Normativa más estricta: afirman que el salmón chileno puede seguir bajando uso de antibióticos
Según los científicos, la industria debe avanzar a cuestionar la dosis recomendada, y los efectos que tiene en la respuesta inmune del intestino y la consecuente alteración en la absorción de nutrientes del pez.
Si bien Piscirickettsia salmonis se mantiene como el principal factor que impulsa el uso de antibióticos en la salmonicultura chilena, investigadores atribuyen a la desconexión en el entendimiento integrado de patógeno, pez y sistema productivo, donde la metafilaxis, el modelo intensivo y la falta de integración disciplinaria siguen marcando la pauta.
“Si controlamos el SRS, controlamos el uso de antibióticos”
Cambiar el enfoque de medir sólo indicadores como mortalidad o uso de antibióticos (ATB, desde ahora), a cómo reacciona el pez al ATB es lo que proponen investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en su revisión bibliográfica “Uso de antibióticos en la salmonicultura chilena: resistencia antimicrobiana, sustentabilidad y Una Salud”, donde el elevado del uso de ATBs es reconocido como un síntoma de un sistema presionado por P. Salmonis y no el problema en sí mismo.
“Si controlamos Piscirickettsia salmonis, controlamos el uso de antibióticos”, afirmó Jorge Olivares Pacheco, Doctor en Biología Molecular y Celular, Profesor asociado, Instituto de Biología, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, parte del grupo de investigadores que desarrollaron el artículo. Sin embargo, la persistencia del SRS no responde únicamente a la biología del patógeno, sino a una interacción aún poco comprendida entre el agente infeccioso, el huésped y el entorno productivo. “Más del 90% del uso antibiótico se debe a que no hemos podido controlar a P. Salmonis”.
A esto, Karla Camacho, Doctora en Acuicultura y jefa de carrera de Medicina Veterinaria en Universidad Santo Tomás - Talca, sostuvo que otro punto crítico es la fragmentación en el abordaje del problema sanitario, explicada en parte por la tendencia a realizar el estudio del patógeno, del pez y de los tratamientos de forma separada, generando una brecha de conocimiento que limita la comprensión integral y holística del fenómeno, lo que dificulta el desarrollo de soluciones efectivas y perpetúa estrategias que no abordan el problema en su totalidad.
Los investigadores fueron enfáticos al señalar que el elevado uso de ATBs es un problema sistémico y estructural, involucrando múltiples dimensiones: biológicas, productivas, regulatorias y de gestión interprofesional, que deben abordarse integralmente para avanzar hacia una reducción efectiva de estos compuestos y control de la enfermedad. En este contexto, los antibióticos no actúan sobre la causa raíz, sino sobre la consecuencia.
El talón de Aquiles del sistema
Los académicos han sido críticos con el sistema de tratamiento con antibióticos a través de alimento medicado bajo esquemas metafilácticos, lo que, de acuerdo con su trabajo, representa un problema fundamental: peces enfermos pierden el apetito, y por el contrario, los peces portadores y sanos tienen mayor acceso al alimento, pasando a ser sobre-dosificados, y en consecuencia, el antibiótico no solamente no llega efectivamente a los peces portadores, sino que también se dispersa al ambiente, afectando la columna de agua y el ecosistema circundante.
A esto se suma un efecto aún más complejo, que es la alteración del microbioma intestinal. Según describen, la exposición a altas concentraciones de antibióticos puede generar disbiosis, debilitando al pez y, eventualmente, aumentando su susceptibilidad a infecciones.
Esto se vería potenciado por la laxa normativa sobre cómo administrar los ATB: “el objetivo productivo de la industria es que el pez consuma el alimento y lo convierta en músculo, siendo entonces constantemente desafiado a los tratamientos, sin una regulación sobre cuál es la duración del tratamiento, ni de cuántas veces el tratamiento puede administrarse. Tampoco se cuestiona la dosis recomendada o utilizada, y los efectos que tiene en la respuesta inmune del intestino y la consecuente alteración en la absorción de nutrientes”, enfatizó la Dra. Camacho.
La resistencia de P. salmonis ¿un mito?
La idea de que P. salmonis es una bacteria altamente resistente es diseccionada por los científicos. Indicaron que actualmente existe evidencia concluyente de resistencia adquirida clásica.
“No se le ha descrito aún la adquisición de genes de resistencia a los ATBs, no hay transferencia horizontal de estos, por lo tanto, no se puede hablar de una resistencia a los antibióticos propiamente tal, por ejemplo, no se ha demostrado la presencia de genes específicos de resistencia a florfenicol, principal ATB utilizado en la fase de agua de mar de los peces"
En cambio, el problema estaría más relacionado con la naturaleza intracelular del patógeno, la condición del huésped, factores ambientales y la forma en que se administran los tratamientos, es decir, un problema estructural.
Cambios prioritarios
Entendiendo la multifactoriedad de la dependencia a los antibióticos en la salmonicultura chilena, los investigadores apuntan a tres ideas claves que, en opinión de ellos, deberían ser los primeros pasos para cambiar este paradigma.
La primera de ellas cuestiona la metafilaxis, sugiriendo que una mayor vigilancia y regulación del uso de esta, incluida la definición de dosis y duración de tratamiento, sería parte esencial para mejorar la situación sanitaria y reducir el uso indiscriminado de antibióticos.
Por otro lado, el fortalecimiento de la vigilancia de P. salmonis más allá de los centros de cultivo, incluyendo al ambiente circundante, como la columna de agua entre centros o posibles reservorios en otras especies, debiendo ser constante, no solo reactiva ni parcial.
Y no menor, avanzar en estrategias preventivas basadas en comprensión biológica del sistema, teniendo un conocimiento a fondo de la interacción patógeno-huésped-ambiente a través de la consolidación y fortalecimiento de equipos multidisciplinarios que puedan avanzar en la investigación y uso del microbioma como indicador de salud, en el desarrollo de vacunas más eficientes y adecuadas al contexto nacional, o profundizar en el entendimiento de las vías de transmisión o los reservorios ambientales, por ejemplo.
La Dra. Camacho invitó también a considerar el estudio más en profundidad del pez sano, bajo estos contextos. Según precisó, hay demasiados estudios y esfuerzos concentrados en entender solo al pez enfermo o la bacteria en sí, “y es el pez sano el que paga todos los platos rotos de los enfermos”.
Apuntando a lograr los niveles de antibióticos de Noruega
Noruega y Chile poseen diferencias estructurales que los hacen difíciles de comparar. Noruega tiene una incidencia mucho menor de P. Salmonis, lo que facilita el control y permite niveles menores de uso de antibióticos. Sin embargo, el sistema salmonicultor noruego enfrenta grandes problemas con su piojo de mar presente en el hemisferio norte - principalmente Lepeophtheirus salmonis – lo que para ellos significa una presión constante para el uso de antiparasitarios.
Chile ha logrado una reducción del uso de antibióticos en torno al 10% en la última década, lo cual indica avances positivos pero lentos, impulsados por proyectos e iniciativas nacionales de manejo sanitario y vigilancia. “Ya logramos un avance gracias a los proyectos FIE y desde la implementación del programa de gestión sanitaria de la acuicultura y los planes de vigilancia de resistencia microbiana y con la incorporación de todo este nuevo conocimiento y nuevas estrategias, vamos moviéndonos hacia una reducción mayor”, expuso el Dr. Olivares, “más que reducir antibióticos, se trata de reducir la necesidad de usarlos”.