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Liesbeth van der Meer y Javiera Calisto, Oceana Chile.
Liesbeth van der Meer y Javiera Calisto, Oceana Chile.

*Columna de opinión para Salmonexpert de Liesbeth van der Meer y Javiera Calisto, Oceana Chile.

La salmonicultura en Chile genera externalidades negativas para el medio ambiente y para la salud de las personas. Es desarrollada en espacios de propiedad de todos los chilenos a través de concesiones en el mar y los lagos, en espacios abiertos, en contacto directo con la flora y fauna, por lo que resulta de extrema relevancia que cualquier ciudadano pueda conocer sobre los modos de producción de esta industria.

Para muchos de nosotros, lo anterior suena de toda lógica, sobre todo porque hablamos de una actividad que contamina, que destruye ecosistemas prístinos presentes en la Patagonia, que utiliza grandes cantidades de antibióticos y antiparasitarios para tratar diversas enfermedades que afectan a los salmones, que perjudica otras actividades económicas como la pesca artesanal y el turismo y finalmente, que hace esfuerzos importantes por evitar la entrega de información a organizaciones como la nuestra y a personas particulares.

A pesar de que en declaraciones públicas, los gremios salmonicultores dicen estar de acuerdo con la transparencia, en la práctica ello no ocurre. Desde 2014 en adelante, gran parte de la industria se ha opuesto a que el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura le entregue a Oceana y otras organizaciones, información sobre el uso de antibióticos y otras sustancias dañinas para la salud de las personas y el medio ambiente, llegando algunas compañías a utilizar todas las instancias judiciales posibles con tal de no liberar los datos solicitados. Han sido las Cortes de Apelaciones y Suprema las que han reconocido el carácter público de la información y ordenado a las empresas a entregarla, lo cual llega tras años de litigios y cuando los datos ya están desactualizados.

Para poder comparar el uso de antibióticos dentro de la industria, por ejemplo, basta con que una empresa se oponga para hacer inefectiva nuestra misión de dar a conocer cuáles son las empresas que más los usan cada año, cuestión importante, porque creemos que la publicidad de estos datos serán un incentivo para que cada empresa disminuya o al menos racionalice su uso, para llegar así a una cantidad mínima y eficiente en el futuro.

Lamentablemente, pese a nuestras sucesivas peticiones de mayor transparencia, la industria no ha entendido su importancia. Por ello, vemos con buenos ojos, el proyecto de ley que se encuentra en discusión en el Congreso que obliga al Estado a publicar información sobre antibióticos y antiparasitarios sin que medie la voluntad de las empresas, así como también modifica el sistema de responsabilidad por escapes, permitiendo de forma rápida y robusta el establecimiento de una sanción, la que es determinada por el número de salmones escapados, y que se otorga por la sola infracción de la norma.

La acción legislativa ha sido necesaria ya que ha sido la propia industria salmonera la que no se ha adaptado a los requerimientos de una sociedad que exige el desarrollo de actividades económicas que sean compatibles con el medio ambiente y más aún, de un sector que utiliza un espacio que nos pertenece a todos los chilenos. Es la propia ciudadanía que se ha dado cuenta de los daños provocados por una industria que creció sin ningún contrapeso y sin ningún respaldo científico que permitiera evaluar sus impactos y que ahora exige estándares ambientales y sanitarios mucho mayores.

Abrirse a la transparencia, disminuir el uso de antibióticos y antiparasitarios, bajar las densidades en las balsas jaulas, bajar la producción y alejarse de áreas de valor ambiental entregará un valor agregado a un producto que deja dudas sobre su manejo.