Los científicos establecen soluciones para bajar el uso de antibióticos en el salmón chileno
Investigadores afirman que mejorar la gestión de los centros de cultivo y su interacción con el entorno podría contribuir significativamente a reducir la presión sanitaria y, por ende, la utilización de fármacos.
Una revisión bibliográfica realizada por científicos chilenos examinó el patrón de uso de antibióticos, las dinámicas de resistencia antimicrobiana, la diseminación ambiental y el marco regulatorio asociado a la salmonicultura chilena desde la perspectiva de Una Salud, plasmando cómo el sistema de producción intensivo, la presión persistente de enfermedades y las restricciones operacionales han favorecido la predominancia de tratamientos metafilácticos a través de alimentación medicada, lo que ha conllevado desventajas biológicas y ecológicas.
Chile es el segundo mayor exportador mundial de salmón y enfrenta desafíos específicos por su alta dependencia en antibióticos, especialmente para controlar el síndrome de rickettsiosis del salmón (SRS) causado por Piscirickettsia salmonis. Esto lo ha convertido en el mayor consumidor mundial de antibióticos en salmonicultura, con un uso anual que supera las 300-500 toneladas, generando preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo y el riesgo ambiental asociado, en contraste con países como Noruega u otros países europeos, que han logrado reducir el uso de antibióticos en más del 99% gracias a programas masivos de vacunación y regulaciones estrictas.
Estrategias terapéuticas
Las estrategias de tratamiento antibiótico varían según la fase productiva. En agua dulce, se usa un menor volumen de antibióticos para infecciones agudas, principalmente a través de alimento medicado y baños de inmersión. En cambio, la fase marina consume la mayoría de los antibióticos, dominada por florfenicol administrado vía alimento medicado.
El uso de antibióticos puede ser metafiláctico (tratamiento de toda la población una vez detectada la enfermedad en parte de los peces), terapéutico dirigido o profiláctico, aunque este último se encuentra prohibido desde 2016. La metafilaxis es la vía de administración preferida para SRS, autorizada cuando la mortalidad semanal atribuible a P. salmonis supera 0,35%.
Por otro lado, la vacunación es reconocida como la estrategia preventiva más eficaz para controlar enfermedades infecciosas y reducir el uso de antibióticos, pero presenta limitaciones. Su desempeño en condiciones de campo sigue siendo variable y las pérdidas por enfermedades ocurren incluso en poblaciones vacunadas. Los investigadores sostienen que parte de las limitantes es el desarrollo de las vacunas usando modelos inmunológicos de mamíferos y la brecha de conocimientos que existe sobre las especificidades inmunológicas del pez, cuyas diferencias en repertorios de anticuerpos, señalización de receptores de reconocimiento molecular y participación del sistema inmune innato impactan en la eficacia de las respuestas inmunes protectoras.
SRS, principal driver
El síndrome rickettsial del salmón (SRS), causado por Piscirickettsia salmonis, se mantiene como el principal factor que impulsa el uso de antibióticos en la salmonicultura chilena, concentrando la mayor parte de las mortalidades durante la fase de engorda en agua de mar, lo que ha llevado a una dependencia sostenida de tratamientos antimicrobianos, principalmente florfenicol y oxitetraciclina.
Uno de los elementos más críticos identificados en el estudio es la limitada eficacia de las vacunas disponibles frente a SRS en condiciones reales de cultivo, que en el caso de P. salmonis su desempeño ha sido inconsistente, lo que impide reducir de manera significativa la incidencia de la enfermedad a nivel de campo. Sin embargo, el estudio plantea que, si bien el SRS explica en gran medida el uso de antimicrobianos en Chile, no constituye una razón única, sino que responde también a factores estructurales del sistema productivo.
Más que una enfermedad: un problema de sistema
La revisión advierte que el modelo productivo es el que sostiene la dependencia de antibióticos al tratarse de un sistema intensivo, orientado a la exportación y con altas densidades de cultivo. Con el objetivo de mantener la continuidad productiva y evitar pérdidas de biomasa, se genera un contexto propicio para la intervención sanitaria recurrente en condiciones productivas exigentes. Como, por ejemplo, la extensión del ciclo productivo del salmón, que dura alrededor de 36 meses, exponiendo a los peces por largos períodos a factores de estrés, cambios ambientales y patógenos. A esto se suma la limitada duración de la protección otorgada por las vacunas, generando una brecha entre el tiempo de cultivo y su efectividad, lo que favorece el uso reiterado de tratamientos antimicrobianos como respuesta a brotes sanitarios.
