena es considerado uno de los pioneros en el establecimiento de la salmonicultura chilena, y sus memorias no sólo recogen su trayectoria personal, sino que también constituyen un valioso testimonio sobre la evolución de la acuicultura en el país. A lo largo de la conversación, Alfonso también recordó con especial cercanía sus vínculos con referentes noruegos, quienes jugaron un rol determinante en sus primeros pasos dentro de la actividad.
Actualmente, Muena reside en Puerto Varas y en ese entorno, el equipo de Kystpodden se reunió con él para abordar su experiencia, desde los años fundacionales de la industria hasta su consolidación en el escenario global, relevando además las redes de colaboración internacional que marcaron ese proceso.
Durante la entrevista, Muena rememoró uno de los encuentros más significativos de su vida; su relación con Herman Watzinger, reconocido por haber sido parte de la expedición Kon-Tiki. “Tuve la suerte de conocer a Herman Watzinger, una figura célebre por su participación en la expedición Kon-Tiki. Unos años antes, mi hermana me había regalado el libro sobre la Kon-Tiki y Thor Heyerdahl, y la expedición me fascinó profundamente”, relató, contextualizando el impacto personal de ese acercamiento.
En esa misma línea, agregó que “conocer al segundo al mando de esta aventura fue fantástico”. Watzinger, quien también tenía interés en el desarrollo de la acuicultura, vio en Chile una oportunidad concreta y, motivado por su espíritu emprendedor, buscó apoyar a Muena en la consolidación de este naciente sector productivo, en un momento en que la industria aún daba sus primeros pasos.
A partir de esa relación, Watzinger activó su red de contactos en Noruega y conectó a Muena con Thor Mowinckel, en Bergen, quien ya era una figura consolidada en la industria salmonicultora a través de Mowi. Junto a Per Olav Brandal y el entonces presidente de la compañía, Are Naustdal, Mowinckel viajó a Chile para explorar las oportunidades que ofrecía el país y reunirse directamente con Muena.
“Fue un muy buen conocido”, comentó Muena al referirse a Mowinckel, destacando la cercanía y confianza que logró establecer con quienes serían actores clave en el desarrollo inicial de la salmonicultura nacional, en un contexto donde la transferencia de conocimiento resultaba fundamental para el despegue de la actividad.
Posteriormente, este vínculo derivó en una invitación a Noruega. Muena viajó a Bergen, donde permaneció varias semanas alojado en la casa de Mowinckel, experiencia que le permitió conocer de primera fuente el funcionamiento de la industria en ese país, así como sus estándares productivos y tecnológicos en una etapa temprana.
“Me llevaron de excursión por la costa y pude ver mucho sobre la industria noruega. Fue instructivo y un bonito recuerdo”, recordó, añadiendo que estos episodios ocupan un lugar relevante en sus memorias, especialmente por la influencia que tuvieron sus amigos noruegos en su desarrollo profesional y en su visión de la acuicultura.
En la actualidad, Alfonso Muena se dedica a dirigir una pequeña empresa orientada a la organización de excursiones de pesca para turistas, manteniendo un vínculo activo con el territorio donde se gestó buena parte de su historia.
Finalmente, durante la conversación, Muena solicitó a Gustav Erik Blaalid que llevara dos ejemplares de sus memorias a Noruega, con el objetivo de entregarlos al director del Museo Kon-Tiki y a Per Olav Brandal, gesto que fue agradecido por ambos al cierre del capítulo y que refleja la vigencia de esos lazos construidos décadas atrás.