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BioProc proyecta su tecnología Aqura hacia la salmonicultura chilena

Imágenes: BioProc.

La startup chilena validó su tecnología en industrias porcinas y vitivinícolas, y ahora busca ingresar a la salmonicultura con soluciones biológicas orientadas al tratamiento de aguas y emisiones.

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BioProc es una startup biotecnológica chilena fundada en 2021 que desarrolla soluciones para el tratamiento de gases ambientales y aguas residuales mediante biofiltración y microorganismos específicos adaptados a distintos residuos industriales. La empresa nació inicialmente enfocada en la mitigación de olores en la industria porcina, anticipándose a futuras normativas ambientales asociadas a emisiones odoríferas, aunque posteriormente amplió su trabajo hacia el tratamiento biológico de aguas y residuos líquidos industriales.

Actualmente, la compañía ofrece sistemas orientados a disminuir compuestos contaminantes y mejorar el manejo ambiental de distintas operaciones productivas, con aplicaciones en sectores agroindustriales, vitivinícolas y acuícolas. “Siempre pensamos en generar algún tipo de biofiltración para olores y después entendimos que uno de los grandes dolores de la industria estaba en las aguas y los riles”, explicó Gabriela Villouta, fundadora y CEO de BioProc.

Según detalló la ejecutiva, el primer desarrollo de la empresa consistió en una solución biológica orientada exclusivamente al tratamiento de gases, la cual fue validada inicialmente en la industria porcina. Sin embargo, durante el proceso de pilotaje detectaron que gran parte de las dificultades ambientales de las compañías estaban asociadas a los residuos líquidos y a los sistemas de acumulación de riles. “Comenzamos a ver que el problema más complejo estaba en las aguas, porque no podían reducir ciertos compuestos ni controlar los olores en los sistemas de acopio. Ahí entendimos que podíamos adaptar la misma lógica del biofiltro de gases hacia el tratamiento de aguas”, sostuvo Villouta, agregando que ese proceso implicó años de investigación microbiológica y validaciones en terreno.

Tras avanzar en distintas pruebas piloto, BioProc logró validar durante el último año su tecnología tanto en la industria porcina como en el sector vitivinícola, obteniendo resultados que permitieron disminuir significativamente las emanaciones odoríferas y los conflictos asociados con comunidades cercanas a las operaciones industriales. Esa experiencia permitió a la empresa iniciar procesos de escalamiento y abrir conversaciones con compañías interesadas en incorporar soluciones biológicas en sus líneas de tratamiento. “Eso nos dio pie para comenzar a trabajar ya a una escala mayor y demostrar que efectivamente podíamos hacernos cargo de uno de los dolores más grandes que tienen actualmente muchas industrias; el manejo ambiental de sus residuos”, comentó la fundadora de la startup.

Equipo de BioProc.

Aplicación acuícola

Uno de los principales focos actuales de la empresa es la salmonicultura, particularmente los sistemas RAS, donde ya existen conversaciones avanzadas para desarrollar pruebas en pisciculturas. La CEO de BioProc explicó que el sistema Aqura utiliza dispositivos flotantes que incorporan membranas biológicas con bacterias activadas y adheridas en formato de biofilm, permitiendo degradar compuestos contaminantes directamente dentro de estanques o reservorios de agua. “Lo interesante es que no se necesita incorporar maquinaria externa ni hacer grandes modificaciones a la línea de proceso. El dispositivo se instala dentro de los estanques y las bacterias comienzan a actuar prácticamente de inmediato”, indicó Villouta.

En el caso específico de las pisciculturas RAS, la tecnología puede aplicarse en los estanques donde se almacenan temporalmente aguas de proceso y residuos industriales, zonas donde suelen producirse focos de olores asociados a compuestos nitrogenados y sulfurados. De acuerdo con la ejecutiva, el diseño del sistema es adaptable a distintos volúmenes y puede integrarse directamente dentro de la misma línea operacional. “Tiene costo energético cero. Se instala y con la misma turbulencia del agua las bacterias se van alimentando de los residuos y comienzan a degradar los compuestos. Eso permite trabajar sin incorporar nuevos equipos ni generar gastos adicionales de operación”, explicó.