Los factores ambientales también juegan un rol determinante en este sistema. Eventos como floraciones algales nocivas, bajas concentraciones de oxígeno y variabilidad térmica pueden comprometer la salud de los peces, afectar su sistema inmune y aumentar su susceptibilidad a infecciones, lo que reduce además la eficacia de las herramientas de control existentes.
Antibióticos como síntoma, no como causa
El uso de antibióticos en la salmonicultura chilena está dominado principalmente por dos principios activos: florfenicol y oxitetraciclina, los cuales se administran mayoritariamente a través de alimento medicado, siendo el método más eficiente a escala productiva, donde el tratamiento individual resulta impracticable. Así, la metafilaxis se ha consolidado como la estrategia estrella en la fase de engorda en agua de mar, donde la presión de Piscirickettsia salmonis es más alta.
Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones biológicas y terapéuticas. Uno de los principales problemas radica en la heterogeneidad en la ingesta del alimento medicado: los peces clínicamente enfermos reducen su apetito, recibiendo dosis subterapéuticas, mientras que los individuos sanos o subclínicos mantienen un consumo normal, siendo expuestos a mayores concentraciones del fármaco, lo que compromete la eficacia del tratamiento en peces enfermos e incrementando la exposición innecesaria de los sanos, lo que en consecuencia podría acelerar la selección de bacterias resistentes.
Resistencia antimicrobiana
No obstante, la revisión reconoce que no existe evidencia concluyente de que P. salmonis haya desarrollado resistencia adquirida generalizada como principal causa de fallas terapéuticas. En cambio, sugieren que otros mecanismos, como la capacidad intracelular del patógeno, la formación de biofilms o estados fisiológicos de tolerancia, podrían explicar en mayor medida la persistencia de la enfermedad pese a los tratamientos.
Dentro de este contexto, los científicos enfatizan que la resistencia antimicrobiana en la salmonicultura chilena debe entenderse desde una perspectiva integral, como el resultado de la interacción entre factores biológicos, productivos y ambientales, orientándose hacia el “resistoma” acuícola, es decir, el conjunto de bacterias y genes de resistencia presentes en el microbioma asociado a peces, sedimentos y ambiente circundante, representando un riesgo medioambiental al actuar como fuente potencial de diseminación de resistencia tanto dentro del sistema productivo como hacia otros ecosistemas.
Si bien en Chile se ha implementado una serie de instrumentos regulatorios orientados a mejorar el control y la trazabilidad en el uso de antimicrobianos en la salmonicultura, el estudio plantea que el enfoque regulatorio sigue siendo predominantemente reactivo. En la práctica, muchas decisiones sanitarias continúan basándose en indicadores tardíos, como la mortalidad acumulada, lo que implica intervenir cuando el problema ya está instalado, limitando la capacidad de anticipación del sistema y reduciendo la efectividad de las medidas de control.
Perspectivas y soluciones
Una estrategia orientada a la reducción sostenible del uso de antibióticos debe estar pensado desde un modelo preventivo integrados, más que reactivo. Para ello, los investigadores concluyen que deben reforzarse las estrategias de vacunación en términos de desarrollo tecnológico y de aplicación en terreno, considerando factores como la variabilidad de cepas, condiciones ambientales y duración efectiva de la protección, complementándose además con la selección genética de peces con mayor resistencia a enfermedades.
La incorporación de tecnologías de diagnóstico temprano y monitoreo continuo, el uso de biomarcadores, análisis de comportamiento y herramientas basadas en datos podría facilitar decisiones más oportunas y precisas, reduciendo la necesidad de intervenciones terapéuticas masivas. En paralelo, el estudio destaca el potencial del microbioma como un campo emergente para la comprensión de la dinámica de enfermedades y para el desarrollo de estrategias alternativas al uso de antibióticos, como probióticos o moduladores de la microbiota.
El manejo ambiental también se posiciona como un componente crítico en este enfoque, dado que factores como la calidad del agua, la oxigenación y la ocurrencia de eventos como floraciones algales tienen un impacto directo en la salud de los peces y en la eficacia de las medidas sanitarias. En este contexto, mejorar la gestión de los centros de cultivo y su interacción con el entorno podría contribuir significativamente a reducir la presión sanitaria. En conjunto, estas estrategias apuntan a una transformación del sistema hacia un modelo más resiliente, donde la prevención, la información y la integración de múltiples disciplinas permitan disminuir la dependencia de antibióticos.
Lee la revisión “Uso de antibióticos en la salmonicultura chilena: resistencia antimicrobiana, sustentabilidad y Una Salud” aquí.