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El futuro es colectivo para la gobernanza territorial

Claudio Pérez Barros, Sociólogo, consultor y subdirector de Sostenibilidad  en Fundación Huella Local. Foto: Cedida.
Claudio Pérez Barros, Sociólogo, consultor y subdirector de Sostenibilidad  en Fundación Huella Local. Foto: Cedida.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Claudio Pérez Barros, Sociólogo, consultor y subdirector de Sostenibilidad  en Fundación Huella Local. 

Las manifestaciones en Chile de las últimas semanas, han dejado de manifiesto las desigualdades que afectan a personas y territorios. Por tanto, la exigencia de una nueva carta magna, necesariamente debe traer consigo nuevos modelos de gobernanza en los territorios. La región de Los Lagos, con 4.600 kilómetros de costa, es un territorio marcado por una histórica y estrecha relación entre el ser humano, la tierra y el mar, que también se ha visto afectado por varios episodios de crisis a lo largo del tiempo, emergiendo injusticias e inequidades, consecuencia de políticas públicas mal pensadas y relaciones con entornos que carecen de sentido de pertenencia e identidad, generando profundas fracturas sociales y territoriales.

Este conflicto cristaliza una crisis de orden estructural que nos ha hecho mirar las particulares desigualdades de los territorios y las personas. Nuestra región de Los Lagos, es un territorio mayoritariamente rural y costero, donde conviven mayormente sectores como la pesca artesanal, salmonicultura y mitilicultura. Sin embargo, ellos no son los únicos actores, también se presentan otros intereses e influencias, que afectan la calidad y el acceso equitativo a recursos, bienes y servicios.

Es por eso que, en este ambiente de conflicto, la búsqueda de soluciones necesitan no solamente tomar en cuenta estas interacciones, sino comprenderlas desde lo local. Evidenciando las omisiones de todos los actores, para así ejecutar tareas mancomunadas que contribuyan de modo efectivo a la solución de esta problemática bajo modelos de gobernanza efectivos en los territorios. Porque las injusticias e inequidades económicas, sociales, territoriales y comunitarias son evidentes.

Las comunitarias son las más graves. La ausencia de vecindad, sentido del bien común y ponerse en el lugar del otro, son las grandes grietas sociales en nuestro país. El sentido de comunidad ha sido sistemáticamente barrido debajo de la alfombra, entregando importancia y sobrevalorando los intereses individuales. Es cierto que pensar en el bien común puede ser abrumador, complejo e inasible, pero lo cierto es que el futuro es colectivo o no lo será.

Este conflicto necesariamente debe traer consigo cambios profundos y radicales, tanto a nivel de gobierno, empresas y comunidades. Porque esta crisis debe ser el punto de inflexión para enfrentar el futuro de un modo distinto al que ha existido en el territorio: gobiernos que han sostenido una política pública escasamente planificada, ordenada y conectada con la comunidad. Municipios carentes de herramientas para dar respuestas a la permanente demanda comunitaria.

Así también, una industria del salmón dirigida por personas con escaso apego a la región y su gente, que no ha logrado involucrarse completamente con el territorio, estableciendo competencia en sus acciones de RSE y sin poder determinar colaborativamente, durante 3 décadas, una relación más madura con su entorno productivo; ¿han avanzado? Sí. Pero no han logrado definir un plan estratégico colectivo, y no se percibe que las empresas hayan incorporado decisivamente la relación con el entorno como una variable más de producción. Todo esto, en territorios altamente vulnerable y con problemáticas multidimensionales que requieren ser resueltas de manera más moderna.

Entonces, en este marco se deben destacar áreas importantes de desarrollo en la zona sur austral de Chile, concernientes a la definición de objetivos y mecanismos colaborativos orientados a la reducción de la vulnerabilidad y ampliación de las justas oportunidades económicas, sociales y de la relación con la naturaleza. Es por eso necesario que, con cierta urgencia, se empuje conjuntamente la implementación de modelos de gobernabilidad para territorios con particulares características. En tal sentido, municipios, empresas y comunidad, son los actores principales en la concertación de modelos de gobernanzas sostenibles.

Necesitamos de un sistema donde la triada municipio-empresa-comunidad se colaboren de un modo más adecuado. No proceder de esta forma, implicará nuevos riesgos de inestabilidad y colapso futuro por conflictos, al no considerar los contextos territoriales y las personas donde las actividades se desarrollan. Ya basta de mirarse el ombligo y buscar culpables, llegó el momento de mirar conjuntamente el futuro para nuestra región. Para ello se requiere autocrítica, diálogo y reflexión profunda hacia un Chile distinto, inclusivo y comunitario.