Villouta detalló que el funcionamiento biológico del sistema se basa en equilibrar adecuadamente el ciclo del nitrógeno dentro de las matrices de agua, permitiendo reducir compuestos responsables de malos olores, como el amoníaco y el sulfuro de hidrógeno. “Cuando existe un desbalance microbiológico o de oxígeno, el proceso natural de degradación no se completa y empiezan a acumularse compuestos que generan olor. Nosotros trabajamos justamente en completar correctamente ese ciclo biológico para llegar finalmente a compuestos inocuos como el N2”, sostuvo, añadiendo que las bacterias utilizadas también poseen capacidad para consumir metano, un gas de efecto invernadero con alto impacto ambiental.

Otro de los aspectos destacados por Gabriela es que la compañía ha desarrollado una plataforma de microorganismos nativos compuesta por un amplio cepario de microorganismos aislados, caracterizados y seleccionados para distintas aplicaciones industriales. Esta base biotecnológica se encuentra en constante actualización y permite desarrollar soluciones adaptadas a diversas matrices de agua y residuos, optimizando procesos de degradación y estabilización biológica según las necesidades de cada operación productiva.

La ejecutiva agregó que BioProc trabaja junto a universidades y laboratorios especializados para secuenciar y caracterizar comunidades microbiológicas presentes en distintas matrices industriales, con el objetivo de fortalecer la eficiencia y estabilidad de cada solución desarrollada. “Muchas veces los sistemas presentan desbalances biológicos que afectan la capacidad natural de degradación de residuos. Nuestro trabajo apunta justamente a restaurar y potenciar esas comunidades microbiológicas para optimizar el funcionamiento de los procesos”, explicó la CEO de la startup.

A juicio de Villouta, una de las principales diferencias de Aqura frente a otras alternativas disponibles en el mercado es que las bacterias llegan activadas y adheridas a membranas biológicas, permitiendo una acción más rápida y prolongada. “Las bacterias comienzan a actuar dentro de las primeras 24 horas y eso marca una diferencia importante respecto de soluciones genéricas o liofilizadas. Además, como están en formato de biofilm, tienen mayor adherencia, duración y capacidad de remoción”, explicó, subrayando que la empresa además realiza monitoreos periódicos y recambio semestral del material microbiológico para asegurar la estabilidad del sistema.

La startup también ha puesto énfasis en que su tecnología puede integrarse fácilmente a operaciones industriales ya existentes, sin requerir modificaciones complejas a las Resoluciones de Calificación Ambiental (RCA) ni cambios estructurales en las plantas. “Las empresas ya tienen declarado el componente biológico dentro de sus tratamientos terciarios, entonces nosotros simplemente incorporamos microorganismos específicos que potencian ese proceso. Además, la tecnología está diseñada para funcionar de forma autoeficiente”, indicó Villouta.

“Donde exista un residuo biológico podemos intervenir y desarrollar un proyecto específico para cada línea de trabajo. Todo lo que sea agroalimentario tiene un potencial importante para nosotros”, comentó la ejecutiva, destacando la flexibilidad que ofrece la tecnología desarrollada por la startup.

Junto con proyectar futuras aplicaciones para su tecnología, Gabriela Villouta aseguró que la visión de BioProc apunta a compatibilizar crecimiento industrial, sostenibilidad y calidad de vida para las comunidades cercanas a las operaciones productivas. “La demanda por alimentos va a seguir creciendo y las industrias también van a tener que aumentar su producción, pero eso debe hacerse bien. Nosotros buscamos ayudarlas a reducir impactos, operar mejor y convivir de mejor manera con las comunidades”, concluyó, enfatizando que el desarrollo biotecnológico puede transformarse en una herramienta relevante para el futuro ambiental de la salmonicultura.